Frente común de los alcaldes ante la parálisis de la A-56: “Es vergonzoso”
INFRESTRUCTURAS
Los alcaldes ourensanos y lucenses alertan de que la parálisis de la A-56 condena a sus comarcas al aislamiento
La paciencia se ha agotado. Tres décadas de espera no han bastado para materializar la A-56, la conexión por autovía entre Ourense y Lugo. El compromiso firme del Estado de principios de los 90, que se desmoronó con la crisis, parece cada año más lejos de ser una realidad, condenando a la Galicia interior a padecer unas conexiones indignas del siglo XXI.
Esta situación ha provocado que la indignación se haya apoderado de los alcaldes de todo el trazado, que ven cómo tras años de idas, venidas y promesas incumplidas, el Gobierno central pretende dar carpetazo al proyecto original convirtiéndolo en una vía de bajas prestaciones (corredor). Los regidores de Coles y Vilamarín, en la provincia de Ourense; y los de Portomarín, Monterroso, Chantada y Carballedo, en la provincia de Lugo, se muestran hartos de esperar por un compromiso que parece eterno. También dicen que no darán el brazo a torcer los presidentesde de las diputaciones de Ourense y Lugo, Luis Menor y Carmela López.
Los más vehementes en su reivindicación son, precisamente, aquellos que llevan más tiempo en el cargo. Amador Vázquez, alcalde de Vilamarín, y Julio Manuel Yebra, regidor de Carballedo, ostentan el bastón de mando ininterrumpidamente desde 1983. Ambos hablan con el conocimiento de causa de quien ha visto pasar ministros, promesas y crisis durante más de cuarenta años sin que la infraestructura se haga realidad.
Vázquez, desde su experiencia, resume el sentir general con una frase lapidaria: “Mi indignación y la de la comarca es total. Nos han tomado el pelo, la barba y el bigote”. Para el veterano alcalde, lo que ocurre no es nuevo, sino el capítulo final de una larga lista de agravios: “Llevamos treinta años esperando, se paralizó con la excusa de la crisis para no hacer nada”.
Un hastío que comparte plenamente su homólogo en Carballedo. Julio Manuel Yebra recurre a la ironía matemática para denunciar la lentitud de las obras: “Haciendo una regla de tres con los kilómetros que hicieron, nos llevaría ochenta o noventa años terminarla. Es vergonzoso”. Para Yebra, lo que está sucediendo con el interior de Galicia no es un simple retraso, sino “una discriminación total”, y recuerda el verdadero sentido de las inversiones que no llegan: “Los fondos de cohesión están para equilibrar el territorio, no para que las zonas más pobladas aumenten las diferencias”.
La ironía es que la única pieza del puzle que se ha colocado une, precisamente, sus dos municipios. Una “isla” de 8,8 kilómetros operativos que conecta San Martiño, en el concello ourensano de Vilamarín, con A Barrela, capitalidad del municipio lucense de Carballedo.
Más allá de este tramo, el escepticismo se contagia al resto de regidores. En Chantada, su alcalde, Manuel Varela, recuerda con pesar los plazos incumplidos de una infraestructura que ya debería ser historia. “Era una obra prioritaria del Plan Galicia para finalizar en el 2008, imagínate los años que van”, lamenta Varela, quien califica la actitud del Gobierno de “nefasta” al percibir que “tienen pocas ganas de hablar” sobre el resto de tramos pendientes.
Supervivencia y futuro
El problema, coinciden todos, no es solo de comodidad, sino de supervivencia económica. Eloy Pérez, alcalde de Monterroso, advierte de que sin la A-56 se está condenando el futuro industrial del corazón de la comunidad: “Es una infraestructura muy necesaria para vertebrar el interior”. Pérez es tajante sobre las consecuencias de mantener la nacional actual, a la que define como “totalmente destrozada”: la falta de comunicaciones eficaces provoca que “las empresas se marchen para donde las hay”, impidiendo asentar población e industria.
Ese aislamiento también lo sufre Portomarín. Su alcalde, Pablo Rivas, describe una sensación de desconexión geográfica alarmante ante el estado actual de las infraestructuras. “Estamos un poco colgados del resto del mundo; la situación nos deja en peores condiciones de comunicación”, asegura. Para él, la combinación de frenar la autovía y mantener la carretera actual en condiciones precarias es letal para la zona: “Si paralizan la autovía y tenemos la nacional agravada, quedamos totalmente colgados del resto”.
En el extremo sur del trazado, tocando ya con la ciudad, la preocupación en Coles se mide en volumen de tráfico. Su regidor, Manuel Rodríguez, advierte de que “sería un desastre no darle continuidad a la conexión”, señalando los problemas presupuestarios como la causa probable del bloqueo. Rodríguez apunta a la necesidad urgente de avanzar al menos hasta el enlace de Cambeo para descongestionar la entrada a la ciudad.
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