La sombra del caso Rubiales como coartada en un caso de agresión sexual en San Cibrao: “Fue un beso paternal”

17 AÑOS

El acusado de agresión sexual a una compañera de 17 años en Ourense dice que se malinterpretó su despedida

El inculpado, este martes en el Penal 2. La víctima, tras la mampara.
El inculpado, este martes en el Penal 2. La víctima, tras la mampara. | La Región

Un hombre acusado de agredir sexualmente a una compañera de trabajo de 17 años no solo negó los hechos este martes en el Penal 2, sino que sugirió que la denuncia fue fruto de una la sugestión provocada por el “caso Rubiales. Según su versión, la joven habría malinterpretado un beso de despedida en la mejilla influenciada por el escándalo mediático que sacudía al país en esas fechas, transformando un supuesto “instinto paternal” en un delito sexual.

Frente a esta teoría, la Fiscalía y la acusación particular describen una realidad muy distinta: un episodio de acoso físico y verbal en el que el hombre, presuntamente, forcejeó con la menor para besarla en la boca y le dijo que “la iba a comer enterita”.

En el polígono

Los hechos juzgados ocurrieron sobre las 20:00 horas del 25 de septiembre de 2023 en las instalaciones de una empresa carrocera del polígono de San Cibrao das Viñas. Había pasado apenas un mes desde que Luis Rubiales besara en la boca a la jugadora Jenni Hermoso durante la final del Mundial de Fútbol femenino, un episodio que desató un debate mediático sobre el consentimiento y los abusos de poder.

Según la denunciante, Edemar Antonio R.M. aprovechó que coincidió con la menor en el turno de tarde (ambos estaban en el servicio de limpieza) para llamarla. La Fiscalía sostiene que, “con ánimo de satisfacer sus deseos sexuales”, la agarró de la mano e intentó besarla en la boca varias veces mientras ella trataba de apartar la cara. Aunque la víctima logró evitar el beso en los labios, el acusado consiguió besarla en la mejilla y le susurró que volviera antes de irse porque “la iba a comer enterita”.

Durante la vista, el acusado mantuvo que su intención fue meramente afectiva y no sexual, ya que ella estaba a punto de dejar esa empresa (ambos eran trabajadores de Mantelnor y a ella la habían destinado a esa fábrica dos semanas). “En ningún momento existió intención sexual o intimidación, más bien un instinto paternalista para ayudarla y echarle un cable. Tengo una hija de una edad parecida”, declaró, insistiendo en que solo le dio un beso en la mejilla a modo de despedida. La letrada del inculpado cuestionó la versión de la joven preguntándose cómo un forcejeo de “5 o 10 minutos”, el tiempo en que ella cuantificó el ataque sexual, no dejó marcas físicas. Y resaltó que las cámaras de seguridad, que se activan con el movimiento, no recogen el altercado.

Por el contrario, la víctima relató que se quedó “en shock”. Explicó que él la retuvo agarrándola de la mano de tal forma que no podía zafarse, intentando besarla insistentemente mientras ella le pedía que la soltase.

Dos empleados declararon haber encontrado a la joven “temblando, muy nerviosa y llorando” inmediatamente después del incidente, pidiéndoles que la creyeran. La madre de la menor también testificó que su hija la llamó llorando al momento para contarle que habían intentado besarla en la boca.

El encargado de la empresa de limpieza confirmó en el juicio que, tras escuchar a la víctima y confrontar al acusado -quien alegó que “no había pasado nada”-, se optó por despedirlo.

La fiscal encuadra la denuncia en un delito de agresión sexual y solicita un año y seis meses de prisión. Asimismo, reclama una orden de alejamiento de 200 metros respecto a la víctima durante tres años y la inhabilitación especial para cualquier profesión que conlleve contacto con menores por tiempo de cinco años. La acusación particular eleva la petición a cinco años de cárcel y una indemnización de 15.000 euros.

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