Eloísa Paiva, planificadora nata en bici por las orillas del Barbaña

LA NUEVA OURENSANÍA

Eloísa Paiva movió bien sus fichas cuando correspondía en busca de una mejor vida y construyó aquí su familia, con raíces de muchos sitios, entre ellos Ourense.

La nueva Ourensanía | Eloísa Paiva | Miriam Blanco

Porta dos criaturas en una bicicleta con remolque, Eloísa Paiva Valera, mientras recorre todos los días las orillas del Barbaña. Se muestra sonriente y flexible y nos invita a conocerla durante una parada en su trabajo.

Eloísa Paiva
Eloísa Paiva | La Región

“Ahora estoy en unos talleres formativos de jardinería del Ayuntamiento”, explica. Única mujer entre un grupo de hombres, ellos se dirigen al bar, al café de media mañana, ella a la entrevista, saltándose el manchado.

Salto argentino

Toda la determinación que la rodea y la ilustra no es más que la antesala a una vida valiente, optimista y arriesgada. “Yo estaba embarazada, pero quería venir a España, mi abuelo materno era de Albacete”, explica. Originaria de Barquisimeto, en Venezuela, saltó previamente a Argentina durante seis años. “No me alcanzaba el dinero para llegar acá”, revela. Allí se dedicó al marketing, si bien de formación es clínica veterinaria.

“Trabajé en una tienda de animales primero como vendedora y acabé como encargada”, aclara.

Supo ver Eloísa a tiempo que no estaba tampoco ese país para bailar tangos, y decidió marcharse cuando rozaba la cima. “Llegué allí con cien dólares en el bolsillo, pero ahorré para sacar a mis hermanas de Venezuela, y traer a mis cuatro perros y mis cuatro gatos”, ríe, los ciento y la madre, y nosotras con ella, la migración de su camada.

Se casó con un argentino, nieto de Rusia, Alemania y España, explica esta tortilla de nacionalidades Eloísa. “Su papá es ruso, fue adoptado, y su mamá es hija de un alemán y una española, pero nacionalizada argentina… no se sabe muy bien dónde nació”, desgrana.

Vecina de A Valenzá, acabó en este lado de la península porque un amigo que conoció en Argentina le hizo la avanzadilla. “Él tenía familia acá”, comenta. Estando ella embarazada y teniendo en cuenta que Iván, su caballero plurinacional, se tenía que quedar en Buenos Aires, el colega le tendió una mano y, de paso, un hueco en su apartamento.

“Llegué con ahorros, el objetivo era ese, pero mi amigo no me quiso dejar sola embarazada”, agradece sobre ese período previo a la pandemia. “Mi marido tenía billete para venirse el día ocho de marzo, pero lo del virus empezaba a sonar fuerte, así que le animamos a adelantar su partida”, explica.

Lo que hayas vendido bien, y lo que no, nada”, concluyó Eloísa, y rauda lo fletó en un avión el 27 de febrero. “El 28 se quedó libre el apartamento de al lado de mi amigo y me lo ofrecieron; lo cogí, nos instalamos, tomamos un café y el primero de marzo di a luz”, concluye la feliz historia y la trepidante cuenta atrás.

Me reinventé con los obradoiros del concello gracias a la trabajadora social”, explica; tiene ya Eloísa dos pequeñas. Por las mañanas le da a las plantas y por las tardes se ocupa de sus hijas. “Un sueño es encontrar un trabajo estable que me permita conciliar”, comenta. “Mi mamá era contadora y madre soltera… casi no la veíamos, por eso para mí el tiempo de crianza es fundamental”, opina.

De Ourense se queda con el clima —¡sorpresa!— y le gusta el fútbol. “Yo jugué, fui semiprofesional; cuando tocó el salto a otra categoría lo dejé porque quería ir a la universidad”, explica. Es forofa del Dépor y del Barcelona desde tiempos inmemoriales, y siente esto como su casa.

Donde yo llego me adapto y así lo vivo, sin grandes morriñas”, explica. Táctica y estrategia está claro que son lo suyo, no solo en el deporte, sino también en la vida.

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