La inmigración sostiene el altar de la Iglesia ourensana

TRES NUEVOS SACERDOTES

Didier Vidal, Alvaro José Gil y Francesco Salvatori son desde el sábado nuevos sacerdotes de la diócesis de Ourense, a donde llegaron desde el extranjero buscando cumplir su vocación

Francesco Salvatori arrodillado frente a Leonardo Lemos. Detrás, Didier Moreno y Alvaro Gil.
Francesco Salvatori arrodillado frente a Leonardo Lemos. Detrás, Didier Moreno y Alvaro Gil. | Xesús Fariñas

La diócesis de Ourense cuenta desde este sábado con tres nuevos sacerdotes: Didier Vidal, Alberto José Gil y Francesco Salvatori. Los tres nuevos presbíteros llegaron a la diócesis desde el extranjero para auxiliar a un territorio falto de ministros, y en el que permanecerán ahora bajo el mandato de Leonardo Lemos, quien ayer les entregaba la sotana en un acto celebrado en el seminario mayor de Ourense.

“Es un regalo del que no somos dignos”, aseguraba Gil antes de la ceremonia. “No ha sido una decisión mía, fue el Señor quien me llamó”, añade Salvatori. “Nuestro sitio está ahora con la gente de los pueblos”, confirma Moreno, en referencia al trabajo que les espera desde este momento, y que desempeñaron durante el último año como diáconos en las parroquias de Riós, Beariz, Allariz y Verín.

De los tres nuevos sacerdotes, la de Vidal es la vocación que más tardó en cristalizar. “Siempre quise ser sacerdote”, matiza el presbítero, de origen cubano pero madre gallega y padre asturiano. “En Cuba comencé la carrera universitaria para aplazar la realización del servicio militar”, relata, “y acabé los estudios de Medicina. Luego me mandaron a lugares como Pakistán, donde trabajamos tras el terremoto de 2008, y allí reforcé mi vocación sacerdotal. Pero no pude retomar ese camino hasta los 36 años, cuando vine a Galicia a cuidar a mi madre, que se volvió por motivos de salud. Aquí conocí a don Leonardo (Lemos), que me ayudó mucho a seguir este camino”.

La llegada al sacerdocio también se hizo esperar para el venezolano Álvaro José Gil, quien inició el camino “en 2013, en Venezuela. Nací en Isla Margarita, y a los 9 años, tras la comunión, empecé a participar en la vida parroquial. Siempre admiré la disposición de los sacerdotes, y a los 25 años,quise empezar a formarme como ministro. Llegué a Ourense en 2020, y aquí terminé los estudios para el diaconado. He pasado el último año haciendo labores pastorales en Allariz”.

Alvaro José Gil
Alvaro José Gil

Desde Roma

Más corto, y aparentemente más sencillo, ha sido el camino de Francesco Salvatori, que cambió su Roma natal por la diócesis de Ourense, un cambio que “me sorprendió mucho. En Roma, el ambiente rural solo lo vives en vacaciones”. Salvatori pertenece al movimiento neocatecumenal, y “con 20 años, recibí una llamada muy fuerte. Estaba en un encuentro neocatecumenal y en un momento dado pidieron voluntarios para ser sacerdotes, y yo me presenté. Después asistí a un retiro, donde nos ayudaron a meditar la decisión, y tras un periodo formativo, se sortearon los destinos a los que iríamos. A mí me correspondió Ourense”.

Francesco Salvatori
Francesco Salvatori

Después de ser ordenados diáconos, fueron destinados a las Unidades de Acción Pastoral (UAPs) del rural de la diócesis, en una última etapa formativa impulsada por el obispo Lemos, para que los futuros sacerdotes entren en contacto con la realidad del rural ourensano. “Ha sido otro cambio a mayores”, explica Salvatori, que ha pasado este tiempo en Verín, “pero me ha gustado”. Didier Vidal añade que “hay mucho que hacer acompañando a la gente”.

Didier Vidal
Didier Vidal

Se quedan

Los tres nuevos ministros de la Iglesia permanecerán en Ourense tras su formación. “Es la tierra que Dios me ha señalado para ejercer como sacerdote”, afirma con contundencia Alvaro José Gil, quien añade que “me he ido enamorando de esta diócesis, y conociendo sus tradiciones”. A esto añade Didier Vidal que “el sacerdote está llamado a ser hoy un acompañante, además de celebrar la eucaristía y escuchar a la gente. Los fieles han cooperado para mantener al seminario, así que lo más honesto es que me ponga al servicio de quienes me han ayudado”.

Tampoco volverá a Roma Francesco Salvatori, porque “aunque formo parte del camino neocatecumenal, somos presbíteros misioneros, y estoy dispuesto a ir al rincón al que Dios me llame. Por el momento, me dice que me quede aquí, y pasaré aquí mi vida o iré a donde se me pida. Aquí estoy muy a gusto trabajando con don Oscar y don Benjamín”, concluye, en referencia a sus compañeros de Verín.

Las familias

Tanto Salvatori como Gil y Vidal han señalado que el apoyo y orientación de sus familias ha sido fundamental para llegar al sacerdocio. En el caso del italiano “me llevaron toda la vida a la parroquia. Vengo de una familia cristiana”, asegura. Una historia parecida a la del venezolano quien destaca que “siempre conté con el apoyo familiar”.

El caso de Didier Vidal es un poco distinto, pues “comenté con mi familia mi deseo de ser sacerdote. Les chocó un poco, porque tengo una hermana mayor que, como yo, estudió medicina, y dejó la profesión para hacerse monja, así que cuando les comenté mi vocación, les costó un poco aceptarlo, pero acabaron comprendiéndolo y apoyándome en mi decisión”.

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