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TRIBUNALES
José Alberto G.C. (47 años) no consume drogas desde que está en la prisión de Pereiro, según aseguró ayer en el Juzgado Penal 2. Y pedirá un análisis de pelo para acreditarlo. Ahora lo lleva demasiado corto, pero, según le recordó su abogada, también sirve el de la axila. Si acredita que está siguiendo un tratamiento de deshabituación podría acogerse a los beneficios penitenciarios contemplados en estos supuestos (excarcelación para cumplir el tratamiento en un centro).
El inculpado aceptó ayer una condena de tres años de cárcel por once robos en establecimientos abiertos al público fuera de la hora de apertura. Todos ellos perpetrados en poco más de un mes, entre el 19 de marzo y el 23 de abril del pasado año, aunque en uno de los delitos tuvo ayuda. Tras su detención, ingresó en prisión provisional, entre el 25 de abril y el 19 de junio, y después ya se quedó por otras cuentas pendientes con sentencia firme.
El acusado actuó “a causa de su grave adicción a las drogas”, según sostiene el fiscal, y le aplicó una atenuante de la responsabilidad penal que aminora la pena por un delito continuado de robo con fuerza.
Robó en la sede de la Cruz Roja un televisor, valorado en 500 euros; 860 euros y un teléfono móvil, en un bazar de la avenida de Buenos Aires; se apoderó de carteras de cuero, botes de pegamento, calzado y herramientas que había en una tienda de reparación de calzado de la avenida de la Habana; 700 euros y una cabina telefónica de un bar de la calle Progreso: relojes y 50 euros en monedas de una asociación benéfica de Progreso; linternas, mecheros y 55,90 euros en monedas de un bazar de Sáenz Díez; 1.300 euros, en un bar de la calle Valle Inclán, en donde arrancó enchufes y rompió un ordenador, una impresora y un teléfono fijo; en otro bar de la calle Valle Inclán accedió por la ventana a tres metros y medio del nivel del suelo y se apoderó del cajetín de las monedas ; en un bar de la Plaza de la Magdalena sustrajo una botella de tinto de verano; en las galerías comerciales de la calle Cardenal Quiroga entró a una local de una autoescuela, pero no sustrajo nada.
El último robo ocurrió el 23 de abril en un bar de la Plaza Mayor y fracturó el cristal de la puerta automática de entrada. Una vez dentro, sustrajo 400 euros en monedas y billetes y dañó el cajón de la caja registradora. Según el fiscal, la mayoría de los robos aplicaba “la fuerza mínima indispensable”.
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