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CRISIS EN CUBA
Lilo es taxista en una Habana que afirma dolorosa. En los asientos de su coche ha transportado decenas de personas rumbo al aeropuerto internacional José Martí sin que el infinitivo: volver aparezca ni de soslayo en la conversación de despedida.
A pesar de las dificultades que sobreabundan en toda la isla, Lilo intenta mantener el buen humor, tal vez la única vía de escape alterna a la de sus continuos viajes hacia el aeropuerto. “La última persona que vio a un turista caminando por la ciudad, fue acusada de levantar falso testimonio” detalla con ironía. “Y eso que estamos en plena temporada alta” concluye quien se ha vuelto un cronista rodante de una crisis multisistémica que ha mutado en carencias sin aparente fecha de caducidad.
Durante su jornada, Lilo debe emplear varias horas en la búsqueda de combustible en el mercado negro. “Ahora mismo debes pagar entre 7 y 8 euros por un litro de gasolina. Estamos muy jodidos”. Para Lilo, a pesar del cansancio y la resignación cotidiana, existe entre muchos como él expectativa de cambio: “algo tiene que pasar, ya esto no aguanta más”.
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