Los musulmanes reclaman un cementerio para sus difuntos en Ourense

REPATRIACIÓN: 6.000 EUROS

Tras años de falta de espacio para entierros según la ley islámica, los musulmanes de Ourense reclaman un cementerio propio. La repatriación de los fallecidos es la solución actual, pero su coste se dispara a los 6.000 euros.

El imán de la mezquita en el barrio de A Carballeira entrando al templo para iniciar el rezo nocturno.
El imán de la mezquita en el barrio de A Carballeira entrando al templo para iniciar el rezo nocturno. | José Paz

Una vez finalizado el Ramadán, los fieles de Alá regresan a su cotidianidad tras un mes de oraciones, lecturas del Corán y ayuno. Pero todavía para ellos hay un asunto que les preocupa y que permanece sin solución. Los musulmanes en Ourense —ni los de ninguna localidad gallega— poseen una maqbara (cementerio) donde sepultar a sus difuntos.

“No tenemos. Estamos buscando desde la Unión de Comunidades Islámicas de Galicia” (Ucidgal), asegura Ibrahim Diouf, secretario de la Comunidad Islámica de Ourense. “Tuvimos apalabrado un terreno en Pontevedra, pero al final no resultó. Para nosotros es difícil, actualmente es un problema muy grande”, lamenta acerca de la ausencia de un espacio adecuado para oficiar inhumaciones acorde a su religión.

Según el ritual funerario islámico, cuando ocurre un fallecimiento se realiza el Al-Na’i, que es el anuncio a toda la comunidad acerca de la luctuosa novedad. La frase: “Inna lillahi wa inna ilayhi raji’un” (Ciertamente somos de Alá y a Él hemos de volver) se repite entre quienes son avisados. Luego se procede al llamado para que se conozca hora, lugar y nombre de quien ha expirado para rezar por su alma.

Apelar a la repatriación

“Cuando un musulmán fallece se realiza la Du’a, que son súplicas por el alma del difunto”, explica Ibrahim. Un detalle importante en torno al inicio de este ritual de despedida es que se pregunta a familiares o la comunidad si el finado tenía deudas pendientes, ya que el paso hacia la inmortalidad y el descanso no se realiza hasta que estas sean liquidadas.

“Entonces nos reunimos los hermanos o hermanas y procedemos a realizar el lavado del cuerpo, para que sea purificado”, pormenoriza Ibrahim acerca de este paso llamado Gusl, donde personas del mismo sexo realizan un baño ritual de la cabeza a los pies, para luego cubrirlo con una mortaja blanca: el kafan, que puede ser de una sola pieza o, en el caso de los hombres, estar compuesta de tres partes y las mujeres de cinco.

Terminado este proceso frente al difunto, se realiza el Salat al-Janazah, nuestro rezo para estos casos. A pesar de cumplir con la liturgia establecida, no poder enterrarlo según la ley islámica, en contacto directo con la tierra sobre su costado derecho y con el rostro orientado hacia la Qibla (la dirección de la Meca), ha supuesto para esta comunidad apelar a la repatriación para quienes proceden de países como Senegal o Marruecos.

“Por Ucidgal tenemos un fondo de repatriación en Abanca. Si es una familia, por ejemplo, un matrimonio con los niños, son 50 euros al año. En el caso de una sola persona, serían 25 euros. Entonces, si fallece alguien, se realiza el trámite y también puede acompañarlo a su país de origen una persona”, detalla Ibrahim sobre este proceso cuyo coste puede oscilar entre los 3.000 y los 6.000 euros.

Cementerios islámicos

Aunque la población musulmana en España supera los dos millones de personas y en la provincia de Ourense sobrepasa los 2.000 —con importantes comunidades como en Xinzo de Limia u Ourense capital—, el número de maqbaras o parcelas a nivel nacional es apenas de 40, según datos de la Comisión Islámica de España.

Las ciudades donde se ubican estos espacios son: un cementerio en el municipio madrileño de Griñón, una parcela en la necrópolis de Carabanchel, mientras que Andalucía y Cataluña tienen parcelas dentro de sus camposantos. Las únicas excepciones son Ceuta y Melilla, que, similar a Griñón, disponen de sus correspondientes cementerios islámicos.

Según apunta Ibrahim, para destinar un terreno a estas funciones no es necesario hacer consagración alguna, solo designar el perímetro, limpiar el espacio y disponer de un local para la ceremonia del Gusl, pues acorde a la ley islámica los entierros deben realizarse, de ser posible, antes de que se ponga el sol el mismo día del fallecimiento.

Un derecho fundamental

Según el Acuerdo de Cooperación firmado el 28 de abril de 1992 entre el Estado y la Comisión Islámica de España, el entierro digno se reconoce como uno de los derechos fundamentales para esta comunidad.

En septiembre de 2023, la Xunta de Galicia aprobó un nuevo Decreto de Sanidad Mortuoria, que autorizaba entierros sin ataúd por motivos religiosos. Para los musulmanes en Ourense ciudad, el cementerio de Santa Mariña se presentaba como el ideal para destinar una parcela con los requerimientos islámicos, sin embargo, el caso omiso del Concello a esta necesidad continúa repercutiendo de forma directa en ellos.

Aunque entre los afiliados a la Comunidad Islámica de Ourense no haya fallecido todavía ningún miembro, sin restarle importancia a este tema y las gestiones que acarrea contactar con aerolíneas y consulados, Ibrahim Diouf argumenta: “En verdad la tierra es un asunto menor. Lo importante es cómo fue la persona en vida. Lo que tuvo en su corazón”.

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