La casa okupada

TRAZADO HORIZONTAL

Contrato de arrendamiento de La Moncloa para cuatro años. Atentos al descarrilamiento del sanchismo radical.

Publicado: 01 nov 2026 - 05:15
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Palacio de la Moncloa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Palacio de la Moncloa. | Europa Press

Las viviendas okupadas a desalojar con urgencia tras el 29-N son el Palacio de la Moncloa y el ático de Puente. Ojo con refugiarse en el búnker, porque no vale atrincherarse y dar esquinazo al cambio, tal y como pretenden Sánchez y sus soldados del relato. A las viviendas oficiales de este Gobierno no le afectan los decretazos inspirados en Maricarmen para inventar una narrativa electoral con la que justificar el adelanto y evitar el desalojo. No vale que Pedro, el inquilino okupa, avise que opta a una prórroga obligatoria, porque el casero, que es el pueblo español, necesita el inmueble harto como está del engaño populista, incluidos los accidentes ferroviarios bajo gestión del tuitero negligente. El Palacio de la Moncloa debe ser la nueva vivienda de la mayoría de los españoles, la casa común de la verdad de todos y no sólo la morada del matrimonio enamorado que cambió de colchón y de opinión respecto a la amnistía, la corrupción y la democracia en general.

Hasta esta nueva tragedia de Toledo, andaba la legión de sanchistas a sueldo, empezando por Pedro el maquinista, difundiendo un bulo de remontada a lo Lula, que está más en sus deseos húmedos que en la realidad verdadera de todas las encuestas. Consiste el pegote en proyectar que Pedro el okupa puede ganar, aunque no gobierne, según doctrina de Iván Redondo. Algo así como una prolongación descabellada del CIS de Tezanos a base de repetir la mentira para ver si suena la flauta y se convierte en algoritmo. Cuidado. Y para eso se montó Pedro el candidato una road movie de peregrinación a medios y podcasts afines acompañada de estridentes mítines de fanatismo donde cuenta chistes, sonríe mucho y finge bailar como Maduro con el fin insano de volver a enredar a los españoles sin que le penalicen todas las fechorías deshumanizadas que hemos visto en los últimos años. El sanchismo ha decidido, en su telenovela venezolana, ignorar la verdad de su mala gestión, esa que le reprende por mentir, por pactar con golpistas y proetarras, por traicionar a los españoles ceutíes y por tapar la corrupción sistémica política y familiar. Y así, Pedro cupido reparte lecciones de democracia y amor a quien quiera comprárselas, besa a Begoña en público como si fueran Clark Cable y Vivien Leigh en “Lo que el viento se llevó” y tapa el bochorno en el que ha convertido la política española del siglo XXI, levantando muros, tapando la falta de mantenimiento de infraestructuras y presupuestos y dando cabida al vandalismo callejero en una práctica carente del más mínimo código ético y moral vigente desde que los españoles firmaron el contrato de la concordia, la reconciliación y la Transición.

Que abran las ventanas y le enseñen la puerta al inquilino okupa que no respeta los contratos y cambia la ley

El Palacio de la Moncloa es la casa okupada por Pedro el inquilino y familia, tanto la de sangre como la del Frankenstein, sin que los arrendatarios tengan intención alguna de abandonarla por fin de contrato con la sociedad española. Y aunque hasta el 29-N no sabremos si el contrato expira, se está armando toda una ceremonia litúrgica de la confusión y la propaganda que provoca desconfianza y sospechas en los españoles por narrativa tan populista y falsaria. Causa pena que el único referente moral que le queda al sanchismo sea Zapatero con sus joyas, un lastre revelador del humo que propaga esta versión de ilusionismo y falsa victoria que recita el coro de la sincronizada. Felipe González votará en blanco mientras el dimitido delegado de la acampada en Madrid, el nocivo Marlaska o el agitador de los tuits, Adamuz y Urda se empeñan en tapar sus reincidentes negligencias de gestión.

Todo en sí mismo es un enorme timo construido sobre los pilares de la falsedad que los tribunales y las urnas se encargarán de desmentir. La casa okupada es propiedad de los españoles, y está tan contaminada que requiere de ventilación urgente regenerativa para airear el ambiente obsceno que la habita.

Nos enfrentamos a una prevaricación moral de libro, a un desacato democrático sustentando en pactos comprados con el dinero público por cuanto en 2023 hubo un engaño programático oculto no votado en las urnas. El sanchismo está más quemado que el guiso demoscópico del CIS y los zafiros engarzados de ZP. Y si de lo que se trata es de negar esa evidencia, conviene que los españoles sepan lo que votan en las próximas elecciones generales: la continuidad de un régimen perverso que ha emprendido una deriva caribeña asentada en el marketing barato de eslóganes de ultraizquierda más gastados que “El manifiesto comunista” y los chistes reveladores de Marx (Groucho): “si no le gustan estos principios, tengo otros”. La casa okupada que los españoles se encargarán de desokupar el 29-N es el Palacio de la Moncloa, donde se ha urdido el mayor plagio democrático desde 1978. Que abran las ventanas y le enseñen la puerta al inquilino okupa que no respeta los contratos y cambia la ley, ya sea de nietos o de vivienda, para seguir viviendo del cuento por encima de las posibilidades de la democracia española. La casa okupada necesita un contrato transparente, justo y legal entre los propietarios de la soberanía nacional y los inquilinos de la Moncloa. Urge que España y los trenes funcionen. Urge recuperar la convivencia.

¿Qué fue de Marlaska?

Fernando Grande-Marlaska.
Fernando Grande-Marlaska. | La Región

El supuesto ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha hecho una vez más dejación de funciones al final de su triste mandato, como ocurrió en Melilla y recientemente en Ceuta. Su nombre figura en las listas electorales del PSOE por Madrid para garantizarse el aforamiento, pero como ministro ha estado desaparecido en las algaradas callejeras sin cumplir con su obligación de mantener el orden y la legalidad. Su alarmante mutis permitiendo, quien sabe si ordenando, pasividad a los delegados del Gobierno en las concentraciones de agitación y violencia de actos electorales, ya no sólo deja mucho que desear, sino que puede incurrir en un acto punible para el exjuez. Cabe reseñar la dimisión inesperada del delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, al no ser incluido en las listas electorales del blindaje. El sanchista que ensalzó a Bildu y permitió la acampada ilegal en Sol sale corriendo seguramente para evitar demandas millonarias con cargo a su responsabilidad penal y civil. A Marlaska sólo le iguala Puente. Para él, todos los accidentes son “inverosímiles” y culpa del trabajador.

Nos la están "Colaundo"

Ada Colau.
Ada Colau. | La Región

La candidata de la extrema izquierda, Ada Colau, nos la quiere colar al decir que los disturbios recientes de Barcelona, y por extensión los de A Coruña o Bilbao, son culpa de “la extrema derecha”. Hace falta tener mucha cara y poca decencia para destrozar Barcelona durante su alcaldía, volver de forma oportunista a la política a la sombra de Maricarmen diciendo que no puede pagar su alquiler, y ahora tratar de echarle la culpa a “la extrema derecha” de los incidentes callejeros, mientras saquean, incendian y gritan “Gora ETA”, que por lo visto de repente es una banda terrorista de ultraderecha. Esta violencia callejera, pura kale borroka electoral, quedó retratada con la amenaza de la portavoz de Más Madrid, Bergerot, socia de Colau, cuando dijo que “no habrá paz en las calles”. Todo esto, según los expertos, obedece a una acción coordinada, posiblemente con conexión externa, que se prolongará con la huelga general hasta más allá del 29-N. De momento, además de las convocatorias de Blocus, se detecta un empuje de la extrema izquierda española. Ada Colau nos la está “colaundo”.

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