Adiós a Juan Fernández Novo, ese amigo bondadoso, tranquilo, competente
OBITUARIO
El recuerdo de Juan F. Novo, directivo de Caixa Ourense y Adolfo Domínguez, permanece entre familiares y amigos, que destacan su serenidad, discreción, bondad y pasión por las caminatas y la conversación.
Con la palabra justa, que introducía cuando el conflicto asomaba, discreto, sonriente, hombre de paz, que irradiaba con su sola presencia, nos dejó Juan como para no creérnoslo, por inesperado. Un golpe brutal, cuando aguardábamos todo lo más las noticias de una operación de rodilla, que le permitiría volver a nuestras matinales caminatas de entre semana o él, además, a las diarias tempraneras, so pretexto de pasear a la cadeliña de su nieta.
Juan F. Novo era ese depositario de tantas anécdotas de una niñez pasada entre el Parque de San Lázaro y la rúa Bedoya, donde correteaba, se cultivaba en los pupitres de la pública enseñanza después, para licenciarse en ciencias económicas en la USC, Universidade de Santiago de Compostela, lo que le abrió el acceso a la entonces Caixa Ourense, donde ejercería puestos directivos; siendo captado, posteriormente, por la textil de moda Adolfo Domínguez para dirigir sus finanzas, cargo que con solvencia ejerció. Como muestra de ello fue el que le hubiesen incorporado al consejo de administración.
Este "cursus honorum" de Juan, si bien es el distintivo de una vida laboral exitosa, no es lo que más destacaba de su personalidad, sino la de ese competente y ponderado capaz de examinar una situación crítica desde la calma que da el saber para no apresurarse cuando hubieron de tomarse decisiones importantes que reflotaron una empresa, que como todas, aun dentro de un innegable éxito en el mundo de la moda, tienen sus periodos de crisis. En ese saber transmitir, en la calma, residía la gran virtud de este amigo al que su ponderación permitía este lujo de navegar en aguas procelosas, de lo que hacía gala incluso con sus amigos, entre los que creo encontrarme, donde siempre la mesura, el humor fino, la relatividad se imponían. Nunca figuraría lo grueso en su diccionario.
Su tránsito fue una sacudida para todos los de esa tertulia de colegas, amigos y compañeros de caminatas que sentiremos su ausencia que ya no se llenarán de su rica conversación siempre acercando, relativizando. Le echaremos de menos, aun cuando nuestro WhatsApp deje de bullir con notas de incredulidad.
Si impactados nosotros, sus amigos de décadas, la familia asolada por ese no creerse lo que ha pasado para quien lleno de salud. Recordaba que hace un par de años hacíamos algunas rutas por las Trevincas, una de ellas por Valdesirgas, ese paraje suroeste, sito en ese valle glaciar donde han contenido las aguas del río que le ha dado nombre, antes de que se rinda al Bibei, en Porto de Sanabria, caminando ambos un tanto al rebufo de tres más enteros montañeros.
Dejas mucho aquí, bienquerido amigo, con flecos difíciles de llenar; tu palabra reposada, cargada de sentido, donde la competencia se daba por descontado; la discreción era norma; la vida, disfrute; la familia, lo más; los amigos, para toda la vida; la bondad, como un algo inherente a tu personalidad.
Amigo Juan, siempre te atisbaremos en ese horizonte en el que ya te han colocado tus más íntimas Olga, Anxela, Olguita y esos nietos bien amados, los de aquí, y los de la indómita Escocia.
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