Alfonso de Sas Prada, escritor ourensano: “Me obsesiona que cada detalle sea históricamente exacto, impecable”

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La trilogía de Alfonso de Sas Prada, ambientada en el naufragio del HMS Serpent en la Costa da Morte, consolida un universo narrativo sobre el fin de una época y la complejidad de las relaciones humanas

Alfonso de Sas, en el Liceo con la primera obra de su trilogía.
Alfonso de Sas, en el Liceo con la primera obra de su trilogía. | Xesús Fariñas

Alfonso de Sas Prada (1953) es un novelista ourensano cuya trilogía “El cementerio de los ingleses” gana cada vez más lectores. La acción se desprende del naufragio del HMS Serpent (1890) en la Costa da Morte; concretamente de la historia de amor entre Adriana Castro y el marino superviviente Frederick Gould. La tríada narrativa, que comprende “Tres Imperios” y “El padre ausente”, dibuja a todo color el ocaso de un mundo y el nacimiento de otro, con un discurso que es, sobre todo, una exploración del alma humana.

Pregunta. ¿En qué momento el lector cede el paso al escritor?

Respuesta. La vocación ha estado ahí siempre. A los diez años gané un concurso de redacción y el premio fue simbólico: unas botas de fútbol y un ejemplar del Quijote. He sido un enamorado de los libros por herencia paterna, pero mi intensa vida profesional me mantuvo alejado de la publicación. Fue la jubilación, y el encierro de la pandemia, lo que me permitió desempolvar antiguos guiones cinematográficos para transformarlos en lo que hoy es mi sueño cumplido: una trilogía de novela histórica.

P. ¿Qué puntos de contacto desarrolla usted entre el fin del siglo XIX y nuestra época?

R. La novela histórica no es solo un alarde de imaginación ambientado en el pasado, sino una disección simbólica del presente llena de pasadizos que comunican. Hay concomitancias fascinantes. Aquella época marcó la confluencia de tres imperios -el británico, el español y el estadounidense- en un equilibrio geopolítico similar a la actual pugna entre Estados Unidos, China y una Europa que busca su sitio. Además, el despliegue de la telegrafía sin hilos de Marconi fue para ellos lo que la Inteligencia Artificial es para nosotros: una tecnología disruptiva que cambió para siempre la forma de relacionarnos.

P. En su obra, la documentación es un personaje más. ¿Cómo logra ese encaje tan preciso?

R. La investigación es mi mayor fuente de placer. Me obsesiona que cada detalle sea históricamente exacto. Por ejemplo, descubrí que Winston Churchill se alojó en el Hotel Inglaterra de La Habana exactamente en las mismas fechas que mi protagonista, Adriana. Churchill cumplió allí sus 21 años mientras cubría la guerra como corresponsal. Esos cruces entre la ficción y la realidad histórica son los que me producen verdaderos escalofríos creativos.

P. ¿Cómo trabaja usted el lenguaje, la voz de sus personajes?

R. Intento que cada personaje hable desde su contexto y evolución: desde el pailán hasta la dama de la alta sociedad. El lenguaje es el paisaje de las sensaciones. Mi intención no es ser rebuscado, sino utilizar un léxico llano y visual pero que logre transportar al lector a un mundo que no conoció, evitando siempre el anacronismo.

P. Para usted es importante el concepto de flujo al escribir. ¿Cómo es ese trance?

R. Es el momento en que dejas de tener conciencia de tu propia existencia. No hay tiempo, no hay dolor, solo creación. Escribir es mi pasión absoluta; ni el golf ni ninguna otra actividad me proporcionan esa sensación de desdoblamiento. Cuando escribo, soy el personaje, me meto en su piel y en sus sentimientos.

P. ¿Cuál es su estrategia como autor en un mercado literario tan saturado?

R. Mi primera novela fue una inversión personal; decidí invertir en mi proyecto en lugar de cambiar de coche. Tras agotar esa edición, logré que una editorial nacional se interesara. Hoy, sobrevivir como autor exige entender que la literatura buena brilla por sí sola, pero también que el mercado es feroz. A un joven le diría que escriba por placer, pero que no espere vivir de ello. En este mundo de “vendedores de humo”, la verdadera obra necesita soledad y silencio. La mayor estrategia es la paciencia. Todo ocurre a su tiempo, a veces no como queremos, sino como necesitamos.

P. ¿Ha viajado por más de sesenta países. ¿Es la vida, en última instancia, un viaje literario?

R. Indudablemente. La vida es un viaje existencial, incluso para quien no se mueve, pues envejecer es el desplazamiento más profundo. Mis viajes profesionales por los Balcanes, Argentina o el mundo árabe me enseñaron que la diferencia cultural es inmensamente enriquecedora. Mi literatura es visual porque quiero que el lector vea la película, que recorra ese mapa de sensaciones que le propongo, y que solo puedo transmitir en toda su belleza a través de las palabras.

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