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170 AÑOS
La Casa de Baños do Outeiro simboliza la degradación de un emblema que articuló la vida social y terapéutica de Ourense durante 170 años. Ubicada junto a la ribera del Barbaña y al lado de la antigua prisión provincial, los orígenes documentados del enclave se sitúan a mediados del siglo XIX, con un primer expediente de obra en 1867 impulsado por Joaquín Pérez y diseñado por Juan José Cañizo. Sin embargo, el complejo alcanzó su esplendor bajo la propiedad de la familia del italiano Genaro Mileo, que adquirió el recinto en 1880.
Son tres edificios que suman 1.800 m², donde sobresale la intervención del arquitecto Daniel Vázquez Gulías. Fue Carmen Mileo, hija de Genaro, quien confió a Gulías el diseño de la icónica fachada de ventanas verdes y tres plantas que servía de vivienda y ocultaba las instalaciones de baño, excavadas originalmente en la roca. Este espacio no solo albergó la actividad termal, sino que fue refugio cultural donde residieron figuras como el poeta Prado Lameiro. En 1938, Carmen Mileo modernizó el recinto incorporando las hoy desaparecidas bañeras de mármol y griferías de bronce.
Hidrológicamente, los baños aprovechaban tres manantiales propios con aguas mesotermales que manan a una temperatura de entre 39°C y 45°C. Estas aguas, de composición similar a las de As Burgas pero algo más templadas, eran valoradas para tratar dolencias reumáticas, artrosis y afecciones de la piel. Algunos expertos incluso sostenían que, debido a su temperatura más amable, el emplazamiento ya habría sido explotado por los romanos. Socialmente, la Casa de Baños fue un pilar para la higiene pública. Hasta 1950 era el lugar donde se aseaban los soldados del Regimiento de San Francisco y, durante décadas, ofreció un servicio de lavandería con agua caliente natural.
El recinto aguantó hasta 2012, cuando los herederos de Emilio Santamarina se vieron obligados a cerrar debido a un conflicto con el Concello, hoy propietario. Pese a una moción aprobada en 2021, la inclusión del inmueble en el Plan Rexurbe o en el futuro Plan del Casco Vello, nada se hizo.
El PP, a través de Ana Méndez, lamentó la “absoluta inacción” del gobierno local tras meses advirtiendo sobre los riesgos de la okupación del edificio, exigiendo además un plan urgente de seguridad para todas las propiedades municipales. Desde el PSOE, Natalia González lamentó la pérdida de la “memoria colectiva” y recordó que su grupo ya avisó del deterioro hace cinco años, instando ahora al Concello a solicitar ayudas estatales y europeas para su reconstrucción. El portavoz del BNG, Luis Seara, se quejó del “abandono” del patrimonio de titularidad municipal y pidió una “segunda vida” para los restos del edificio.
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