Alma Caneiro, estudiante de Ingeniería de la salud: “Mi padre vivió estos lugares y ahora los comparto con los hijos de sus amigos”

VERANO

Alma, con su familia en Seoane.
Alma, con su familia en Seoane.

Alma Caneiro veranea en Seoane, Manzaneda, cada año junto a su padre, hermano y abuelos. Natural de Ponferrada, en la actualidad reside en Burgos durante el año académico preparando su ingeniería, pero la joven tiene claro que sus veranos en familia siempre son en Manzaneda.

Pregunta. ¿Qué significa retornar al lugar en el que creció su padre?

Respuesta. Para mí es algo muy bonito y especial, sobre todo porque siento que me une mucho más a mi padre. Me gusta pensar que él recorría estos mismos sitios con su grupo, y que ahora la historia se repite: yo soy amiga de los hijos de sus amigos de toda la vida. En ocasiones nos cuentan anécdotas, o al menos las que les interesa, y eso ayuda a ver en qué cosas somos clavados y en cuáles somos totalmente distintos.

P. ¿Qué le aporta compartir cada verano con los abuelos?

R. No recuerdo un solo verano sin venir al pueblo y, mucho menos, sin mis abuelos. Venir es saber que siempre me están esperando en casa. Es mi abuela con sus recetas, los abrazos que siempre me da y cómo se preocupa por mí. Es mi abuelo contando sus historias, que aunque alguna que otra ya se le ha escapado más de una vez, yo me hago la loca como si fuese la primera vez que la escucho, solo para seguir escuchándole. Sin ninguna duda, ellos son lo mejor del pueblo, para mí son como unos padres.

P. ¿Qúe hace no faltar a su cita con la montaña? ¿Hay morriña?

R. Para mí siempre será la mejor escapada. El simple hecho de saber que tengo un sitio donde descansar de mi vida académica y desconectar por completo de la rutina siempre ayuda. Además, poder hacerlo rodeada de mi familia, a la que no puedo ver tanto como me gustaría durante el año, lo hace siempre más especial. Aunque he de admitir que si estuviésemos juntos aquí todo el año igual nos matábamos a palos... Pero al final, saber que es solo por un tiempo es lo que le da su encanto. Esa mezcla es, precisamente, lo que me despierta la morriña el resto del año y me hace no faltar nunca.

P. ¿Cómo son los reencuentros con los amigos de la infancia?

R. Con este tipo de amigos, aun sabiendo que llevamos vidas muy diferentes durante el resto del año, también tenemos muchas cosas en común que nos unen. El hecho de no necesitar vernos constantemente, pero saber que esa amistad sigue estando ahí, es sin duda lo más bonito.

P. ¿Qué es lo que más le gusta de la comarca?

R. La verdad es que podría expandirme un buen rato hablando de la comida: el pulpo, la bica, el cordero asado, la empanada, los chorizos... y bueno, el licor de fresa de mi abuela, que los que lo han probado saben que podría considerarse también una reliquia comarcal. Pero evidentemente no es solo la comida, también son sus paisajes, preciosos, como la zona del río Bibei o la propia sierra. Y, por último, destacaría a la gente. No sé si es por el hecho de que llevo viniendo aquí toda la vida y al final nos conocemos, pero siento que la cercanía que se vive aquí no se vive en otros sitios.

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