Los padres de la bebé ourensana con graves lesiones no saben qué ocurrió

MALTRATO INFANTIL

La fiscal mantiene su petición de 29 años cárcel para cada uno de los progenitores: “Hubo riesgo vital y solo pudieron ser ellos”

Los padres, durante el juicio de este viernes.
Los padres, durante el juicio de este viernes. | La Región

La segunda sesión del juicio por las gravísimas lesiones que pusieron en riesgo la vida de una bebé a finales de 2022, cuando apenas tenía dos meses y medio, estuvo marcada por la declaración de sus padres. Los inculpados, actualmente separados y sin su hija por orden judicial desde hace casi cuatro años, se sientan en el banquillo acusados de un grave maltrato infantil continuado.

Durante sus comparecencias, Julio Alberto G.V. y María Jesús T.E. aseguraron desconocer cómo se produjeron las múltiples fracturas de costillas y piernas, así como el traumatismo craneoencefálico que motivó el ingreso de la pequeña en la UCI Pediátrica del Complexo Hospitalario de Ourense (CHUO) el 2 de diciembre de aquel año cuando residían en Xinzo.

Sus explicaciones no convencieron a la fiscal, que mantuvo intacta su petición: 23 años de prisión para cada progenitor por un delito de maltrato habitual y cuatro delitos de lesiones. El Ministerio Público solicita también la inhabilitación especial para el ejercicio de la patria potestad durante cinco años, junto con 40 años de alejamiento e incomunicación para cada acusado.

Respecto al día en que la niña fue llevada a Urgencias, ambos ofrecieron su propia versión de los hechos. María Jesús relató que, al regresar de pasear al perro, encontró a su hija despierta, pero sin llorar, en el regazo de su pareja. Fue entonces cuando descubrió “un bulto prominente” en la cabeza -el signo visible del hundimiento craneal por fractura y la hemorragia- y dos “moraditos en la parte izquierda de la frente”, que se sumaban a otros dos que le había visto en el lado derecho un par de días antes. Ante este cuadro, tomó la iniciativa de llevarla al hospital.

Por su parte, Julio Alberto sostuvo que, mientras la madre paseaba al perro, la niña estaba en su silla y empezó a llorar. Aseguró que fue al cogerla en brazos cuando notó la lesión: “Le noté un bultito por detrás de la cabeza, pero antes no le había visto nada”. El acusado, que justificó sus largas ausencias del domicilio familiar por su profesión de camionero, se declaró incapaz de hacerle daño a la bebé porque, tal como afirmó, “estaba loco por ella”.

 “Fui una buena madre”

Entre lágrimas, María Jesús defendió su papel como cuidadora, afirmando haber sido siempre “una buena madre”, llegando a recordar que todavía conserva en el congelador la leche materna de su hija o que, durante la semana que pudo acompañarla en la UCI, apenas se duchó dos veces. Hasta en cinco ocasiones consecutivas negó haber tenido comportamientos bruscos con la bebé: “Nunca (...), no lo hice con ninguno de los sobrinos que cuidé”.

Aunque evitó acusar directamente a su expareja del maltrato infantil, lo describió como un hombre “impulsivo” y “violento”, recordando que en 2023 lo denunció por un intento de agresión física, un episodio que terminó en condena. “Diez meses después lo dejé, cuando me di cuenta de que pudo haber sido él”, añadió. Sin embargo, a preguntas de la fiscal Laura Echevarría sobre si lo consideraba capaz de dañar a la niña, evitó ser categórica: “Confío en que no lo hubiera hecho”.

Previamente, su abogado, Luis Salgado Carbajales, intentó sembrar la duda aludiendo a un wasap que Julio envió a María Jesús Jesús en diciembre de 2022. El mensaje, que la defensa intentó incorporar sin éxito como prueba documental el primer día del juicio por llegar fuera de plazo, decía: “Igual fui yo, ya no lo sé, no me acuerdo”.

En la fase de conclusiones, la fiscal se mantuvo firme. Subrayó que la vida de la niña estuvo en riesgo extremo y descartó cualquier origen accidental o patológico de los daños físicos. “Siempre estaba con ellos (...), solo pudieron ser los padres”, aseveró, destacando la absoluta incapacidad de ambos para explicar la causa de unas lesiones de semejante gravedad.

La letrada del padre insistió en que actuó correctamente mientras el abogado de la madre estructuró su alegato final en torno a interrogantes sin respuesta para poner el foco en la falta de certeza sobre el origen de las lesiones y la imposiiblidad de atribuirlas a la madre, dejando entrever la posibilidad de una negligencia por parte del progenitor.

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