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72 Y 64 AÑOS
Las aulas del campus de Ourense de la Universidade de Vigo (UVigo) albergan una revolución silenciosa pero llena de vitalidad. Lejos de conformarse con una jubilación sedentaria, cada vez más mayores deciden coger los apuntes y volver a la universidad. A través del Programa Universitario de Mayores (PUM), alumnos como Maricarmen, de 64 años, y Alfredo, de 72, demuestran a diario que la curiosidad y el deseo de aprender no tienen fecha de caducidad.
Para muchos, dar este salto nace de la necesidad de reinventar su rutina tras décadas de vida laboral. Maricarmen se prejubiló tras 42 años trabajando en el sector del control de calidad. Al principio ocupaba su tiempo libre en el gimnasio, hasta que el PUM se cruzó en su camino. “Para mí lo más importante de esta experiencia es aprender y socializar”, resume con naturalidad al hablar del objetivo principal que comparten casi todos sus compañeros.
La historia de Alfredo comparte esa misma chispa. Descubrió el programa a través de la prensa y no dudó en matricularse. “Se me abrió una puerta inmensa”, recuerda con entusiasmo. En su caso, él ya había pasado por la Universidad en su momento, por lo que vivir de nuevo ese ambiente le pareció irrechazable. Lejos de tomárselo como un simple pasatiempo, lo asumió con total determinación. “Me puse el reto de sacarme el título en cuatro años y voy a cumplirlo”, asegura, indicando que se graduará en unas semanas.
Más allá de los conocimientos, consideran que la vida académica es también un antídoto contra la soledad y una herramienta vital contra los prejuicios. Alfredo es muy consciente de cómo esta experiencia combate los estigmas de la edad. “El venir aquí rompe en algo el edadismo”, apunta. Además, reflexiona sobre cómo el campus transforma la actitud ante la vida. “A medida que envejecemos tendemos a convertirnos en personas más desconfiadas, nos cuesta abrirnos más, venir aquí rompe un poco eso”, resalta Alfredo.
Esa apertura se retroalimenta con la convivencia intergeneracional, uno de los pilares más enriquecedores del programa. Los alumnos del PUM combinan materias obligatorias pensadas específicamente para ellos con la opción de asistir a algunas clases de los distintos grados universitarios junto a los estudiantes matriculados. En este sentido, Maricarmen guarda un cariño especial a su colaboración con alumnas de Trabajo Social, con las que realizó un proyecto “muy enriquecedor”, en el centro penitenciario de Pereiro. “Yo aprendo mucho de ellas, seguro que mucho más que ellas de mí”, dice.
La implicación y el nivel de energía de estos alumnos no conoce límites. Tanto es así que Alfredo ya reivindica nuevas metas. “Hay un Erasmus nacional. ¿Por qué no vivir esa experiencia otras personas adultas en Sevilla, en Valladolid o en Barcelona?”, propone. Sin duda, el campus de Ourense no es el final de su etapa de aprendizaje, sino el comienzo de una nueva aventura.
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