Alzhéimer, el ladrón de la memoria: vivir sin olvidar quién eres es el reto diario de 11.000 ourensanos

MUCHOS CASOS SIN DIAGNOSTICAR

Imagine que el tiempo le roba su nombre y el de sus seres queridos de la cabeza, como si borrase quién es y dónde está. Eso es el alzhéimer, el gran reto en sociedades longevas. La gran epidemia del siglo XXI se cuela en cada vez más familias de la provincia, donde la mitad de los casos están aún por diagnosticar.

Usuarios de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer, Afaor, participan en uno de los talleres cognitivos de la entidad.
Usuarios de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer, Afaor, participan en uno de los talleres cognitivos de la entidad. | Martiño Pinal

Invidencia y evolución del alzhéimer

Miles de personas no diagnosticadas:

En torno al 50% de los casos de enfermos de alzhéimer están sin diagnosticar y muchos no se diagnosticarán jamás. La incidencia es muy superior a la que marcan las cifras oficiales.

Previsión al alza:

El Sergas preveía en 2024 que la cifra de afectados en Ourense se duplicaría en 2029. La OMS ha alertado que se triplicará en el mundo en 2050 por el alza en la esperanza de vida.

La otra cara de la longevidad:

La dolencia afecta ya al 12% de los mayores de 65 años y al 35% de los que superan los 85. Y de dos a cuatro familiares implicados, entre principales y satélites, por enfermo.

El centro de día:

Uno de tantos servicios que ofrece Afaor es el Centro de Día, una iniciativa que permite dar un respiro a las familias al facilitarles la conciliación.

Última fase

La atención en esta etapa suele prestarse totalmente en la vivienda o en una Residencia. Afaor cuenta con un servicio de camas y grúas sujetas a un alquiler básico.

La voz de “La más grande” resuena en el pasillo que da acceso al Aula Taller que dirige Raquel. “Grabé tu nombre en mi barca… me hice por ti marinero…”, arranca la artista de Chipiona con ese torrente de voz que la caracterizaba. Una quincena de usuarios de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer (Afaor) escucha atentamente la canción mientras la educadora social pregunta quién es la intérprete. Tienen entre 75 y 85 años y probablemente entonaron “Como una ola” muchas veces tiempo atrás, pero ahora no son capaces de identificar a la tonadillera. Raquel les echa una mano al apuntar las primeras sílabas del nombre y entonces sí, una usuaria se adelanta al resto y espeta: “Rocío Jurado”.

En la parte superior de un armario puede leerse la frase “El alzhéimer borra la memoria, no los sentimientos”, regalo de un grupo de alumnos que realizó el curso de cuidadores en el centro.

Los talleres de Afaor agrupan a los usuarios con un nivel parejo de capacidades en base a tres categorías: cognitiva, física y social; por eso constituyen un lienzo de las etapas que jalonan esta dolencia degenerativa e irreversible, desde la más temprana en que la persona funciona con independencia pero presenta fallos en la memoria, a la intermedia y avanzada. Las consideraciones que se reproducen a continuación proceden del equipo de Afaor, que cuenta con una veintena de profesionales, tras asistir a varias jornadas para este trabajo.

Memoria y sentimientos

La sala donde trabaja Laura, educadora social, está llena de carpetas con hojas de cálculo, juegos de palabras o dibujos. Una muestra de la relevancia de estos ejercicios es que el centro contabiliza unos 10.000 folios cubiertos por los usuarios cada mes. En la parte superior de un armario puede leerse la frase “El alzhéimer borra la memoria, no los sentimientos”, regalo de un grupo de alumnos que realizó el curso de cuidadores en el centro. La expresión fue popularizada por el alcalde de la Barcelona olímpica y posterior presidente de la Generalitat, Pascual Maragall. El pasado 2 de marzo, en el programa “Y ahora Sonsoles”, la hija del político socialista, Cristina Maragall, explicó que su padre decidió ir al médico porque sufría mucho estrés, pero nadie sospechaba del alzhéimer. “Reaccionó con rebeldía a la enfermedad”, aseguró Cristina, “no aceptaba que debía dejar de hacer ciertas cosas”. Para Cristina, lo peor no es que su padre pierda la memoria, sino el contraste entre el hombre brillante que fue y lo que queda de él. Hoy, Pasqual no recuerda quiénes son sus familiares, pero reacciona positivamente cuando interactúa con ellos. “He aprendido a comunicarme con él a través de la piel y del corazón”, relata su hija.

Las fases

“No hay dos personas iguales y no hay dos alzhéimers iguales”, afirma Miguel Lázaro, coordinador de Afaor tras observar cientos de casos. La teoría médica establece tres fases, leve, moderada y grave, que pueden subdividirse en otras siete, desde las etapas preclínicas hasta la demencia grave, según la Escala Global del Deterioro (EGD). Pero la práctica, como recomienda la trabajadora social Noa Gallego al cuidador-familiar, aconseja “aparcar las escalas”: “No adelantemos acontecimientos. Olvidémonos de los ‘isis’… ¿y si se pone agresivo?, ¿y si se pierde? Vayamos día a día, qué puede hacer hoy el enfermo y qué no, qué le da miedo hoy y qué no. Eso es tangible”.

Detección precoz

El tiempo de supervivivencia es muy variable, desde los 3 y 11 años tras el diagnóstico a más de veinte. El trabajo en etapas iniciales tiene un efecto multiplicador, ya que permite ralentizar el deterioro para disfrutar más y mejor de la vida. Es el caso de Rosa, una de las usuarias más joviales de Afaor. La investigación ha evolucionado la detección precoz, de hecho la Asociación cuenta con usuarios cada vez más jóvenes, al filo de los 60 años.

Rutina y más rutina

A las 10.30 horas, una fila de usuarios está a punto de entrar en la sede de Afaor. Mismo sitio, misma hora. La rutina aporta seguridad en una dolencia que resta memoria y suma confusión. La monotonía cotiza al alza, sobre todo a partir de fases intermedias que acentúan la desorientación espacial y temporal. “Si eres del Couto, no vayas a tomar el vino al Puente”, dice Lázaro, fija los hábitos hacia marcos repetitivos que aporten control. Un niño aprende, con alzhéimer se desaprende. Otro mantra: “Si la familia no está bien, no se puede cuidar bien”.

La frustración

La cabeza de una persona con alzhéimer suele generar angustia tanto en uno mismo como en el familiar-cuidador. Puede que primero se olvide de recoger al nieto en el colegio, después que confunda a la mujer con la hermana y finalmente que acabe por no reconocerse. Otro ejemplo de frustración se produce cuando no es capaz de verbalizar lo que quiere decir. También cuando se empiezan a borrar los nombres. Y, sobre todo en los hombres, la retirada del carné de conducir.

Acierto y error

Uno de los fallos más comunes entre familiares y cuidadores tiene que ver con la infantilización del enfermo, muy en línea con ese dicho que reza: “Unha vez vello, dous veces neno”. Además, la sobreprotección antes de tiempo también contribuye a fomentar la pérdida de autonomía y la frustración que ello conlleva: “Xa non valgo para nada”, suelen decir los enfermos. Por tanto, como apunta Lázaro, “tratemos de que la abuela siga pelando patatas el máximo tiempo posible, aunque las pele mal, y si no puede tener un cuchillo entre las manos, quizá pueda lavar la lechuga, que es una tarea más sencilla”. En una fase tan delicada esta, suele funcionar muy bien la asignación del cuidado de una mascota. Aunque solo sea en tareas concretas, el objetivo es conservar la autonomía el mayor tiempo posible. Y nuevamente aparece el caso de Rosa, una de las usuarias más especiales de Afaor desde hace quince años por su aporte de alegría. Una detección precoz combinada con fuerza de voluntad y optimismo equivale, en su caso, a que la dolencia avance lentamente. Su marido acude por las tardes también como usuario.

La epidemia del siglo XXI

Los datos del Servizo Galego de Saúde (Sergas) en 2024 revelaban 7.700 casos de alzhéimer en Ourense, el 70% de los diagnosticados con alguna demencia. La proyección del Sergas era que se duplicasen en cinco años, por lo que ya superan los 11.000. A ello habría que agregar un 50% de casos sin diagnosticar.

La afección implica al 12% de los mayores de 65 años y al 35% de los que superan los 85, de ahí que la OMS la califique como “la epidemia del siglo XXI”, sobre todo en sociedades longevas. La enfermedad repercute directamente en un círculo afectivo de dos a cuatro familiares, cónyuges e hijos convertidos en cuidadores principales y satélites.

La neuróloga María José Moreno, fundadora de la Unidad de Demencias en Vigo, cree que “la magnitud es tal que supera el ámbito sanitario e implica a toda la sociedad”. El alzhéimer se disparará aún más cuando los nacidos entre 1960 y 1970, la generación más numerosa de la historia, cumplan 70 años. 

Reportaje de un caso concreto

En este vídeo puedes visualizar el reportaje realizado a Conchi, mujer y cuidadora, y Pepe, enfermo de alzhéimer.

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