ARTE ET ALIA
Tono Arias en Sabucedo, na rapa das bestas
SUEÑOS DE OLIMPIA
Hace unas semanas se firmó un acuerdo entre el Real Madrid, la Asociación de clubes europeos y la UEFA “por el bien del fútbol europeo”.
En síntesis, en abril de 2021 varios clubes europeos -liderados por el club blanco y hartos de la corrupta gestión de la UEFA- decidieron crear una liga independiente, bautizada como ‘Superliga’. Un decisión similar a la que sucedió en el baloncesto en 2000 con la Euroliga.
Entre las amenazas de la mafia de la UEFA, la presión social y unas primeras declaraciones de instituciones como la Unión Europea rebajaron el número de rebeldes a dos clubes, Barça y Real Madrid.
Las desavenencias entre ambos por el ‘caso Negreira’ y ciertas consideraciones con el arruinado club catalán, provocaron su marcha y la soledad del Real Madrid. Finalmente, el pasado 11 de febrero, Florentino Pérez firmó la paz con Aleksander Ceferin.
Se atribuye a la UEFA una gran victoria. Lo cierto es que la institución se comprometió a mejorar el reparto de beneficios entre los clubes, promulgar unas normas económicas que no se salten los grandes magnates de la ligas inglesa y francesa, así como mantener el mérito deportivo para acceder a la Champions.
Otro detalle que se ignora es que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea decretó en 2022 que el veto de la UEFA a otra competición violaban el Derecho y la libre competencia. Ceferin intuyó entonces un peligro, en caso de que los clubes forzasen hasta las últimas consecuencias, y optó por ceder a varias de sus pretensiones.
El fútbol es un gran pastel y la UEFA tiene que partir trozos más grandes y sabrosos. O arriesgarse a quedarse sin chocolate.
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