Pasajeros afectados por la incidencia ferroviaria: “Nos han tratado como ganado”

RESCATES DE BUS INSUFICIENTES

El colapso ferroviario convierte la estación de Ourense en un campamento improvisado tras absorber pasajeros de toda Galicia con 39 grados de temperatura en el exterior, la megafonía inutilizada y cientos de personas al borde de un ataque de nervios

El abanico, pieza fundamental ayer en la estación, con gente al borde del desmayo.
El abanico, pieza fundamental ayer en la estación, con gente al borde del desmayo. | José Paz

El caos y la frustración ciudadana tuvieron su epicentro en el vestíbulo de la estación de Ourense. A medida que avanzaba la tarde, la terminal se transformó en un auténtico campamento de refugiados ferroviarios. Cientos de personas, cargadas con equipaje y agotadas por el calor (39 grados a las seis de la tarde), sin más refugio que el interior del propio edificio, se agolpaban buscando respuestas que las pantallas de Adif no daban —ni la megafonía, inutilizada—.

El infierno había comenzado mucho antes, sobre los propios raíles. Varios pasajeros del tren Avlo atrapado tras la avería denunciaron haber estado inmovilizados durante más de una hora “al sol, sin aire, sin personal, sin cafetería y sin información”. “Llevamos esperando tres horas a un tren y ahora nos han metido en otro. Es vergonzoso, nunca había ocurrido algo así”, se quejaba un afectado.

Fuera de las vías, una usuaria resumía el hartazgo a media tarde: “Vaya porquería de trenes. Seis horas de retraso de Santiago a Madrid y seguimos en Ourense”.

Desalojos e indignación

La situación en Ourense cruzó todas las líneas rojas. La estación colapsó al absorber a quienes esperaban sus trenes hacia Alicante o Madrid y a los que llegaban desorientados en los autobuses fletados desde otras partes de Galicia.

“Hay una falta de control terrible”, clamaba un viajero. “No hay seguridad suficiente, todo el mundo está aglomerado y empujando”, lamentaba otra pasajera, que denunciaba el asfixiante calor. “Es desesperante”, concluía su acompañante, indignado tras llevar horas esperando y sin haber probado todavía bocado.

“¡Vaya caos!”, exclamaba otro pasajero desesperado. Otra usuaria preguntaba insistentemente: “¿Dónde está el AVE? Lleva 82 minutos de retraso y los empleados no responden. ¿De verdad que nadie sabe nada?”

El hacinamiento fue tal que, pasadas las seis de la tarde, el personal de seguridad trataba de impedir la entrada a los andenes a los viajeros que no tenían billete para una salida inminente. “Aquí hay gente de cuatro trenes esperando a tener noticias”, explicaba uno de los que hacían cola.

Las vías estaban tan saturadas que la seguridad de la operativa corría riesgo. Algunos usuarios, presos del pánico y la desesperación entre empujones, llegaron a llamar a la Policía Local de Ourense al sentirse asfixiados por la multitud. “Llevamos más de dos horas muertos de calor, esperando como ganado”, lamentaba otro usuario.

A la falta de megafonía se sumó la incomprensible logística de los transbordos diseñada por Renfe, que provocó retrasos todavía mayores.

“Iba gente de pie, le cedí mi sitio a una señora mayor”

Imanol Hernández relata la odisea ferroviaria de ayer. El descontrol comenzó en Santiago. Los viajeros del Avlo de las 10,30 fueron desalojados para que su convoy rescatase a los afectados de O Irixo. “A la una nos subieron en buses para Ourense a casi 500 personas sin dar absolutamente ni una botella de agua a nadie”, lamentó.

En la estación Empalme, hubo un apagón de control inaudito. “No nos pidieron DNI en ningún momento ni los billetes. Pudo entrar quien fuera, los del control de billetes no daban abasto”, asegura. El tren hacia Madrid aglutinó a afectados de varios enlaces, causando sobreaforo: “No había asientos, la gente vino de pie”. En A Gudiña y Zamora subieron más personas sin plaza, obligando al propio Hernández a ceder su sitio “a una señora con dependencia, con bastón” y viajar de pie.

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