ACCIDENTE FERROVIARIO
España, de luto

Maltrató a su pareja mientras violaba a sus dos hijas menores en Verín

JUICIO EN OURENSE

Caso de violencia de género en Verín, Ourense: el acusado admitió desde la cárcel que sometió a la madre a una década de golpes, amenazas y terror

La conformidad, en el Penal 2. El acusado intervino por videoconferencia.
La conformidad, en el Penal 2. El acusado intervino por videoconferencia. | M. Sánchez

El círculo de terror que David Aníbal A.L. (48 años) tejió durante más de una década en una vivienda de Verín sumó este martes una nueva condena. El acusado, de 48 años y nacionalidad portuguesa, compareció por videoconferencia ante el Juzgado Penal 2 de Ourense desde el centro penitenciario de Pereiro. Allí, admitió lo que durante algo más de una década fue un secreto a voces en la intimidad de su hogar: sometió a su expareja a un maltrato habitual físico y psíquico.

El acuerdo de conformidad entre la defensa y las acusaciones rebajó la petición inicial de la Fiscalía, que solicitaba 3 años de prisión. Finalmente, tras admitir los hechos, David Aníbal fue condenado a nueve meses de prisión, una orden de prohibición de comunicar y alejamiento de 300 metros durante tres años y el pago de una indemnización de 20.000 euros.

La condena de ayer es solo la punta del iceberg de una historia depravada. La Audiencia Provincial de Ourense en julio de 2025 le impuso 28 años de cárcel (con un cumplimiento máximo efectivo de 20 años) por violar a las dos hijas menores de su expareja, un fallo que después fue confirmado en el mes de noviembre por el TSXG.

Durante 11 años, David Aníbal anuló por completo a su pareja, con la que también tiene una hija en común. El escrito de acusación que el procesado admitió relata episodios de violencia explícita: desde una paliza en Montalegre (Portugal) hace una década , hasta ponerle un cuchillo en el abdomen en Verín cuando ella cuestionó su paternidad.

El maltrato no era solo físico, sino psicológico. “Negra de mierda”, “hija de puta” o “noxenta” eran insultos habituales, a veces gritados en plena calle en Vigo o en la intimidad del hogar frente a las menores. El acusado llegó a arrancar un trozo de oreja al perro de la familia como castigo y rompió muebles para infundir terror. El objetivo era claro: generar en su compañera un “sentimiento de desamparo, indefensión y pérdida de confianza”.

Mientras ella era anulada psicológicamente y trabajaba jornadas maratonianas para sostener a la familia (era el único sustento económico del hogar), David Aníbal aprovechaba su rol de padrastro y cuidador para agredir sexualmente a las dos hijas de su pareja.

La sentencia de la Audiencia Provincial consideró probado que entre mayo de 2022 y abril de 2023 el inculpado aprovechó la “absoluta confianza” de la madre para agredir sexualmente de forma reiterada a las niñas cuando tenían 10 y 12 años. Los hechos ocurrían en el domicilio familiar, cuando él se quedaba a cargo de ellas, o incluso en viajes en coche. El acusado utilizaba su superioridad y la manipulación emocional, diciéndoles que si hablaban “separarían a la familia” o le harían daño a su madre.

La caída de David Aníbal se produjo el 14 de abril de 2023. Ese día, la hija mayor vio a su madre llorar de agotamiento y le preguntó: “¿Quieres a David?”. Ante la respuesta resignada de la madre, la niña confesó: “Él abusa de nosotras”. En ese momento, la progenitora confrontó al agresor, quien huyó de la casa llevándose dinero y el coche, antes de ser detenido y encarcelado.

El sadismo como método de anulación: ni el perro se libró

David Aníbal generaba sufrimiento para afianzar su control y nadie estaba a salvo. Según el escrito de la Fiscalía admitido este martes, llegó a “arrancar un trozo de oreja al perro de la familia como muestra de castigo”. Este acto no fue un hecho aislado, sino una herramienta de coacción. En la sentencia de la Audiencia, la niña más pequeña relató cómo el acusado se burlaba de ella cuando lloraba por su perro, Chispa. La menor contó que David “cogió un palo de hierro” y golpeó al animal hasta hacerlo sangrar. Lo más perturbador es el “trofeo” que guardaba: conservaba la correa del perro “de recuerdo” para atormentar a la niña recordándole el sufrimiento del animal.

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