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LA DELINCUENCIA EN EL SUPERMERCADO
En el supermercado Eroski del popular barrio de O Couto, en la ciudad, llevarse queso feta a casa añade un paso más tras cogerlo del estante refrigerado. Este producto se ha incorporado recientemente al cada vez más amplio listado de comestibles protegidos contra los hurtos. Ahora, el cliente que desee comprarlo debe pasar por caja para que una empleada le libere una unidad, extraída de una caja protectora de metacrilato que alberga tres cuñas en su interior. En el súper de Pena Trevinca, la pieza pequeña del queso García Baquero también lleva malla de seguridad con cables y alarma magnética -conocida coloquialmente como “araña”-, al igual que el bacalao o el taco de jamón.
El queso se suma así a otros artículos que llevan tiempo blindados en las estanterías, como las pastas de dientes de determinadas marcas, el chocolate -uno de los productos de la cesta de la compra que más ha subido en los dos últimos años- o las botellas de alcohol, todos ellos parapetados tras sofisticados sistemas antihurto. Y la lista podría seguir creciendo. “También se sustrae mucho pulpo congelado”, confiesa una de las cajeras del establecimiento, aunque reconoce que, por ahora, el preciado cefalópodo se libra de las alarmas.
Esta escena cotidiana, que podría parecer una simple anécdota de barrio, es en realidad el reflejo a pie de calle de una tendencia delictiva que ha encendido las alarmas en los juzgados. Según recoge la última Memoria de la Fiscalía Superior de Galicia, la provincia de Ourense ha constatado en el último año un incremento del 9,2% en los delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico con respecto al año 2024.
El motor principal de este repunte generalizado es, precisamente, esa delincuencia del día a día que sufren los comerciantes: el documento judicial destaca que el aumento se debe sobre todo a los delitos de hurto, que han experimentado una subida del 26,9% en la provincia.
Una presión delictiva que también se refleja en el volumen de denuncias registradas por las fuerzas de seguridad. Según los datos del Ministerio del Interior, la provincia cerró el 2025 con 1.757 hurtos conocidos, frente a los 1.739 del año anterior. Esta escalada fue aún más acusada en la propia ciudad de Ourense, epicentro de la actividad comercial, que pasó de 1.036 sustracciones en 2024 a 1.092 en el último balance.
Ante este escenario, desde las fuerzas de seguridad insisten en la importancia de no dejar pasar por alto estas sustracciones. Roberto González, vocal en el Consejo de la Policía por el SUP, advierte de que “es fundamental denunciar siempre, porque muchos de estos hechos no llegan a conocimiento policial, lo que dificulta conocer su verdadera dimensión, identificar patrones y actuar frente a los delincuentes habituales”.
Para combatir esta realidad, González subraya que la puesta en funcionamiento del grupo de la UPR (Unidad de Prevención y Reacción) en Ourense -aunque “todavía carece de los medios necesarios para estar plenamente operativo”- permitirá reforzar la presencia preventiva en las zonas comerciales y de mayor afluencia.
Asimismo, el portavoz sindical reclama una “óptima coordinación” entre la Policía Nacional y la Policía Local para establecer dispositivos conjuntos y reforzar la presencia de patrullas uniformadas. Esta colaboración -añade- debería propiciar una actuación efectiva frente a problemas derivados del propio diseño urbano, controlando aquellas calles donde “la elevada ocupación por terrazas invade el espacio público” y dificulta el acceso de los servicios policiales y de emergencia.
Junto a una mayor presencia policial y una colaboración permanente con los comerciantes, desde el SUP apuntan al que consideran el problema de fondo: “Es necesario avanzar en medidas eficaces frente a la multirreincidencia, de forma que quienes hacen del hurto una conducta habitual encuentren una respuesta efectiva que permita frenar esa reiteración delictiva”, concluye González.
Curiosamente, el patrimonio no solo se ve atacado desde la base de la pirámide delictiva (el hurto al descuido en las tiendas). La misma memoria judicial advierte de que, en el otro extremo de la criminalidad, los delitos económicos también se han disparado en Ourense, destacando un espectacular incremento del 800% en el blanqueo de capitales por imprudencia. Según fuentes judiciales, el caso más típico es el de la “mula bancaria”: una persona responde a una falsa oferta de teletrabajo por internet. Su “trabajo” consiste en recibir transferencias en su cuenta bancaria y luego enviar ese dinero a otra cuenta o en criptomonedas, quedándose con una pequeña comisión. Sin saberlo, están lavando el dinero que los estafadores han robado a otras víctimas.
Así, la delincuencia contra el patrimonio en Ourense se mueve hoy entre dos extremos: el invisible fraude informático y el hurto tradicional a pie de calle. Un problema, este último, para el que los comerciantes han decidido no esperar a que cambien las leyes o mejoren las estadísticas. De momento, ya han puesto el queso bajo llave. El pulpo es solo el siguiente en la lista.
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