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COMUNIDAD MUSULMANA
Dos estanterías de nueve niveles comienzan a llenarse de chanclas, sandalias y zapatos. Descalzarse es el primer acto para acceder a la mezquita de A Carballeira, sede de la Comunidad Islámica de Ourense. Ibrahim Diouf, secretario de la asociación hace quince años, vestido con su túnica caftán y un gorro kufi, toma una edición bilingüe en castellano y árabe del Corán. “Nos lo obsequió una señora que no es musulmana”, comenta mientras al templo continúan llegando fieles. Es casi la hora del último de los cinco rezos de la jornada: el Isha (oración de la noche). Desde el inicio del Ramadán el pasado martes 17 de febrero, las noches son bastante concurridas en este espacio de la ciudad consagrado a la rama suní del islam.
“Soy ferrallista y encofrador, además trabajo en altura; a veces siento alguna fatiga, pero estoy acostumbrado”.
Milud es albañil; la intesidad de su trabajo es mayor debido al prolongado ayuno en este mes que conmemora la primera revelación del profeta Mahoma. “Soy ferrallista y encofrador, además trabajo en altura; a veces siento alguna fatiga, pero estoy acostumbrado. Cuando es la hora de comer yo me voy a rezar”.
Mohamed Ben Moha es repartidor y se levanta a las “5:30 para rezar antes de salir al trabajo, luego regreso y duermo un poco para continuar rezando”. Aunque la regla del ayuno debe ser estrictamente cumplida, en su caso se aplica una excepción: es diabético “entonces necesito comer. Cuando tienes alguna enfermedad puedes hacerlo”. Sobre cómo vive estas jornadas mientras recorre la ciudad en moto y dedica un tiempo relevante a su fe, Mohamed señala: “Me siento en paz y tranquilo cuando termino de rezar”.
“Antes de rezar es necesario purificarse, por eso nos lavamos tres veces las manos, pies, oídos, boca y la cabeza”
El arribo de personas no se ha detenido. Muchos transitan directo a un baño al fondo del templo para realizar abluciones. “Antes de rezar es necesario purificarse, por eso nos lavamos tres veces las manos, pies, oídos, boca y la cabeza. Pues cualquier cosa mala que hayamos hecho, dicho, escuchado o pensado debe ser limpiada de nuestro cuerpo. Puedes hacerlo en casa antes de venir o bien cuando entras”, comenta Ibrahim y repite a cada recién llegado el tradicional saludo: “As-salamu alaykum” (La paz sea con vosotros) obteniendo su consiguiente respuesta: “Wa alaykum as-salam” (Y con vosotros sea la paz).
El inmueble transformado en mezquita es propiedad de la comunidad desde el 2010. Durante los 16 años de existencia de este templo, Ibrahim asegura que su comunidad se siente “muy respetada, sobre todo en este lugar”. Debido a la creciente llegada de musulmanes a Ourense, se hizo necesario readecuarlo. En el caso de las mujeres, para que participen en los rezos disponen de un nivel superior. En el Ramadán su asistencia es notoria. Rashida tiene 36 años, trabaja en el sector de la limpieza; para ella la celebración de este mes, “que es el más importante para nosotros”, supone alcanzar la plenitud espiritual. Sensación que de igual forma perciben sus compañeras quienes “primero están en casa con su familia y después nos reunimos aquí para compartir”.
Acerca de fechas significativas dentro de este particular mes, el pasado domingo fue una de ellas, la llamada: Laylat al-Qadr (Noche del Destino) que, como explica Ibrahim, “se hace de la jornada 26 a la 27 del Ramadán y es la más importante. Estuvimos aquí toda la noche rezando y comiendo hasta las 12 y regresamos a las 4 de la mañana. Esa noche tiene el valor de mil noches”.
“Hace varios años casi todos se dedicaban a la venta ambulante, los mercadillos, las ferias. Entonces veías a una persona que llevaba casi veinte años aquí y no tenía cotizado ni tres.”
Un detalle sobre el cual Ibrahim hace énfasis es el perfil social y laboral de los asistentes. “Hace varios años casi todos se dedicaban a la venta ambulante, los mercadillos, las ferias. Entonces veías a una persona que llevaba casi veinte años aquí y no tenía cotizado ni tres. Ahora es diferente; la mayoría trabaja, tiene nómina y cotiza para la seguridad social. Unos están en Coren, otros en la limpieza o la construcción”.
Sobre cómo interrumpir el ayuno diario en Ramadán luego de la puesta de sol, cuando ocurre el rezo del Maghrib (ocaso), en la mezquita disponen de botellas de agua y “sobre todo dátiles, que es lo ideal. Comes unos dátiles, bebes un vaso de leche y listo”, explica Ibrahim mientras abre una caja de dátiles argelinos para compartirlos.
Hace cinco minutos ocurrió el Adhan, llamado previo al último rezo de la jornada. La mezquita en ambos niveles se encuentra llena; falta poco para el término del Ramadán. “El mes musulmán son 29 o 30 días. Si mañana avistamos la luna acabamos; si no, haremos los treinta días el viernes”, explica Ibrahim antes de colocarse en primera fila para iniciar el Isha. El joven imán de la mezquita accede por una puerta lateral, se coloca un pinganillo para recitar “Allahu Akbar...” y su voz comienza a tener eco entre los asistentes.
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