¡Uf, qué pereza!

MUJERES

Publicado: 01 nov 2026 - 05:50
Opinión en La Región
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Hay tantos temas para escribir… Y otros tantos para leer, para escuchar, para pasarlo bien, o para emocionarse hasta sentirse dolorido. Podría decir “para ver”, pero ahora eso se ha hecho más difícil si nos referimos al cine o la televisión. Podría pensarse que ambos sistemas de entretenimiento se han convertido en un desierto de arena muy caro, carísimo, en el que el espectador necesita calmar su sed y le sirven un refresco caducado y caliente. En fin, que el deterioro, salvo excepciones, que siempre las hay para confirmar la regla, es general.

Decía que hay muchos temas para escribir, pero a veces la inspiración se siente indolente y no quiere bajar para ayudar un poco en la tarea de abarcar alguno. Seguramente piensa: ¿y para qué? Vamos, que no le apetece trabajar. ¿A quién sí? ¿Para pagar impuestos? Con esa idea se pasa el rato en recuerdos, remoloneando de aquí para allá, como si hiciese algo, pero sin un punto fijo en el que asentar el ánimo. Y uno se pregunta: ¿qué tal tocar la actualidad? Uf, qué pereza. Es tan compleja, caótica, triste y desesperadamente inquietante… No me gusta, no me gusta nada. Pero es lo que hay. Parece como si estuviera vigente más que nunca el mito de Pandora. Todos los males andan sueltos por el mundo, sin freno, menos la esperanza, que no sé yo en qué lugar está. ¿Escribo sobre acontecimientos sociales de postín? ¡Quita, quita! No me interesan. ¿El cotilleo? No sé de él ni me atraen sus protagonistas: personas que viven en crítica cruel permanente sobre el chivo expiatorio de turno.

Todos los males andan sueltos por el mundo, sin freno, menos la esperanza, que no sé yo en qué lugar está.

Bueno, hay que empezar a trabajar. Dejo de reflexionar, que es algo muy cómodo, y me centro en las cosas que puedan ser agradables, bonitas o chispeantes. Repaso temas y temas para decantarme por uno que reúna las tres condiciones que me impongo. Me acomodo bien en la silla ante la pantalla en blanco. Pero miro el reloj que, silencioso y traidor, avanzó sin avisar. Pasó el tiempo sin que se notase, a no ser por el color del día que entraba por la ventana. Ya se ha hecho tarde para empezar. ¡Qué le vamos a hacer! El tiempo, que, como decía mi abuela, “es oro”, en este caso oro líquido, que se escapó como el agua en una cesta. Es lo único en la vida que ni se compra ni se vende, aunque parezca que sí. Lo demás, o casi todo, para ser justos, está a la venta en cualquier rastrillo de intereses.

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