Una camarera no se libró de su acosador ni cambiando de bar

CONDENADO EN EL PENAL

Javier C.P. admitió el hostigamiento ante la jueza y fue condenado a una multa de 540 euros

Javier C.P. escucha los términos de la conformidad.

Su obsesión con una camarera le costó este jueves a Javier C.P. una condena por un delito de coacciones. Admitió en el Penal 1 que desde marzo de 2023 comenzó a acudir a diario, incluso en ocasiones varias veces, a un bar de la ciudad en el que trabajaba una mujer que había conocido tiempo atrás. Iba como cliente y alguna vez permaneció hasta tres horas en el local, dirigiéndose a ella para proponerle ser amigos o decirle que le gustaba e invitarla a comer.

Su fijación llegó hasta tal punto que incluso la esperaba a la salida del trabajo abordándola con preguntas como dónde iba, dónde vivía o qué autobús iba a coger. Esto hizo que la mujer se sintiese incómoda y le pidiese que la dejase en paz llegando al punto de llamar a su pareja por teléfono.

La insistencia de Javier C.P. hizo que tras mes y medio la víctima hablase con su jefe explicándole que no quería atenderle. Sin embargo, no sirvió para disminuir la fijación del acusado con ella, ya que al nuevo camarero le preguntaba por la mujer, por sus gustos y su forma de ser.

El acoso no se limitó solo a cuando la veía en persona. En febrero de 2024 y en junio de ese año le remitió sendos mensajes de texto en los que le revelaba sus sentimientos, llegándole a proponer ser su novia. Incluso la mujer, como consecuencia del acoso sufrido, cambió de teléfono.

Esta fijación siguió incluso cuando la víctima cambió de trabajo. El 23 de marzo de 2024, Javier C.P. acudió al nuevo bar en el que ejercía como camarera la mujer dirigiéndose a ella nuevamente con preguntas. En esta ocasión, la acosada llamó a su jefe, quien se presentó en el local y solicitó al acusado que se terminase la consumición y entretanto no hablase con ella. Sin embargo, este hizo caso omiso y empezó a decirle a la mujer que no tenía amigas y estaría sola si no fuese por su novio, agotando la paciencia del jefe, quien lo echó y no le permitió más la entrada.

En el bar de al lado

Esta medida tampoco sirvió para cortar de raíz su fijación, ya que el acusado comenzó a acudir a la terraza del bar contiguo, donde podía verla mientras trabajaba. El acoso no cesó hasta junio de 2024. Por estos hechos, se celebró ayer una audiencia preliminar en el Penal 1, en la que el acusado admitió los hechos y se conformó con una pena de multa de 540 euros como autor de un delito de coacciones.

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