La droga preocupa en el Casco Vello: de okupar la Casa de Baños a invadir un local en la Trinidad

OKUPAS EN OURENSE

La presencia de okupas y la llegada de drogodependientes a la Praza da Trinidade preocupan a los vecinos del Casco Vello tras el incendio que calcinó la antigua Casa de Baños de Ourense.

Un hombre asomado a la puerta de la pescadería Sinda, donde vecinos apuntan a que hay okupas y se vende droga.
Un hombre asomado a la puerta de la pescadería Sinda, donde vecinos apuntan a que hay okupas y se vende droga. | Miguel Ángel

La Praza da Trinidade se ha vuelto un sitio más concurrido de lo habitual, pero no precisamente de una forma agradable para sus vecinos. Tras del incendio ocurrido en la madrugada del pasado viernes 15 de mayo en la antigua Casa de Baños, los drogodependientes que frecuentaban este espacio han establecido en la antigua pescadería Sinda su nuevo cuartel general.

“Es un punto de venta”, afirma un residente que prefiere mantener el anonimato sobre el antiguo comercio, donde se observa un candado en su puerta, pero una ventana superior de cristales rota, además de la luz amarilla de una lámpara que proyecta su luz hacia afuera del recinto. “Son personas peligrosas; son gente que de pronto está bien y dentro de dos minutos están muy mal. Con un yonqui no puedes saber cómo va a reaccionar”, afirma el citado vecino.

Ventana rota por donde los okupas accedieron al negocio.
Ventana rota por donde los okupas accedieron al negocio. | Miguel Ángel
“Justo al día siguiente del incendio vino la policía y se llevaron a uno que andaba con otro al que llaman Laje”, asegura José Rodríguez González

Mayores inseguros

“Justo al día siguiente del incendio vino la policía y se llevaron a uno que andaba con otro al que llaman Laje”, asegura José Rodríguez González, dueño del negocio Old CBD, que hace esquina en la plaza. “Al poco rato lo trajeron de vuelta en otro coche”, añade. Mientras el vecino anónimo y el comerciante intercambian relatos acerca de la presencia de estos particulares inquilinos de la pescadería, un chico y una chica se acercan a la puerta del local clausurado; el chico tira del candado, desiste, y ambos dan la vuelta para marcharse. En media hora, dos personas más volverán a asomarse por las rendijas del acceso, donde presuntamente se abastecen de drogas. “Esta zona cuenta con vecinos bastante mayores, entonces se sienten inseguros con esos okupas ahí. La Policía aparentemente no hace nada; pasan con su coche cuatro o cinco veces, pero nada más”, detalla con preocupación el vecino.

Sin embargo, el presunto desquite de los okupas por haber sido desalojados de la Casa de Baños, ya es un precedente por el cual los vecinos están alertas en la comunidad y hace sospechar de que estos eventos no son hechos aislados, sino de formas de vengarse. “Hace dos años se incendió un edificio cerca de aquí”, afirma el vecino señalando hacia la rúa García Mosquera, donde el edificio número 7, en octubre de 2024, fue pasto de las llamas aparentemente por un “ajuste de cuentas”.

Un aspecto que ha notado José Rodríguez es el cambio de comportamiento de quienes okupan actualmente la pescadería

Estado de preocupación

Un aspecto que ha notado José Rodríguez es el cambio de comportamiento de quienes okupan actualmente la pescadería, pues “antes se ponían a consumir en la calle, incluso metiéndose caballo delante de los niños que van a la academia aquí al lado. Ahora, como están dentro de ese lugar, se les ve menos en eso”, explica. Aunque la visibilidad de los okupas y drogodependientes haya disminuido por el patrullaje policial, ello no supone que el estado de preocupación en la comunidad sea menor, sino todo lo contrario por verlos constantemente en las inmediaciones.

En los espacios desatendidos por gobiernos locales, primero se pierde la identidad

“Ellos van saliendo según necesitan algo. A veces pasan por aquí y me comentan de sus cosas, de que si va a llegarles una notificación de desalojo, que si van a venir a echarlos. Yo, claro, solo los escucho”, detalla José Rodríguez. Que se repita un hecho similar en la antigua pescadería de la Praza da Trinidade a lo ocurrido en el edificio diseñado por Daniel Vázquez-Gulías, cuyo cierre y abandono fue el preámbulo de la transformación del sitio en un refugio para okupas y adictos, manifiesta claramente que, en los espacios desatendidos por gobiernos locales, primero se pierde la identidad y luego, la sensación de seguridad.

“Si pasa algo, ¿a quién van a culpar?”, cuestiona este vecino.

José Rodríguez González
José Rodríguez González | Miguel Ángel
"Ellos van saliendo según necesitan algo. A veces pasan por aquí y me comentan sobre sus cosas"

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