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UNA VIDA DE COLECCIÓN V
Esta colección de aviones es el resultado de una pasión por volar. Manuel Martínez Siota era un joven de la posguerra que gracias al Frente de Juventudes (organización falangista, promotora de todos los deportes de esa época) aprendió a manejar aviones construidos por él mismo con madera de balsa (de origen americano), seda, pegamento y papeles especiales que Aviación Civil facilitaba a los aficionados, además del motor de explosión que los hacía volar. El taller de los aeromodelistas orensanos de los años cincuenta estaba situado en un bajo del número 15 del Parque de San Lázaro, propiedad del maderero carballinés señor Ojea, teniendo como vecinos a los Adolfo Domínguez, los Valente, los Outeiriño, los Abelairas, los Morillos y los Valencia, además de un colegio privado, una oficina del Instituto Español de Emigración y un local a pie de calle alquilado por el Frente de Juventudes donde Siota enseñaba a los chavales a los que contagiaba su afición. Allí construían los aviones con paciencia y mucha habilidad y luego los probaban en Monterrey o en el valle de Maceda.
Los alemanes fueron los creadores de estas escuelas en la posguerra con el fin de crear aviadores. En España la labor estaba encomendaba al Ejército del Aire, que traslada la responsabilidad al Frente de Juventudes, a quienes proporcionaban el material para construir aviones: madera, papel, tela y pegamento. La mayoría de estos materiales fueron sustituidos hoy por la fibra de vidrio.
El grupo ourensano de aeromodelismo se crea en Ourense en 1951 con David Pato, Bobillo, Andelo, Ellacuriaga y Siota. Construían sus aviones siguiendo planos alemanes. “Para hacer volar un avión -dice Manuel Siota-, además de habilidad manual y paciencia hay que saber qué es un avión y por qué vuela. Incluso un poco de Física”. El equipo de ourensanos llegó a participar y ganar, en numerosos campeonatos nacionales e internacionales, incluidos los llamados entonces países comunistas del Este de Europa, en donde estaban los mejores fabricantes. En esas competiciones se ponían en juego la velocidad, la acrobacia, la duración, las piruetas realizadas y la belleza del aparato.
El final del Frente de Juventudes con la llegada de la democracia acabó con las escuelas de aeromodelismo. Hoy, un grupo de aficionados sigue practicando este deporte en las proximidades de Santa Mariña y participando en campeonatos.
Siota, maestro industrial en Formación Profesional, guardó en su taller más de 40 aviones construidos por él - algunos con nombre propio -que poco a poco fue regalando a aficionados más jóvenes para que los hagan volar, que para eso los construyó con mimo. Hoy los aficionados cuentan con aviones prefabricados en China, más baratos y mucho menos bonitos y vistosos.
Siota falleció en enero de 2021 con más de 80 años. Su colección la guardan sus hijos en su taller, tal y como él lo dejó, a la espera de un destino incierto…
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