Ramón Lorente, oftlamólogo ourensano: “La sanidad no da votos y por eso a los políticos les importa un pepino”
CUM LAUDE
El doctor Ramón Lorente, referente de la Oftalmología española y reciente premio Cum Laude en Oftalmología y Cirugía Ocular, pertenece a una saga médica que ha marcado la sanidad en Ourense
El doctor Ramón Lorente, referente de la Oftalmología española y reciente premio Cum Laude en Oftalmología y Cirugía Ocular, pertenece a una saga médica que ha marcado la sanidad en Ourense. Tras décadas liderando el servicio hospitalario provincial, Lorente analiza en esta entrevista la evolución de la cirugía de catarata, los riesgos de la pseudoexfoliación y la crisis de gestión en la sanidad pública, aportando la visión de quien ha convertido su vocación en un legado familiar de cuatro generaciones.
Pregunta. Recientemente, ha recibido el premio Cum Laude de Oftalmología. Después de una carrera tan dilatada, ¿qué significan estos reconocimientos para usted?
Respuesta. Sirven para alimentar la vanidad, porque todos somos vanidosos en cierta medida. Sin embargo, lo que más me satisface es que se reconozca fuera, especialmente en Madrid, una trayectoria profesional desarrollada íntegramente desde aquí. Este premio no es solo mío; es el resultado de haber tenido la suerte de trabajar en el servicio de Oftalmología de Ourense durante muchos años con un equipo estupendo. Jamás habría logrado estos hitos sin la ayuda de la mayoría de las personas que trabajan allí. El premio me lo dan a mí, pero el mérito es compartido.
P. Usted pertenece a una saga de médicos. ¿Fue esa tradición una presión o un estímulo para buscar la excelencia?
R. Para mí fue un estímulo natural. Desde los ocho años supe que quería ser oftalmólogo. Hubo una época en la que jugaba mucho al fútbol y me decían que mi interés era ese, pero la medicina siempre estuvo ahí. Con catorce años, si hacía algo mal mi padre me castigaba llevándome a verlo operar, lo cual para mí no era un castigo. Mi abuelo materno era oftalmólogo en Estados Unidos y mi padre también lo era aquí. De hecho, cuando hice el examen MIR, solo puse Oftalmología; no consideré ninguna otra especialidad. A veces digo que no me considero médico, sino oftalmólogo.
P. ¿Esa vocación se hereda en el ADN o se aprende viendo trabajar a la familia?
R. Tengo cinco hijos y cuatro de ellos no quisieron saber nada de la Oftalmología porque vieron que, si quieres hacerlo bien, conlleva mucho trabajo y dedicación. Afortunadamente, mi hija sí ha seguido la saga y ya es la cuarta generación, lo cual me hace mucha ilusión. La medicina se vive en casa, pero la pasión por una especialidad concreta es algo muy personal.
P. ¿En qué aspecto ha cambiado más la Oftalmología desde que usted empezó?
R. Sin duda, en la cirugía de catarata. Cuando empecé era algo totalmente distinto. En el año 1989 apareció una técnica nueva y en Ourense tuvimos la suerte de ser pioneros. Fuimos, junto al hospital de Galdakao en Bilbao, los primeros centros públicos en implementarla cuando muchos decían que aquello no funcionaría. Hoy, esa técnica sigue siendo la base. También ha habido avances enormes en el tratamiento de la retina y las degeneraciones maculares. Actualmente, la evolución se centra más en el tipo de lentes intraoculares que utilizamos, que permiten corregir la presbicia para que el paciente vea de cerca y de lejos tras la operación.
P. Hoy en día los pacientes llegan a la consulta habiendo consultado sus síntomas en Google. ¿Cómo afecta esto a su labor?
R. Se nota enseguida quién ha mirado en Internet. Casi nunca aciertan. Internet generaliza demasiado y confunde, porque las patologías de cada paciente son específicas. Vienen autodiagnosticados de cataratas y, a lo mejor, lo único que necesitan es un cambio de gafas. Yo siempre les recomiendo que no miren en Internet; la medicina requiere una exploración directa para saber qué se está buscando.
P. Usted ha escrito un libro de referencia sobre la pseudoexfoliación. ¿Por qué es tan importante esta patología en Galicia?
R. Me sentí obligado a escribirlo tras cuarenta años de práctica porque no existía un tratado que agrupara todo el conocimiento sobre este tema. En él también participa mi hija, Betty, que es la única que ha seguido mis pasos. La pseudoexfoliación es una acumulación de material dentro del ojo que afecta a la córnea, la retina y, sobre todo, provoca glaucoma. El 25% de los pacientes con glaucoma lo son por pseudoexfoliación. Cuando llegué de Valladolid, no conocía esta patología, porque allí apenas se veía. Es una afección muy vinculada a los países escandinavos y se cree que llegó aquí con los vikingos. De hecho, en el noroeste de Francia también hay mucha incidencia. En Ourense, el 24% de los mayores de 70 años la padece, y la cifra sube al 32% en mayores de 80. Si no sabes lo que buscas, no lo encuentras, por eso es vital formar a los nuevos médicos en su detección.
P. ¿Qué complicaciones presenta esta patología en una cirugía?
R. El paciente no nota nada especial, pero su catarata es mucho más complicada de operar. La pupila no dilata bien y el postoperatorio produce mucha más inflamación. Además, el glaucoma asociado es mucho más agresivo y, como no duele, si el paciente no se revisa, puede perder gran parte de la visión de forma irreversible. El libro es una herramienta para que los médicos entiendan que esta “enfermedad de los gallegos” requiere un manejo muy específico.
P. Hablemos del estilo de vida actual. ¿Están las pantallas dañando nuestra visión?
R. El principal problema es el ojo seco. Antes era raro verlo en menores de 50 años, pero ahora recibimos a jóvenes que pasan ocho horas al día frente a una pantalla. El problema es que no parpadeamos. Normalmente, parpadeamos quince veces por minuto; ante una pantalla, bajamos a cinco. Eso reseca la superficie ocular. Yo recomiendo la regla del 20-20-20: cada 20 minutos, parar 20 segundos para mirar al horizonte y parpadear. Es un consejo sencillo que casi nadie sigue, pero que evitaría mucha fatiga visual y miopía, que también está creciendo de forma alarmante.
P. Usted ha sido crítico con la situación actual de la sanidad pública. ¿Qué es lo que más le preocupa?
R. A los políticos la sanidad les importa un pepino porque no da votos. Soy un amante de la sanidad pública, pero estamos en un momento difícil. Hay una falta de incentivos económicos y de reconocimiento profesional para el médico. No es lógico que un médico gane lo mismo en cualquier circunstancia; hace falta una estructura que valore la responsabilidad específica de nuestra labor. Además, ahora mismo no hay médicos suficientes porque no se han convocado plazas MIR suficientes durante años. Esto está provocando que la sanidad pública derive pacientes a la concertada y que los médicos se marchen allí porque pagan mejor. Es absurdo que el sistema público alimente con su presupuesto a la concertada mientras pierde a sus profesionales.
P. ¿Qué papel juega la gestión en este problema?
R. Los gerentes deberían ser gestores profesionales, no necesariamente médicos o amigos del político de turno. Gestionar un área sanitaria implica manejar presupuestos de miles de millones de euros y hace falta gente con experiencia específica en gerencia para optimizar los recursos y evitar el colapso que vemos hoy en día.
P. Para terminar, ¿qué avance le gustaría ver antes de retirarse?
R. La cirugía de catarata ya es excelente: dura siete minutos y no duele. Lo que más le interesa hoy a la gente es la independencia de la gafa. El gran avance es el perfeccionamiento de las lentes intraoculares que permiten ver bien a todas las distancias con materiales que no provoquen rechazo. A los jóvenes médicos les daría un consejo: graben todas sus cirugías. En el microscopio puedes registrarlo todo; ver después tus errores y tus aciertos es la mejor forma de aprender. Y, por supuesto, que busquen la figura de un tutor que les guíe, porque en esta profesión nunca se deja de estudiar.
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