CAÍDA EN LA PROGRAMACIÓN CULTURAL
Meses malos para la hostelería ourensana, obligada a cerrar
CAÍDA EN LA PROGRAMACIÓN CULTURAL
La falta de actividad cultural también golpea a una hostelería que le vendría muy bien el movimiento generado por conciertos, festivales y otras iniciativas para atraer público. Sin citas capaces de llevar gente a las calles, la ciudad pierde tránsito y numerosos negocios optan por reducir horarios o cerrar durante julio y agosto.
La situación afecta especialmente a aquellos establecimientos que carecen de espacio exterior. “La pauta desde hace varios años es que, a partir de junio, los negocios de hostelería que no están en el casco viejo o no tienen terraza son insostenibles en verano”, explica Isaac Pedrouzo, responsable del Torgal. A su juicio, desde la pandemia se ha consolidado esta dinámica de consumo, que deja en una posición muy débil a numerosos locales.
La ausencia de programación alimenta así un círculo vicioso. Sin conciertos ni iniciativas culturales, Ourense se vacía y cae la clientela. Con menos público, los negocios suspenden actividades, reducen personal o bajan la persiana hasta septiembre. El parón no afecta únicamente a las salas que programan música, sino también a restaurantes y bares que podrían beneficiarse del público atraído por una agenda cultural estable.
Mientras otras ciudades utilizan el verano para generar actividad y consumo, Ourense deja escapar ese impacto económico y empuja a parte de su hostelería al cierre.
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