Tonante natura, visione splendente

DEAMBULANDO

Publicado: 12 jun 2026 - 04:40
Opinión en La Región
Opinión en La Región | La Región

Vagando por los rincones, que tantos hay de esta naturaleza exhuberante, nos hallamos en el suroccidental confín, con un mosaico vegetal como lo es todo este Ourense del que fruimos.

Un amigo, fijo u ocasional transportista de media docena de caminantes, más amante de carreteras que de cualquier autovía, la oportunidad nos dio para ir gozando de un paisaje sin otro horizonte que la densa arboleda donde, que, como no me canso de repetir, ha alcanzado una altura y frondosidad como pocas veces.

Discurrimos por esas tierras que de Celanova son dichas para mucho solaz del más chauvinista rosendiano que hallarse pudiere, el naturalista J.Benito Reza, que cada domingo nos deleita con exhaustivas y poéticas descripciones del discurrir de los ríos o del esplendor de las montañas en estas mismas páginas. Pasada, dejando atrás Pontón, de afamada riada casi oculto por ladeado hacia el rio del mismo nombre; Bentraces, donde el pazo es referente, parroquia aun de habitación; Loiro, de menos extensión pero no habitantes, capaces de sostener un bar, o Parderrubias o Parada das Rubias, con tienda-bar, para en A Manchica recordar cuando en una sala de fiestas se sorteaba un coche, tanta era la concurrencia que daba para afrontar el coste. Fue continuarla virando hacia As Marabillas, donde aun permanecía el “estoupe” de sus madamitas; Muntián y Augalevada como en sucesión, que más alejado Espiñoso, campamento militar romano para protección de la vía que partía de la Nova pasando por Ponte Freixo en dirección a la costa, con parada para libar de varios cerezos de bravíos frutos pero que por sazonados, gustosos, mientras parroquianos asistían al oficio en una iglesia de sobresaliente fachada barroca, acaso oficiado por un cura itinerante, de ejercicio en varios curatos.

La vuelta a casa supuso el atractivo de unas lucientes cerezas dando a vía pública

Luminoso el día, Sta. Baia de Anfeoz fue el siguiente paso dejando a diestra un campo de fútbol del que uno recuerda en la niñez como ese tan singular que respetaría un robusto castaño en medio; continuamos hacia As Regadas donde Antón y Marta ejercieron sanación de mentes y curación por yerbas a pacientes varios. En llegando a Outomuro, dos bares mostraban que por allí vidilla, que aumentada cuando las jornadas de hípica en la vecina Mundil. Hasta que nos sumergimos en la frondosidad de a Ponte Nova, topónimo de mucho uso por acá. El río Arnoia, mansurrón por unos centenares de metros, ha dejado sedimentos de cantos rodados y alguna arenosa playita donde la concurrencia de vecinos de Ramirás u Outomuro es mayoritaria. Tejados merenderos albergan un picni permanente con jóvenes chapuzándose en el rio con saltos desde una pasarela a seis metros donde improvisaron un artesanal puenting.

De caminata por la ribera diestra del rio, por la ruta do Santo, que no otro que San Bartolomeu, con capilla a medio camino donde entablados para salvar pasos imposibles, escalinata de piedra, pétrea ara vial, dibujos cual un Ibarrola en Allariz de un artista cartellao, usando árboles desmochados o piedras en esta fragosidad de “amieiros, carballos, salgueiros” o algún raro castaño, frondosidad que cualquier inmisión solar impedía en este camino de pesca sin pescadores, o bien porque truchas, bogas, raras o inexistentes o porque pescadores escasos.

Arribada, no sin perder el resuello, al lugar del Santo que capilla tiene y donde más sobresale la fuente sagrada de una roca brotada. Rematada una circular que por pista forestal y asfaltada vía nos retrotrajo al lugar de salida.

La vuelta a casa supuso el atractivo de unas lucientes cerezas dando a vía pública de las cuales haciendo más provisión que uso, con la posterior aquiescencia de su dueño, que ya partía desde As Marabillas a la ciudad, como impresionado de nuestra avidez por el fruto retornó de inmediato, diciéndonos:

-Mordeume un pouco a conciencia e volvín pra ofrecervos outras mellores.

Y así compartiendo lustrosos ramajes con otras tres del vecindario, ni para diezmar el árbol daba, tanta era la provisión por un año de tanta prodigalidad en esta huerta de Luis ”Trazas”, como por allá conocido este amable hospitalario.

Contenido patrocinado

stats