Meses malos para la hostelería ourensana, obligada a cerrar

CAÍDA EN LA PROGRAMACIÓN CULTURAL

Sin una agenda cultural que atraiga público, buena parte de la hostelería afronta un verano de mínimos en la provincia de Ourense

Un empleado de hostelería, en Ourense, en una imagen de archivo.
Un empleado de hostelería, en Ourense, en una imagen de archivo. | Óscar Pinal

La falta de actividad cultural también golpea a una hostelería que le vendría muy bien el movimiento generado por conciertos, festivales y otras iniciativas para atraer público. Sin citas capaces de llevar gente a las calles, la ciudad pierde tránsito y numerosos negocios optan por reducir horarios o cerrar durante julio y agosto.

La situación afecta especialmente a aquellos establecimientos que carecen de espacio exterior. “La pauta desde hace varios años es que, a partir de junio, los negocios de hostelería que no están en el casco viejo o no tienen terraza son insostenibles en verano”, explica Isaac Pedrouzo, responsable del Torgal. A su juicio, desde la pandemia se ha consolidado esta dinámica de consumo, que deja en una posición muy débil a numerosos locales.

La ausencia de programación alimenta así un círculo vicioso. Sin conciertos ni iniciativas culturales, Ourense se vacía y cae la clientela. Con menos público, los negocios suspenden actividades, reducen personal o bajan la persiana hasta septiembre. El parón no afecta únicamente a las salas que programan música, sino también a restaurantes y bares que podrían beneficiarse del público atraído por una agenda cultural estable.

Mientras otras ciudades utilizan el verano para generar actividad y consumo, Ourense deja escapar ese impacto económico y empuja a parte de su hostelería al cierre.

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