Miguel Pérez de Juan, ex jefe de Cardiología del CHUO: “Hemodinámica y desfibriladores han sido mis dos grandes batallas“
ENTREVISTA
Miguel Pérez de Juan (Ourense, 1956), exjefe de Cardiología del CHUO, ha terminado su etapa en el Sergas, pero está muy lejos de jubilarse. Con motivo del Día Mundial del Corazón, repasa su trayectoria, algunas de las batallas que marcaron la cardiología provincial y un futuro que todavía mira desde la actividad.
Miguel Pérez de Juan (Ourense, 1956), exjefe de Cardiología del CHUO, ha terminado su etapa en el Sergas, pero está muy lejos de jubilarse. Mantiene su consulta en la ciudad y acaba de embarcarse en un nuevo proyecto ligado a la medicina genética. Con motivo del Día Mundial del Corazón, repasa su trayectoria, algunas de las batallas que marcaron la cardiología provincial y un futuro que todavía mira desde la actividad.
Pregunta. Tras dejar el Sergas, ahora tiene entre manos un proyecto relacionado con la genética. ¿Qué está haciendo exactamente?
Respuesta. Estoy trabajando en un proyecto de medicina genética, que creo que es el presente y el futuro. Permite personalizar el diagnóstico, el tratamiento y, sobre todo, la prevención. Tener una mutación o un perfil de riesgo no es una sentencia, pero sí puede permitir tomar medidas antes de que aparezca la enfermedad. En cardiología tiene aplicación en síndromes relacionados con la muerte súbita, miocardiopatías, algunas arritmias, amiloidosis o hipercolesterolemia familiar. También está la farmacogenética. Todo debe ir siempre ligado a la historia clínica y familiar.
P. ¿Y hasta qué punto los hábitos pueden influir en algo que viene marcado por nuestros genes?
R. Ahí entra la epigenética, que depende del genoma y del ambiente. Según tus hábitos de vida puedes modular esa respuesta, puede hacer que un gen se exprese o que se frene. El ejercicio físico, la alimentación, el sueño y también la soledad son hoy pilares fundamentales para el envejecimiento y la buena salud.
P. Regresó a Ourense en 1988 después de formarse en México. ¿Qué ha cambiado desde entonces?
R. La cardiología es una de las especialidades que más ha evolucionado. Antes un infarto condicionaba mucho la esperanza y la calidad de vida. Hoy han cambiado enormemente el intervencionismo coronario, la cirugía, el tratamiento de las arritmias y la farmacología. Una cosa va unida a la otra: no sirve de nada hacer un gran procedimiento si después no existe un buen tratamiento médico.
P. ¿Cuál considera el mayor logro de su carrera en Ourense?
R. Para mí, luchar por la Hemodinámica. Hubo mucha oposición. Cuando yo empecé llegábamos a enviar pacientes hasta el Hospital de Valdecilla, en Santander, para realizar determinados procedimientos. Cuando se demostró que abrir una arteria en las primeras horas era fundamental, quedó claro que los tiempos hacían necesario disponer de una sala propia en Ourense. Fue una reivindicación de mucha gente, no solo de Cardiología: asociaciones, profesionales del hospital y personas como Miguel Santalices apoyaron aquella demanda. Se puso en marcha en 2007 y fue un cambio enorme.
P. En 2008 dejó temporalmente la sanidad pública para formar parte del Senado. ¿Por qué dio ese paso?
R. Mi nombre había salido antes para el Parlamento de Galicia y también para la Alcaldía de Ourense. Cuando me plantearon entrar en política pensé que el Senado era la opción que mejor me permitiría seguir vinculado a la medicina. Mi intención era compaginar ambas cosas y pensé inicialmente que podría continuar también en el hospital, pero después comprobé que no era tan compatible como parecía. Sí mantuve mi actividad médica, aunque reducida. Además, el Senado me permitía intentar sacar adelante cuestiones sanitarias que me interesaban. Nunca pensé en hacer una carrera política permanente.
P. ¿Lo de la Alcaldía fue una posibilidad real?
R. Me lo plantearon y tuve alguna reunión prácticamente hasta el último momento. Lo que no sé es hasta qué punto fue un tanteo o una posibilidad real, porque yo tampoco llegué a decir que sí. Mi nombre salió, hubo conversaciones y está claro que todo aquello fue también la antesala de mi entrada posterior en el Senado.
P. Una de sus iniciativas allí fue extender los desfibriladores fuera de los hospitales.
R. Fue mi otra gran batalla. Presenté una moción para fomentarlos en espacios públicos, instalaciones deportivas, colegios o concellos. Todos los grupos políticos la apoyaron. Utilicé una comparación muy sencilla: igual que hay extintores en los edificios, debería haber un desfibrilador. Hoy está completamente normalizado y han servido para salvar vidas.
P. También reclamó unidades de rehabilitación cardíaca en el Senado, pero la del CHUO tardó unos 15 años en llegar. ¿Por qué cuesta tanto poner en marcha estos recursos?
R. En Ourense la principal dificultad fue la falta de personal. La dirección apoyaba el proyecto, pero tenemos un área muy extensa y no siempre era fácil cubrir todas las necesidades. Galicia tampoco fue especialmente pionera en rehabilitación cardíaca. Hoy ya existe en toda la comunidad y creo que es fundamental en el tratamiento de estas patologías, incluso para pacientes que no pueden hacer ejercicio con normalidad.
P. Tuvo algo que ver con la implantación del grado de Ingeniería Biomédica en la Universidade de Vigo. ¿Cómo fue aquello?
R. Cuando era presidente de la Fundación Gallega del Corazón, se lo propuse a Emilio Atrio, que por aquel entonces presidía el Consello Social de la Universidade de Vigo. Yo ya había visto en otros países que había ingenieros trabajando al lado de los médicos, ayudando a resolver las diversas cuestiones técnicas. Aquí esa conexión entre las dos disciplinas no estaba desarrollada todavía. Organicé una comida y le planteé que trasladara al rectorado la implantación del grado. Con el tiempo se puso en marcha, cuando Ingeniería Biomédica todavía estaba en plena expansión en las universidades españolas. Hoy es una titulación con mucho éxito.
P. Después de ocho años en el Senado regresó al hospital y acabó asumiendo de nuevo la jefatura. ¿Cómo fue aquella vuelta?
R. Cuando regresé, el servicio estaba lógicamente en manos de otra persona. Después me ofrecieron coger otra vez la jefatura y tuve que pensármelo. Tenía ya 60 años y no quería meterme otra vez en líos, pero al final dije que sí. Fueron años buenos, gracias también al equipo, que me ayudó mucho. Me sentí muy cómodo y se pusieron en marcha cosas nuevas, como la rehabilitación cardíaca, la consulta cardiorrenal o la unidad de dolor torácico.
P. Después de tantos años, ¿qué le queda por hacer?
R. Este proyecto de medicina genética ya me lo habían propuesto cuando estaba en el Sergas, pero siendo jefe de servicio preferí dejarlo para más adelante. Ahora me apetecía explorar algo nuevo y está siendo un gran estímulo. Mantengo también mi consulta y, mientras me encuentre bien y me apetezca trabajar, seguiré. Ahora puedo hacerlo al ritmo que yo me marco. Me gusta trabajar, creo que unos años más mi cuerpo me aguanta.
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