Emilia Álvarez, pastelera gourmet de Caracas vende sus sabores, que vuelan
LA NUEVA OURENSANÍA
Hija de gallegos de la zona de Lobios nace y crece en el seno de la cultura gallega al este de Caracas. Un año cumple su negocio en Ourense, y quién sabe, quizá mañana con él, conquiste los Emiratos Árabes
Disruptiva se define Emilia Álvarez Fernández y sí, un poco de “ahora soy luz, ahora me da un aire”, ella se muestra. Nos presenta su coqueto negocio en las galerías del parque de San Lázaro donde tan pronto te puedes comprar una golosina de mojito, como una tarta de boda. “Uso materias de primera calidad”, define su negocio; trabaja Emilia con mantequilla y pasta de azúcar italiana. “Un sueño sería montar una pastelería en Dubai”, revela, se declara amante del mercado del ultra lujo aunque tenga en Ourense bien plantadas las patas.
En el espacio teteras victorianas, macarrons, pastas de amapola y prototipos de tortas. Un corazón colgante de color blanco nos deja muy locas, “es un gravity cake, un pastel suspendido, una de mis especialidades”, comenta Emilia, el espacio mudó de cafetería gourmet a eventos y dulces por encargo. “También doy cursos para niños”, añade. Por tres euros cincuenta puedes conseguir una galleta decorada, a partir de 45 euros un pastel para tu fiesta. “Líneas de postres gourmet, mousse de pistacho, de frutas tropicales, diseños personalizados… tengo una magdalena de creación propia, de vainilla con frosting de albariño y un sirope de pétalos de rosas orgánico”, comenta. Suena al Willy Wonka de la repostería, para paladares sofisticados.
Lazos xureses
Es hija de gallegos emigrados Emilia, “mi padre era de Río Muíños y mi madre de Grou” comenta. Cuenta que marcharon de allí muy jóvenes a buscarse el sustento, que tuvieron tres hijos y que con el tiempo ella se vino. “Allá vivía en el este de Caracas, tenía una vida de clase media un poquito alta, era abogada, tenía una tienda de móviles y además era agente inmobiliaria”, enumera. “La economía te lo permite, las leyes también… puedes hacer muchas cosas a la vez”, aclara.
A un cierto punto decide Emilia venir a España por los problemas políticos en su país, aquellas protestas “guarimbas” con una hija en la universidad, temas de seguridad como “secuestros exprés” que le rondaban, y también “por defender mis valores e ideología contraria al Gobierno”, explica. Narra un episodio Emilia que detonó el traslado, desde su coche último modelo veía a la gente pelearse por los restos de la basura. “No puedes vivir bien encerrado en una burbuja, viendo caerse un país a pedazos… el dinero va y viene, la vida no”, sabiamente comenta.
Aquí se estableció inicialmente con un tío que vive en O Couto, con sus dos hijos adolescentes, dejó atrás a su ex marido y su perro Mortys, que da nombre al negocio. “No era compatible vivir con él y con mi tío”, confiesa al hilo del can, el otro sigue en Venezuela trabajando para el Gobierno.
Cuatro años estuvo Emilia cuidando ancianos y limpiando en hogares no obstante entró con su nacionalidad española, documentos apostillados de sus hijos, y todos los papeles en regla. “Metí mucho currículum pero yo creo que aquí con cincuenta años te ven mayor”, opina; “hay que ser resiliente”, concluye.
Tenía un proyecto muy interesante sobre reciclaje de neumáticos Emilia. “Fue considerado de interés nacional en el Instituto de Ciencias y Tecnología de mi país”, aclara. La idea era triturar la goma y poder reciclarla para mezclar en el asfalto de las carreteras y parques. “El desgaste de las ruedas de los coches que circulan es menor, disminuye la contaminación sonora y mejoras el drenaje para la tierra, porque un neumático tarda mil años en biodegradarse”, explica.
No salió ese pelotazo pero en el CIMO le echaron un cable con su plan B, “una pastelería creativa, monté una cooperativa con mi hijo”, comenta. Y así fue como comenzó su negocio gourmet hace ya un año. “Todavía no hay ganancia, pero cubro gastos”, reconoce con una sonrisa, vaya la ilusión y la voluntad por delante. “Es cierto que lo que yo hago no es para consumir a diario y estoy en un proceso de darme a conocer”, comenta; entra al final de la entrevista una clienta, empleada de un banco. Viene a encargar unas gominolas con chispa para alegrar la comunión de uno de sus vástagos. Se convierte Mortys cake en punto de encuentro, salimos de allí con dos pastas por cabeza, y un tratamiento facial gratis. “Este es un lugar de intercambio”, risas de Emilia la disruptiva, efectivamente giró el volante del negocio a salón de té para damas en un segundo, salimos las periodistas por la puerta o empezamos a gastar cuartos.
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