OBRAS Y SOCAVONES
Ourense, la ciudad de las vallas infinitas
PACIENTES CON INSOMNIO
Antonio tiene 67 años y el insomnio está tan cronificado en su vida que no recuerda lo que es dormir bien. Mecánico de profesión, y acostumbrado a despertarse siempre a las cinco de la mañana, ahora que está jubilado sigue siendo incapaz de quedarse en la cama hasta tarde, atrapado en un horario laboral que ya no se ve obligado a seguir: “Envidio a mi mujer, que se mete en cama y al momento ya está roncando. Yo puedo estar reventado que da igual, empieza a darme vueltas la cabeza e imposible dormir en toda la noche”. Un sueño ligero y de mala calidad que relaciona con la genética. “A mi madre le pasaba lo mismo, tenía problemas de sueño y tomaba pastillas”, recuerda sobre la mujer que, “aunque nunca se quejaba de nada”, siempre tuvo dificultades entrada la noche.
Aunque es cierto que, en ocasiones, consigue llegar a las cinco horas de sueño, solo dos las alcanza a dormir de forma profunda y de calidad. Los pensamientos le acompañan durante la noche de una forma tan naturalizada que se siente incapaz de recurrir a los medicamentos, salvo casos extremos: ”Solo le dije al doctor que me diera algo en momentos puntuales porque necesitaba descansar, sobre todo cuando murieron mis padres”.
“Yo puedo estar reventado que da igual, empieza a darme vueltas la cabeza y me es imposible dormir en toda la noche”
Una situación similar a la que vive también Paquita, que a pesar de ser una persona que siempre durmió bien, hace ya un año que no consigue descansar más de unas horas. “No sé el motivo, empecé a dejar de dormir y hay noches en las que no duermo ni una hora”. A sus 77 años, y tras pasar por quirófano más de 26 veces, se reconoce Paquita como una persona feliz, para la que “el día es otro” frente a una noche en la que le cuesta recordar el significado del descanso.
Acostumbrada a dormir con la radio puesta, se niega a pensar que ese pueda ser el detonante de un problema de insomnio cuando es un hábito que la ha acompañado toda la vida. Optimista, reconoce sus momentos de debilidad ante un problema al que, por el momento, no consiguen poner solución: “A veces me pongo de mal humor y los días que ya no puedo dejar de dar vueltas en la cama me pongo en el bordillo y lloro. Esta noche por ejemplo, empecé a dormir a las seis y me desperté a las ocho. Y menos mal, porque hay otras que ni eso”.
En consulta, vinculan su problema a motivos psicológicos o de ansiedad. Un diagnóstico con el que dice no estar “para nada de acuerdo”: “Yo no tengo problemas ni preocupaciones, pero aun así no duermo”, asegura quien, como otros miles de ourensanos, siente un desafío el meterse en la cama.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último