La última traición

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Para qué iba Sánchez a estar pendiente de Ceuta hasta el Consejo de Ministros del martes más allá de unas fotos y el desfile insustancial y vacío de ministros si su suerte no va a cambiar con tanta corrupción pendiente en los tribunales? ¿Para qué iba a interrumpir sus vacaciones en la Mareta si en realidad ha contribuido con su actitud y efecto llamada a desencadenar la invasión migratoria desde todos los puntos de vista intolerable por tratarse de un asalto flagrante del territorio español impulsado por un país extranjero? ¿Para qué Pedro Mareta va a reconocer su negligencia en materia de política migratoria si en realidad hay voluntad de beneficio electoral intrínseco con la regularización masiva, la ley de nietos y las simpatías de voto que generan entre la población migrante con derecho a sufragio su actitud pasiva y su falta de contundencia con Marruecos, que le tiene cogido por ahí gracias a Pegasus y otros misterios?

Esa procesión obscena de ministros por Ceuta sin otra agenda que la propaganda, y sin más misión ni cometido que tapar la ausencia de Pedro Mareta con el único argumentario de achacar al PP y Vox una pretendida xenofobia electoralista, es tanto una vergüenza nacional como internacional

La falta de sensibilidad y la pasividad del Gobierno con la crisis de Estado de Ceuta sólo se explica por el abandono de toda idea de ganar las elecciones o por la esperanza de generar confrontación para arañar unos escaños que aminoren la derrota inevitable en las urnas si no hay alteraciones e imprevistos en la mente de todos. Casi un mes después…Consejos de Seguridad Nacional y de ministros que Sánchez rehuyó con la invasión. Todo después un mes de agosto de orfandad y abandono de la ciudad española por parte de este gobierno sin escrúpulos capaz de todo con tal de no alterar sus planes de supervivencia y perpetuidad en el poder. Esa procesión obscena de ministros por Ceuta sin otra agenda que la propaganda, y sin más misión ni cometido que tapar la ausencia de Pedro Mareta con el único argumentario de achacar al PP y Vox una pretendida xenofobia electoralista, es tanto una vergüenza nacional como internacional.

No sólo hemos asistido a una violación de territorio español, sino a una sucesión de mentiras que en el caso del sanchismo no representan una novedad por cuanto forman parte de su comportamiento habitual y su ADN trincherista. La gestión de Sánchez en Ceuta evidencia las carencias propias del populismo soberbio y la indiferencia ante las obligaciones gubernamentales con el pueblo español. La gestión ha sido tan caótica y retorcida que alimenta las sospechas sobre un Gobierno rehén de sus fechorías tanto en política nacional como exterior. La Unión Europea, la justicia y la oposición han asistido perplejas al abandono vacacional de un Ejecutivo empeñado en el engaño y el marketing mientras 80.000 magrebíes entraban en territorio español y miles de ellos campaban a sus anchas con incremento de delincuencia, violaciones y otros hechos delictivos sin que Moncloa actuara más allá del traslado de 500 niñas y el desalojo de ida y vuelta de una playa.

La actuación y falta de explicaciones parlamentarias hasta ahora serán recordadas como una nueva traición a España y a los españoles del Gobierno que piensa más en sí mismo, en las vacaciones de su presidente y en los invasores que en los propios españoles. La traición de Ceuta es la última deslealtad y felonía de un Gobierno sin código ético ni moral.

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