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SU VIDA EN LA ISLA
Su rastro se perdió durante días hasta que logró abandonar el país utilizando una ruta que incluía varios traslados internacionales antes de establecerse finalmente en La Habana. Allí, lejos de su entorno habitual y con una identidad modificada, construyó un día a día completamente distinto al que había llevado en Ourense.
En la capital cubana, Ramos adoptó el nombre de “Martín Soto”, una variación mínima de su identidad real, y se instaló en el barrio de El Vedado, una de las zonas más activas culturalmente.
Su presencia comenzó a ser habitual en espacios relacionados con la fotografía, donde se presentó como aficionado avanzado y, más tarde, como fotógrafo autodidacta. Participó en sesiones con jóvenes artistas, colaboró con pequeños colectivos creativos y asistió a eventos vinculados al arte urbano y la moda alternativa, siempre bajo su nueva identidad.
El proceso de integración en este ambiente se realizó sin referencias directas a su origen. En sus perfiles sociales únicamente aparecían imágenes tomadas en La Habana o en estancias de trabajo dentro de la isla, lo que contribuyó a reforzar la idea de que se trataba de un extranjero asentado en la comunidad artística local. Quienes coincidieron con él en estos espacios lo describían como alguien reservado, siempre acompañado de su cámara y con un estilo visual muy marcado.
Su presencia en estos circuitos se mantuvo durante meses, lo suficiente como para establecer vínculos, crear una apariencia de normalidad y consolidar su nueva rutina.
Durante su estancia en Cuba, Ramos evitó cualquier información que pudiera relacionarlo con su vida anterior. No participaba en actividades vinculadas a España, no mencionaba su pasado profesional y no ofrecía detalles sobre su llegada al país. La estrategia consistía en mantener un perfil bajo, alejado de cualquier elemento que pudiera facilitar su identificación.
El anonimato relativo que proporcionan determinados entornos urbanos de La Habana le permitió prolongar esta situación mientras desarrollaba actividades creativas y se movía entre residencias de artistas, galerías pequeñas y cafés culturales.
Pese a ese esfuerzo por desvincularse de su identidad real, algunos elementos contribuyeron a que su ubicación en Cuba pudiera ser verificada con el tiempo. Su actividad en redes sociales, aunque limitada, mostraba localizaciones, contactos y escenarios que permitieron situarlo en un círculo específico de la ciudad. A ello se sumó la coincidencia de su cambio físico con fotografías recientes compartidas en ámbitos culturales de la isla, lo que facilitó su identificación.
Una vez localizado, su presencia en Cuba generó especial atención debido a la ausencia de un tratado bilateral de extradición entre Cuba y España, un factor que condiciona cualquier proceso legal posterior.
Su vida en La Habana quedó expuesta: un día a día caracterizado por una nueva identidad, una ocupación distinta y un entorno social en el que nadie conocía su situación en España.
Esta etapa en la isla muestra un período marcado por el intento de reconstruir una vida desde cero, con una imagen cuidadosamente elaborada y sin vínculos con su pasado reciente.
Su recorrido en Cuba se centró en la creación de una actividad profesional alternativa, la configuración de un círculo social nuevo y la adopción de una identidad que le permitiera mantener un perfil discreto mientras permanecía lejos de su país de origen.
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