Solo dos súper dan servicio a los ourensanos los festivos

APERTURA DOMINICAL EN OURENSE

Un Día y un MercaExpress en la ciudad son la excepción en las grandes cadenas de alimentación

Cola de clientes en el supermercado Día de la calle Progreso.
Cola de clientes en el supermercado Día de la calle Progreso. | Miguel Ángel

Encontrar alimentos frescos en Ourense un domingo o un día festivo es casi misión imposible. Si alguien necesita fruta, leche, huevos o alguna verdura, lo más práctico es pedírselo al vecino. Apenas hay tiendas abiertas ese día, una situación que en una sociedad moderna resulta difícil de entender. En la ciudad de Ourense, las grandes cadenas de alimentación optan por cerrar los domingos, privando así a los ciudadanos de realizar sus compras justo cuando disponen de más tiempo libre. Para muchos hogares, el domingo es también el momento de planificar y preparar comidas para la semana, pero si falta algún ingrediente, no queda más remedio que improvisar o cambiar el menú.

Aun así, existen algunas excepciones que rompen este desierto comercial. Un supermercado Día en la calle Progreso ha encontrado un filón atendiendo a sus clientes los domingos por la mañana. Lo mismo ocurre en el barrio de O Couto, donde un MercaExpress en la Avenida de Portugal se ha convertido en un salvavidas para quienes necesitan productos básicos a última hora. A estos se suman pequeñas tiendas de barrio y algunas gasolineras, como la de Castadón y Progreso, que ofrecen una limitada, pero valiosa, alternativa de abastecimiento.

“Es un buen día”

En el apartado relativo a las grandes superficies, el supermercado Día situado en la calle Progreso fue uno de los primeros en apostar por este formato. Su responsable, Ángel Seara, explica que la razón fundamental para abrir es simple: “no hay nada abierto” que ofrezca al consumidor una opción de “compra buena y a un precio asequible” durante el domingo. Esta apuesta por cubrir un hueco de mercado está dando frutos. Tras casi meses de funcionamiento, la afluencia de clientes “va en incremento mensual,” consolidando al domingo como un “muy buen día” en términos de ventas.

“La decisión de abrir la consensuamos con los trabajadores, que libran entre semana, y pueden dedicarse a otras actividades”. Ante las críticas por una conciliación más difícil, el empresario defiende su postura: “Trabajo hay, pero hay que tener ganas de trabajar.”

Unas calles más abajo, Jacob Barandela apostó también por la apertura dominical cuando puso en marcha su MercaExpress en la Avenida de Portugal. “La intención era abrir el domingo porque no hay muchas tiendas abiertas que den ese servicio aquí en Ourense, sobre todo supermercados, que debe haber un par de ellos,” explica Barandela. Esta apuesta no solo ha cubierto un nicho de mercado, sino que también se ha consolidado como la jornada más fuerte para el establecimiento. “El domingo suele ser el día que más movimiento tiene el supermercado,” afirma.

El mayor problema que ha experimentado tras la apertura son las obras de la calle, que obligaron a que la apertura dependiera mayormente del boca a boca. Barandela considera que una mayor oferta de apertura dominical sería beneficiosa para la ciudad, ya que muchas personas, incluso por motivos laborales, “se quedan tiradas y necesitan algún sitio para comprar.” Su experiencia subraya que el domingo es un día con demanda.

A la hora de acercarse a lo que se llevan sus clientes, ambos gerentes responden que es “muy variada”. “Buscan principalmente productos para el ocio o comidas especiales” indica Jacob Barandela, quien destaca, además, carnes, hamburguesas, pizzas, bebidas y huevos, a lo que Seara añade “refrescos y otras bebidas, pero también productos frescos como la carne”.

El salvavidas de las pequeñas tiendas de barrio

Hace ya 17 años que Juana Calvo tomó la decisión de que su negocio, A Casa da Pataca, en el barrio de O Couto, abriría sus puertas el domingo. “Mi hermana venía de trabajar en una tienda que no era de comestibles exactamente”, relata Calvo, “pero abría los domingos y veía que funcionaba”. Su apuesta por ofrecer servicio en un día tradicionalmente inhábil para el comercio local tardó en calar.

En los comienzos, Juana recuerda que la gente “pedía perdón” al entrar, pues no estaban acostumbrados a la apertura. Sin embargo, con el paso de los 17 años que lleva el negocio, la práctica “se generalizó” y se consolidó. “Incluso vienen algunos bares cuando se quedan sin cosas”, puntualiza.

Actualmente, el domingo es un “día fuerte de la semana” para el establecimiento, lo que demuestra el acierto de la decisión a contracorriente. La demanda en esta jornada es sorprendentemente variada: los clientes no solo buscan pan o artículos de última hora, sino “de todo”, incluyendo fiambre, aceite, fruta, verdura y, especialmente, repostería. “Mucha bica”, especifica la gerente, quien también afirma que “no te puedo decir de esto más y de aquello menos”. El paso de los años ha ayudado a consolidar la apuesta de Calvo, que ya cuenta con una base fiel de clientes los domingos.

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