Las chuletas de ahora tienen batería
PAU
El arte de copiar abandona el papel milimetrado para abrazar la Inteligencia Artificial. Los teléfonos señuelo y las calculadoras hackeadas protagonizan este martes un sofisticado pulso tecnológico entre alumnos y profesores
El que niegue haber copiado en un examen miente. O, al menos, maquilla un poco la realidad. Todos conocemos la sensación del momento en el que el corazón se acelera, esperando a que el profesor mire hacia otro lado para sacar la chuleta. Aunque no deja de ser hacer trampas, copiar es un arte que requiere de ingenio y mucha picardía.
Como todo en esta vida, las técnicas han evolucionado, pasando de ser una manualidad de precisión a convertirse en una auténtica carrera armamentística digital. Los bolígrafos grabados con compás se han convertido en una auténtica reliquia. Sin embargo, la chuleta de papel sigue presente en las aulas, aunque ciertamente perfeccionada. “Yo lo que hago es coger el temario y pasarlo al ordenador para hacer mini chuletas”, explica un alumno ourensano, que muestra, incluso con cierto orgullo, sus apuntes de Filosofía reducidos a un tamaño minúsculo.
Otros usan el ordenador para replicar las pegatinas de sus típex añadiendo la materia que entra en el examen. “Realmente es increíble el nivel de detalle que pueden alcanzar”, asegura Marcos Loureiro, profesor de Maristas que, si bien es cierto, ha pillado a más de uno. La calculadora también se sigue usando para ocultar las chuletas, aunque hay quien parece tener ya una carrera informática y ha logrado acceder a ChatGPT desde ella. “Parece ser que hay un vídeo en internet que explica cómo hacerlo, pero a mí me ha dejado asombrado”, reconoce Loureiro.
La tecnología como aliada
Los dispositivos electrónicos han ganado peso, una clara muestra de ello es el aumento de vigilancia en la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) que empieza hoy. Aunque en los centros educativos se les requisan los móviles, las nuevas generaciones se las apañan para seguir beneficiándose. “Lo que solemos hacer es llevar dos móviles, dejas uno encima de la mesa, el profesor se cree que es tu móvil, y sacas el segundo”, confiesa otro estudiante ourensano.
Cuidan hasta el último detalle, como bajar el brillo de la pantalla al mínimo para que la trampa no se refleje en los cristales de las gafas.
Lo ven como un juego
Esta sofisticación de los alumnos choca de frente con la brecha digital que a veces sufren los docentes, dejando anécdotas que rozan la comedia. “Una vez me pillaron porque me sonó el móvil y como no tenía nada que perder, le pasé el examen a mis compañeros de la otra clase”, relata uno de los estudiantes, “pillaron a otra y el profesor, al verle el examen en el móvil, pensó que le habíamos hackeado la cuenta de Gmail”, recuerda, señalando que el docente llegó a cambiar todas las contraseñas.
Con todo, los jóvenes sienten que el cerco se estrecha con el aumento de la vigilancia y las nuevas medidas anti-copia en las aulas. “El aumento de controles en los exámenes le quita toda la gracia, es como el VAR en el fútbol, ahora ya no se puede jugar”, bromean. Y añaden: “Copiar se puede seguir copiando, otra cosa es que no puedes usar el móvil y ya está, tendrás que darle más vueltas”.
Futuro incierto
Nadie sabe lo que depara el futuro, pero como bien indican los estudiantes, la picardía va a seguir en las aulas. Desde el punto de vista del profesorado, Loureiro alerta de la llegada de las gafas con inteligencia artificial. “Se pueden conseguir por 70 u 80 euros, tememos que pueda convertirse en un nuevo método, sobre todo para los que llevan gafas normalmente”, indica.
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