Clara Barreiros, la joven ourensana que cría animales que dan cariño y compañía

LABRADOR RETRIEVER

Un trabajo que realizó en el ciclo formativo de acondicionamiento físico cambió para siempre la vida de Clara Barreiros. Esta joven ourensana se dedica a la cría de labrador retriever con el objetivo de que este animal ejerza una función social.

Clara Barreiros posa junto a una cachorro de la raza labrador retriever.
Clara Barreiros posa junto a una cachorro de la raza labrador retriever. | Xesús Fariñas

Clara Barreiros nunca se pudo imaginar cuando estudiaba el ciclo formativo de acondicionamiento físico que un trabajo que le mandaron sus profesores le iba a cambiar la vida. Para el proyecto final de la asignatura Inclusión Social decidió crear una empresa ficticia de terapia asistida con animales. “Siempre me gustó mucho la veterinaria y los animales”, cuenta. Animada por sus tutores, ese negocio que solo existía en su propia mente y en un pdf acabó cobrando vida años después.

Lo que empezó como una idea utópica es actualmente el día a día de Clara Barreiros. Esta joven ourensana dedica gran parte de su tiempo a la cría de labrador retriever con el objetivo de que estos animales hagan en el futuro una función social, siendo un motor de motivación para personas mayores, pacientes con depresión o niños con discapacidades.

En España hay en torno a 80 criadores de esta raza, cuatro en Galicia y solo una en Ourense, ella. En su caso, la elección de esta variedad no fue fruto de la casualidad, sino que la decisión tiene nombre propio: Xana. Así se llamaba su primer perro, el cual era un labrador. “Yo que soy hija única era como mi hermana y fueron 10 años maravillosos con ella. Me parece una raza por excelencia, son muy nobles, buenos e inteligentes. Me gustó mucho y ya no cambié”, confiesa.

No solo fue cuestión de gustos personales, esta raza también cuenta con ventajas a nivel de patologías genéticas. En su trabajo juega un papel fundamental el análisis. “Me gusta mucho informarme y conocer sobre reproducción, patologías, genética, fenotipos o nutrición”, indica.

Para ella es fundamental que los cachorros tengan una buena impronta de la madre y de los hermanos, hacer con ellos ejercicios prácticamente desde el nacimiento a nivel cognitivo, motor, propioceptivo o de socialización. Todo ello forma parte de un proceso que convierte a los cachorros en perros de apoyo social destinados a familias con necesidades específicas, desde gente de la tercera edad a otras que sufran alguna disfunción intelectual, motora o de otro tipo.

Con este tipo de personas, el animal actúa como coterapeuta. Pone como ejemplo el factor motivante que ejercen en la gente mayor. “Si tienen problemas de movilidad, pues a veces en vez de hacer ejercicios con un fisioterapeuta, le pueden lanzar la pelota al perro, o un juguete, o en gente con Alzheimer, que puede hacer diferentes rutinas como cepillarlo, darle de comer, ponerle el arnés o la correa, sacarlo a pasear, bañarlo… Ayuda mucho”, señala.

Estos animales también pueden ayudar a los más jóvenes. “Sobre todo para niños con diferentes tipos de discapacidad también es un motor y una fuente de motivación y se ve. Se ve sobre todo en las familias a las que yo destino perros para este tipo de niños, presentan muchísimas mejorías”, explica.

También funcionan como un apoyo fundamental para las personas que padecen depresión. “Al final un perro es una responsabilidad muy grande y te hace salir, estás con él, te hace compañía… Entonces se ven muchas mejorías”, asegura Barreiros.

En el tema de la cría de perros no deja nada al azar, tampoco la familia que finalmente se queda con el perro. Tiene muchas solicitudes, pero para ella lo más importante es que, quien se lo quede, lo cuide lo mejor posible. Por ello, hace entrevistas a los pretendientes. “Si no me convencen las condiciones en las que va a vivir el animal, pues para mí no son candidatos a tener un perro, porque para mí lo más importante es que ellos estén bien”, afirma.

Sobre el momento en el que se despide del cachorro indica que emocionalmente no es sencillo. “A mí al principio me resultó muy difícil, recuerdo llorar muchas veces cuando se iban los cachorros, pero el desapego se trabaja. Yo por lo menos tengo la suerte y la certeza de que se van a buenas casas”, confiesa.

Este nivel de exigencia lo aplica también con ella misma y con el bienestar de sus ejemplares adultos. Las hembras no se cruzan hasta los dos años para respetar su desarrollo y descansan saltando celos. “Todos los ejemplares que son retirados de la cría se quedan con nosotros en casa porque para nosotros es un miembro más de la familia”, explica.

Claves para la cría

Los cachorros llegan a sus nuevas familias cuando tienen dos meses y medio o tres meses. Desde que nacen y hasta ese momento se crían en la casa de Clara Barreiros, sin jaulas, lo que garantiza que crezcan en un ambiente controlado y cariñoso. “Nuestra intención no es tener muchísimos perros, sino los que tengamos, tenerlos bien y de calidad. También contamos con pocas camadas anuales”, apunta.

Su trabajo no es nada sencillo, no hay vacaciones y le consume muchas horas cada día, especialmente durante los partos. Este momento suele traducirse, la mayoría de ocasiones, en noches en vela. Pese a la dureza, está encantada con su trabajo y valora cómo su labor ayuda a las personas.

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