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DIÓCESIS
La Diócesis de Ourense continúa ganando incorporaciones a la vida consagrada tras el nombramiento de tres nuevos diáconos. Diego Javiel Guevara Ramos, César Omar Montoya y José Román Mosquera han dado un paso definitivo en su camino hacia el sacerdocio, y ahora se incorporarán durante un mínimo de seis meses a las labores que se les asignen, siendo potestad del obispo, Leonardo Lemos, su nombramiento sacerdotal.
El director del seminario, José Manuel Salgado, expresaba que se trata de “una alegría inmensa. Han sido muchos años de preparación, y este paso se ha vivido con mucha emoción”.
Dos de los nuevos diáconos provienen de latinoamérica, procedentes del Camino Neocatecumenal. Diego Guevara llegó desde El Salvador. Quinto de nueve hermanos, comentaba que su vocación nació tras compartir la fe en su familia y conocer a un presbítero misionero durante su adolescencia. “Digamos que mi vida ya está entregada y luego a lo que disponga el Señor a través del obispo”, afirmaba sobre este paso. Su compañero César Montoya siguió una ruta parecida, pero desde Venezuela. Llegó al seminario Redemptoris Mater tras participar en un encuentro vocacional en Italia. A sus 27 años, vivió el momento con la intención de “entregar mi vida completamente a la iglesia, sin plantearme dónde estaré”.
José Mosquera, de 33 años, nació en Muros, en A Coruña. Terminó la carrera de Magisterio antes de ingresar en el Seminario Mayor, y calificaba la asunción del diaconado como “el día más feliz de mi vida”.
Precisamente sobre el paso dado por Diego, César y José reflexiona el obispo de Ourense, Leonardo Lemos Montanet, en su carta pastoral con motivo del Día del Seminario, que se conmemorará el próximo 19 de marzo. El prelado subraya que la ordenación de estos tres nuevos diáconos debe servir como un estímulo para toda la comunidad, al tiempo que examina con preocupación los obstáculos que hoy encuentran los jóvenes para descubrir su verdadera vocación.
Lemos alerta de que la influencia de la tecnología y la desatención constante actúan como barreras. Para explicarlo, emplea la parábola de “dejar las redes”, lo cual supone, a ojos del obispo, “sobre todo en el caso de los jóvenes, abandonar todo aquello que supone estar atados o sometidos al control de lo que podemos denominar ecosistema mediático”. Según el prelado, esta realidad “tantas veces aplasta y condiciona la vida de las personas” y, al llevarla ya instalada en el bolsillo, llega incluso a mermar la libertad individual y la capacidad para poder escuchar al Señor.
El obispo hace también un llamamiento al cuidado de los centros de formación, reivindicando que “el Seminario no es solo ese edificio emblemático que nos sorprende en lo alto del monte Ervedelo, que hace años estaba lleno de vocaciones”, sino el auténtico corazón de la Diócesis, el lugar donde se forman aquellos que están llamados a ser los futuros pastores.
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