OBRAS Y SOCAVONES
Ourense, la ciudad de las vallas infinitas
OBRAS Y SOCAVONES
La espantada de la constructora Opain en la avenida de Portugal, donde ha retirado su maquinaria tras los impagos reiterados del Concello de Ourense, es solo el síntoma visible de una controvertida gestión de las obras en la ciudad. Tres grandes proyectos -las reformas del Posío y Alejandro Pedrosa, junto a la restauración de la locomotora de A Ponte- no solo acumulan meses de retraso sobre el plazo de adjudicación, sino que arrastran años de demora respecto a sus planes originales. El gobierno local ha convertido Ourense en un laberinto de vallas donde los plazos son papel mojado y las empresas huyen.
El Xardín do Posío es hoy otro símbolo de la polémica gestión de las obras públicas. El proyecto, que el alcalde heredó listo en septiembre de 2021, permaneció congelado hasta diciembre de 2023, cuando el pánico a perder las subvenciones europeas obligó a licitarlo. El resultado en este marzo de 2026 es un erial de cemento que ha borrado la esencia botánica del parque -Jácome alega que se eliminaron especies por decisión técnica, ante las críticas vecinales-. La obra debería haberse entregado el 3 de febrero, pero sobrevive a base de prórrogas que fían la apertura a abril.
En O Vinteún, la calle Alejandro Pedrosa sufre un calvario similar. Lo que se anunció como una “humanización” de ocho meses ha entrado ya en su decimotercer mes de zanjas y polvo. La inacción no solo castiga a vecinos y negocios, sino que hace pender de un hilo los fondos Next Generation, que exigen unos plazos que el Concello es incapaz de cumplir.
El cuadro lo completa la locomotora de A Ponte. Prometida para la primavera de 2021, Jácome tardó cinco años en adjudicar el repintado tras ver cómo varios concursos quedaban desiertos ante la desconfianza de las empresas. El deterioro acumulado por el retraso obligó a inflar el presupuesto. El plazo de cuatro meses tras el inicio en octubre venció en febrero.
A este escenario se suma el socavón de Pena Trevinca. Mañana viernes se cumplen exactamente los dos meses que el regidor dio de plazo para reabrir la calle tras el hundimiento provocado por la borrasca Joseph. Sin embargo, el cráter sigue abierto, el tráfico cortado y los vecinos viven con temor.
Esta parálisis es la marca de la casa. En Rabo de Galo, la negligencia dejó en 2022 a ancianos aislados por escalones de 30 centímetros, bloqueando incluso el paso de ambulancias ante infartos. Aquella obra de un millón de euros se estiró hasta los trece meses entre denuncias de 150 vecinos por un resultado “chapucero”. Un guion idéntico al de la calle Vázquez Núñez, en A Carballeira, donde los plazos se duplicaron y los obreros confesaban que se iban porque no cobraban.
Ourense es hoy la única ciudad con los ingresos del Estado retenidos por Hacienda. Con una morosidad y una deuda opaca que espantan a las constructoras, la avenida de Portugal es solo el recordatorio de una ciudad en la que el alcalde hace tiempo que perdió el control de su propio calendario.
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