TRACTORADA EN OURENSE
Los tractores se retiran

Crear un nuevo hogar tras la guerra

HUYENDO DE UCRANIA

Olesiia Mitsenky hizo de Ourense un lugar donde refugiarse junto a sus dos hijas, Daryna y Kateryna, huyendo del conflicto bélico de Ucrania con la ayuda de Cruz Roja, que colabora a través de un Programa de Acogida e Integración.

Olesiia, Daryna y Katerya Mitsenyk, junto a Ohiane García, responsable provincial en Cruz Roja del Programa de Acogida e Integración.
Olesiia, Daryna y Katerya Mitsenyk, junto a Ohiane García, responsable provincial en Cruz Roja del Programa de Acogida e Integración. | Iago Cortón

Olesiia Mitsenyk y sus dos hijas, Daryna y Kateryna, integran una de las familias con las que colabora Cruz Roja a través del Programa de Acogida e Integración de personas solicitantes y beneficiarias de protección internacional, del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Una iniciativa que, desde finales de 2016, ha atendido en Ourense a cerca de 400 personas, 169 de ellas de origen ucraniano. Con un total de 65 plazas en la provincia, la entidad social interviene en diferentes áreas como el aprendizaje del idioma, la atención psicológica o la atención jurídica para cubrir las necesidades básicas de las personas refugiadas y hacer posible que obtengan una autonomía real.

En ese proceso se encuentra la familia Mitsenyk, que apenas lleva unos meses en Ourense, a donde llegaron huyendo de una situación bélica marcada por el sufrimiento, a la que se sienten todavía vinculadas desde la distancia. Solo el recuerdo del lugar del que escapó una madre con sus hijas, así como el de la vida que dejaron atrás, le inunda los ojos en lágrimas a Olesiia y le imposibilita compartir el relato de su pasado. Todo lo contrario le sucede cuando le preguntan por su presente. Para ella y para sus hijas, Ourense se ha convertido en un oasis en medio de la guerra. A través de su traductora, comparte una madre el agradecimiento constante a quienes le han dado un hogar temporal en el cobijarse junto a sus hijas, Daryna y Kateryna. Ambas, a pesar del poco tiempo que llevan en la ciudad, ya se han adaptado al ambiente y han creado relaciones con sus compañeros de escuela. Ávidas por aprender, demuestran fácilmente sus dotes con el idioma, que utilizan sorprendentemente bien. “Nos sentimos muy queridas y arropadas, estamos aprendiendo mucho y estamos muy agradecidas porque todo esto ha sido una gran ayuda”, son las palabras que resumen el conjunto del “gran corazón” que han encontrado en la provincia ourensana y en la entidad que les ha ayudado a dar los primeros pasos de una nueva vida.

Acogida

Yemen, Palestina, Colombia, Venezuela, Mali o Perú son algunas de las nacionalidades que se encuentran en este momento en fase de acogida en Ourense, además de Ucrania, que experimentó un pico de atención cuando explotó la guerra. Nacionalidades que varían en función de las crisis migratorias que se produzcan y que parten de un perfil muy variado. Así lo explica la trabajadora de Cruz Roja, Ohiane García, responsable provincial del programa que lleva ya más de treinta años funcionando, quien ha visto aumentar tanto el número de plazas, como la demanda de este. Con 7 pisos -5 de ellos cedidos por la Fundación Baoquivi- la entidad colabora con un perfil compuesto mayoritariamente por familias con menores -como es el caso de Olessia- o en edad laboral, aunque también atiende algunos casos de personas solas o de avanzada edad. Personas que, no por formar parte del programa, quedan exentas de obstáculos como la subida de precios o la desconfianza con el extranjero, así como la dificultad del idioma, solo aliviada en los casos de hispanohablantes, que acceden al mercado laboral en un plazo de tiempo más reducido.

Contenido patrocinado

stats