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ENFERMEDADES SIN CURA
Coincidiendo con la celebración del Día Mundial de la Fibromialgia, Fátiga Crónica, Encefalomielitis Miálgica, Electrohipersensibilidad y Sensibilidad Química Múltiple (SQM), la doctora María Argentina Rey, afectada de esta última enfermedad, pide más atención a estas enfermedades y a quienes las sufren. Hace 18 años María Argentina Rey sufrió un accidente laboral por un vertido de gasoil en el centro de trabajo. A raíz de este hecho fue diagnosticada como paciente de sensibilidad química. Las dolencias producidas por esta enfermedad, como fatiga extrema, problemas respiratorios, náuseas y taquicardias la obligaron a jubilarse anticipadamente y desde entonces aplicar decenas de precauciones en su vida cotidiana.
Transformada en activista, la doctora Argentina Rey explica: “Desde que dejé de trabajar intento que la población entienda que puede afectar a cualquier persona”. Según su testimonio, no se trata de una enfermedad rara, sino de una respuesta del organismo al desarrollo de la industria química desde mediados del siglo XX. El problema fundamental radica en la acumulación de pequeñas dosis diarias de químicos -pesticidas, aditivos alimentarios o ropa de fibra sintética- que “acaban superando la carga química que el cuerpo puede soportar”.
La SQM es una patología orgánica que afecta gravemente a los sistemas nervioso central, endocrino e inmunitario. Los pacientes reaccionan ante exposiciones mínimas que normalmente no afectarían a otras personas y están obligados a llevar una vida aislada para evitar crisis que pueden poner en peligro su vida. En cada salida a la calle la doctora Argentina Rey debe hacerlo con una masacarilla especial. Sin embargo, incluso el material de la mascarilla puede resultar inapropiado al entrar en contacto con la piel de un paciente de SQM. Las disficultades llegan al punto que interactuar con una persona que lleve colonia, exponerse al olor o contacto de productos de la limpieza, incluso ropa lavada con suavizante, repercute de forma inmediata en personas como la doctora.
Sobre los principales afectados y el porcentaje de quienes mayormente padecen SQM detalla Argentina Rey que “el 80% son mujeres, lo cual tiene una explicación biológica: las mujeres poseen, de media, un 15% más de grasa corporal que los hombres. El organismo femenino actúa como un ‘bio-acumulador’ de estas toxinas”. Además, advierte de un aumento alarmante en niños de apenas 6 o 7 años, quienes ya nacen con una carga química transmitida intrauterinamente por sus madres en un mundo sobreexpuesto a contaminantes.
“Es habitual que la SQM no se presente de forma aislada”, incide la doctora, “los pacientes suelen referirse con humor al ‘pack completo’ cuando la enfermedad coexiste con la fibromialgia, la fatiga crónica y la electrohipersensibilidad”. A pesar de su gravedad, la falta de reconocimiento oficial por parte de la Organización Mundial de la Salud con un código propio dificulta la obtención de incapacidades laborales, sumiendo a muchos enfermos en una precariedad extrema e incomprensión médica y teniniedo que resolver custiones así en los tribunales. “Muchos pacientes; al no ver salida y vivir en condiciones de aislamiento y pobreza, decidieron quitarse la vida”.
Sin embargo, en Ourense se han logrado avances que sirven de ejemplo para España. El Complejo Hospitalario de Ourense (CHUO) aplica un protocolo de atención estricto que garantiza espacios libres de químicos, un programa de humanización que fue premiado en 2023 por la Plataforma de Organizaciones de Pacientes.
Visibilizar la SMQ ha traspasado fronteras mediante un proyecto internacional de concienciación y reconocimiento de esta enfermedad donde participan doce países. Esta iniciativa busca incidir en el consumo responsable y la necesidad de “zonas blancas” en lugares públicos. Para ejemplificarlo, la doctora utiliza la metáfora de los “canarios de la mina” para describir a los afectados. “Al igual que estos pájaros detectaban el gases tóxicos antes que los mineros, los enfermos de sensibilidad química son centinelas que avisan a la sociedad de que el entorno actual está enfermando a la población”.
Para la doctora Rey, la única medicina ante esta enfermedad sin cura es informar y prevenir. “Nuestra forma de vestir usando tejidos naturales puede ayudar. Cuidar el planeta es cuidar de nosotros mismos”, enfatiza.
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