Reflexiones desde el reencuentro

SENDA 0011

Publicado: 08 mar 2026 - 02:20
Opinión en La Región
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Hay una sensación particular, una mezcla de nostalgia y expectación, que nos invade a los antiguos alumnos cada vez que la Agrupación Territorial del IESE Alumni de Galicia y Asturias nos convoca. No se trata simplemente de asistir a una conferencia más en una agenda ya de por sí saturada de compromisos, sino de regresar, de alguna manera, a ese estado mental de apertura y cuestionamiento que descubrimos por primera vez en las aulas del campus. El pasado jueves, bajo el cielo de Ourense y con la hospitalidad del Real Montealegre Club de Golf como telón de fondo, volvimos a confirmar que el mayor activo de nuestra comunidad no es solo el conocimiento acumulado, sino la red humana que lo sostiene y lo hace circular.

En esta ocasión, el eje vertebrador del encuentro fue la Inteligencia Artificial, un tema que hoy parece inundarlo todo pero que a menudo se presenta ante el directivo como un ruido blanco, confuso y distante. Sin embargo, contar con la presencia del profesor Albert Valentí supuso un ejercicio de clarividencia necesario para todos los que lideramos organizaciones en la región. Valentí no se limitó a desgranar las capacidades técnicas de los nuevos modelos de lenguaje o de la analítica predictiva, sino que nos obligó a mirar la tecnología desde el prisma que realmente nos importa: el de la generación de valor y la transformación de los modelos de negocio. Fue una lección de realismo pragmático que nos recordó que, aunque las herramientas cambien con una velocidad vertiginosa, los fundamentos de la dirección comercial y la estrategia empresarial siguen exigiendo una visión humanista y un criterio sólido que ninguna máquina puede replicar por sí sola.

Fue una lección de realismo pragmático que nos recordó que, aunque las herramientas cambien con una velocidad vertiginosa, los fundamentos de la dirección comercial y la estrategia empresarial siguen exigiendo una visión humanista y un criterio sólido que ninguna máquina puede replicar por sí sola.

Observar a más de personas intercambiando impresiones bajo el impulso de la junta que preside Luis de Valdivia es entender que el IESE en Galicia y Asturias no es una entidad abstracta, sino un motor vivo de actualización constante. Mientras compartíamos el cóctel en los salones del club, resultaba fascinante ver cómo las ideas expuestas por el profesor cobraban vida en las conversaciones cruzadas. Allí, entre los invitados, las aplicaciones de la IA dejaban de ser conceptos teóricos para convertirse en soluciones posibles para una conservera en las Rías Baixas, una empresa tecnológica en Asturias o una explotación energética en el interior de Ourense. Ese es el verdadero networking, el que nace de una base de confianza compartida y de un lenguaje común que nos permite hablar con franqueza de nuestros miedos ante la disrupción y de nuestras ambiciones para el futuro de nuestras tierras.

A menudo se dice que el liderazgo es una tarea solitaria, pero eventos como este desmienten esa máxima al ofrecernos un refugio de pensamiento compartido. Al acercar la excelencia académica del IESE a nuestro entorno más cercano, se refuerza un ecosistema donde la formación no se percibe como un evento puntual en la juventud, sino como un hábito de higiene profesional que debemos cultivar cada día. Salir de una jornada así implica llevarse algo más que un puñado de notas en el cuaderno, implica llevarse la certeza de que pertenecemos a una comunidad que no se conforma con ser espectadora de los cambios, sino que aspira a entenderlos para liderarlos con responsabilidad.

Al final del día, lo que queda de este encuentro en Ourense es el compromiso renovado con la excelencia y la gratitud por tener un espacio donde detenerse a pensar. En un mundo que nos empuja a la reacción inmediata, estos oasis de reflexión y diálogo son los que nos permiten recalibrar la brújula para seguir navegando con paso firme.

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