Ourense baja la persiana: cuatro de cada diez bajos están vacíos

LA CIUDAD GALLEGA CON MÁS LOCALES VACÍOS

La crisis comercial deja a Ourense con más de 1.600 locales cerrados, la cifra más alta de Galicia

Local cerrado en el centro de la ciudad.
Local cerrado en el centro de la ciudad.

El paisaje urbano de Ourense ha cambiado por completo. Las calles que antes rebosaban vida con el bullicio del comercio “de toda la vida” se están convirtiendo, cada vez más, en “calles fantasma”, con decenas de negocios luciendo la persiana bajada y el cartel de “se traspasa” de forma permanente. Este fenómeno, auspiciado por el imparable ascenso de las grandes cadenas y, sobre todo, del comercio online, está dejando una huella profunda en el tejido económico y social de Ourense. Los pequeños comerciantes no pueden competir con la comodidad de recibir cualquier producto en cuestión de horas en la puerta de casa, sumada a la oferta diversificada de las grandes superficies.

Según los cálculos que maneja la Federación Galega de Empresas Inmobiliarias (Fegein), la realidad en Ourense comienza a adquirir tintes dramáticos: el 40% de los locales comerciales que se encuentran registrados en el Catastro están actualmente vacíos, un total de 1.600. Esto significa que casi cuatro de cada diez espacios diseñados para la actividad económica en los barrios de la ciudad no albergan ningún tipo de actividad. Y lo más preocupante de esta cifra, es que no ha parado de crecer en los últimos años. Hace dos años la cifra era de 1.400 locales vacíos, y hace apenas un año de 1.500. Además, esta cifra sitúa a Ourense como la ciudad gallega con más locales comerciales vacíos, por encima de Vigo (1.200), A Coruña (845), Santiago (490), Lugo (318), Ferrol (310) y Pontevedra (280).

Si se tienen en cuenta solo los que se encuentran dentro del circuito de comercialización (muchos propietarios directamente optan por mantener sus establecimientos cerrados y no ofertar su alquiler en ninguna plataforma), la urbe cuenta en la actualidad con cerca de un millar de bajos en el circuito de comercialización, es decir, a la espera de que algún empresario se decida a emprender.

El Casco Vello y los barrios periféricos son los más afectados por esta oleada de locales comerciales vacíos. En el casco antiguo son ya más de 200 los que están sin ninguna actividad y los barrios más populosos como O Couto y A Ponte suman ya dos centenares de bajos sin ocupar.

Los motivos

“La falta de relevo generacional, la elevada presión fiscal, el alza de los precios, la escasez de empleados cualificados en diferentes sectores y los costes laborales de contratación penalizan a las actividades económicas más débiles, como autónomos y microempresas, aumentando así los locales cerrados en el circuito de comercialización”, explica Benito Iglesias, presidente de Fegein. Iglesias advierte de que este fenómeno no ha parado de crecer en los últimos años: “Está aumentando el cese de actividad en pequeños y medianos ayuntamientos, con el cierre de negocios de toda la vida, aquellos que contaban con más de 25 años de antigüedad. Las grandes superficies y la compra online le están dando la puntilla sin remedio”, apunta.

Desde Fegein precisan que el sector de restauración y bares/cafeterías, que había sido el más resiliente, protagoniza ahora el mayor número de cierres con locales vacíos que no se vuelven a ocupar.

Esta falta de interés por retomar la actividad comercial está teniendo incidencia directa en los precios. Según los datos que maneja la patronal inmobiliaria, los precios se están estabilizando o incluso están disminuyendo levemente en todas las áreas y ciudades. En Ourense, el precio por metro cuadrado ronda los 6,5 euros -esto se traduce en que para un local comercial estándar de unos 120 metros cuadrados habría que pagar cerca de 780 euros al mes-.

Esta situación se da a pesar de que mantener un local comercial con la persiana bajada representa un importante coste económico para sus propietarios. Según los cálculos de Fegein, la factura media anual de tener un establecimiento vacío asciende a unos 3.000 euros entre partidas como la comunidad, el IBI, el mantenimiento de los servicios de agua o luz.

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