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PROBLEMAS ESTOMACALES
El fuerte olor a pescado que llevan sufriendo desde hace dos semanas los vecinos de la calle Pascual Veiga y alrededores ha hecho que muchos residentes no puedan ni tender la ropa en su casa, también les afecta en el humor y hasta les causa problemas estomacales. Según explican, proviene de un distribuidor de pescado que cerró hace unos meses y creen que cortaron la luz al establecimiento y por ello se pudrió el género que quedaba. “El olor no se aguanta y menos mal que no es verano”, confiesa M.B.D, una residente de la zona. No solo los vecinos se quejan de esta situación, también los viandantes que transitan por la citada calle.
El local es grande, ya que cuenta con alrededor de 160 metros cuadrados, según indica M.B.D. “Es toda la planta del edificio, que cuenta con tres pisos por planta”, señala la citada vecina. El negocio abrió en 2020 y durante la pandemia se dedicó a la venta al público, pero después se centró en distribuir a negocios de restauración hasta que tuvo que cerrar este año.
“Hay gente con problemas estomacales, es insoportable, ayer al entrar al portal pensé que me desmayaba”, señala una vecina
Para solucionar el tema de los olores, M.B.D. intentó contactar con el dueño del establecimiento para que solucione el problema. “No me cogen el teléfono, hablé con un familiar y sí que me comentó que no le fue bien a la empresa, que cerraron y que sí que tenían pescado dentro”, señala. Tras este intento fallido, se puso en contacto con la Policía Local, aunque tampoco tuvo éxito. “Me dijeron que llamase a Comercio porque ellos tienen los datos de la gente y así a ver si los localizaba. El teléfono ya lo tengo yo, pero no me lo coge”, señala esta vecina.
Ante la falta de respuesta y el aumento de la desesperación, acudió ayer al Concello. “Cuando fui a hacer el escrito hasta una funcionaria me dijo que aparca por aquí el coche y que huele fatal”, señala M.B.D. “No sé qué más hacer, voy a acudir al juzgado a ver si me hacen caso, pero creo que esto va para largo”, añade, lamentando el “despropósito de burocracia”.
“Hay gente con problemas estomacales, yo estoy hasta de mal humor y mi vecina dice que tendió la ropa y la tuvo que recoger y volver a lavarla. Es insoportable, ayer al entrar al portal pensé que me desmayaba”, relata M.B.D., quien confiesa estar desesperada tras tocar muchas puertas y no conseguir solución para esta desagradable situación. “No sé de quién es competencia porque se pasan la pelota unos a otros”, subraya.
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