El timo de Ormuz

Publicado: 07 sep 2026 - 03:10
Opinión en La Región
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A día de hoy compiten Mochtabá Jameneí y Donald Trump en su peculiar partida de la versión del juego de Hundir la flota, alardeando ambos contendientes con triunfalismos en los que va ganando el lance de marketing el americano, luego de declarar al Estrecho de Ormuz como territorio estadounidense, rebautizándolo con el nombre, no exento de sátira política, de Estrecho de Trump.

Tampoco a estas alturas nadie acaba de entender el movimiento del gigante americano sobre suelo persa, aunque todos adolezcan de las consecuencias económicas proyectadas sobre medio Occidente: el desabastecimiento de distintos productos y su inevitable encarecimiento, cuya repercusión se lleva notando, sensible y especialmente, en el bolsillo de los europeos.

Pero, ¿a qué obedecen estas disputas internacionales? Lo cierto es que no existe un motivo más sencillo que la vieja estrategia frente al Senado romano, cuando al emperador de turno se le calentaba la tierra bajo los pies por los problemas internos. La solución radica en la política exterior. Una táctica que, sin pudor, aplica una y otra vez Estados Unidos, tras aquella invasión de andar en zapatillas por casa, que la Casa Blanca libró en Granada, bajo el superlativo de Operación Furia Urgente contra el país insular, que al más puro estilo de Hollywood, vino a alimentar la ficción del honor patrio restaurado, después de cagarla bien cagada en Vietnam, por no haberse quedado en casa en lugar de meterse en los asuntos de Francia e Indochina.

La excepción a esta maniobra fue la de Joe Biden, que se dedicó a azuzar a Putin y Zelenski como a dos gallos de pelea

Desde entonces, Estados Unidos no ha ganado para disgustos, pero la captura de Manuel Antonio Noriega, Carapiña, en Panamá, abrió una nueva modalidad bélica: ahora ya no es necesario convertir en carne de cañón a los que Washington considera panchitos, aspirantes a obtener la nacionalidad norteamericana. Basta con desplegar a unos marines voluminosos y armados hasta los dientes, un portaaviones, dos fragatas y cuatro helicópteros; ponerle cara o nombre a un archimalo villano, y no importa si de una ráfaga de metralleta, un pepinazo o metido en la tela de un sacamantecas, eliminarlo de la circulación, dando por zanjada la contienda.

Que se lo pregunten si no a Nicolás, que, en cuanto estuvo Maduro, vino el Hombre del saco y se lo llevó, aleccionado con el pretérito ensayo del exmandatario panameño; y en Irán, con Alí Jameneí, corriendo casi suerte análoga a la de Osama bin Laden, tras la experiencia adquirida en su captura, ejecución y desaparición, quien en mala hora entendió que aquello de “rey no mata a rey” era una gloria pasada del medievo.

La excepción a esta maniobra fue la de Joe Biden, que se dedicó a azuzar a Putin y Zelenski como a dos gallos de pelea, hasta lograr que se enzarzaran en una guerra de mentirijillas, con la que el titular del Despacho Oval cosechó unos pingües beneficios al vaciar de excedentes los almacenes de armamento obsoleto, aprovechando para endilgarle a Europa toda su producción de gas obtenida por fracking, cuya extracción está prohibida en la UE. La incongruencia tampoco sorprende a nadie; de hecho, la merienda de negros de Kiev-Moscú no tardará mucho en acabar, dado que Bruselas ya ha puesto punto final a la compra de gas ruso para 2027, pese al absurdo embargo impuesto por von der Leyen a un Kremlin que jamás soñó con facturar tanto combustible a tan buen precio.

Pero volviendo a Trump, ¿mejoró en algo la vida de los venezolanos o de los iraníes? ¿Viven ahora con mayor desahogo los venecos, o han liberado ya a todos esos olvidados presos políticos que se pudren en los helicoides sembrados por Caracas en todo el país? Y en el caso de los persas, ¿pueden ya las mujeres caminar libremente, a pecho descubierto y sin chador? No, la conflagración desatada por Washington en Teherán no ha supuesto ningún avance sustancial en la vida cotidiana de los países amenazados, pero ha servido para que Trump adquiera por el morro unas buenas fanegas de crudo venezolano para reabastecer al mercado europeo, matando a la vez tres pájaros de un solo tiro: desproveer de petróleo a Cuba, China y bloquear de paso el iraní.

¿Hay realmente algo en lo que el mundo salga beneficiado de todos estos sainetes? No, pero Washington no cesa en hacer caja mientras entona sin cesar un “Que Dios bendiga a América”, y en un sentido más práctico, como dijo el famoso escritor Mark Twain, Dios creó la guerra para que los americanos aprendiesen geografía.

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