UNA VIDA DE COLECCIÓN (XL)
Galería | Cuando los muros se convierten en arte
UNA VIDA DE COLECCIÓN (XL)
Hubo un tiempo en el que en Ourense vivía un grupo de artistas sumamente implicados en la vida ciudadana que, muro que veían, casi siempre en interiores, iban a por él para hermosearlo. Los más activos fueron: Prego, Virxilio, Quesada, Corbal, Vidal Souto, Viejo, Alexandre y otros menos conocidos. Pintaron en bares, cines, estaciones, farmacias, zapaterías, portales, carnicerías, en instituciones como la Cámara de Comercio, la Sociedad Recreativa La Troya, el seminario o la prisión provincial, cualquier lugar en el que el propietario del muro se dejara convencer de la belleza que el arte aportaba a su establecimiento, cosa que resultaba fácil porque los artistas eran simpáticos, seductores y hacían precios muy asequibles. Si era necesario, gratis o pagando solo la pintura.
La tragedia es que muchos de esos murales fueron destruidos sin pena ni gloria cuando el edificio desaparecía. Quizás el caso más sangrante fue el bar “Volter” o “Tucho” (años 60) en el que los artistas homenajeaban a Vicente Risco, aunque dos libros mantienen viva su memoria. Hay tres casos ejemplares: un mural del domicilio de Jesús Soria en O Couto, conservado en el Museo Provincial junto con otro de Prego procedente de la carnicería de Adolfo Estévez. Otro Prego del Hotel Parque fue cedido al ayuntamiento por los actuales propietarios del edificio, y un Quesada de la cafetería Alaska adquirido por un madrileño. Corren peligro otro Prego situado en la desaparecida Cámara de Comercio, un original Virxilio de la farmacia Bouzo tapado por armarios, otro Virxilio en azulejo del antiguo bar Carroleiro de la calle San Miguel, los del patio de la cárcel necesitados de restauración, y seguramente alguno más que la coleccionista no controla. La experiencia de la cárcel fue única en el país por iniciativa de los artistas secundada por el entonces ministro de Justicia, Pío Cabanillas, muy vinculado a Ourense.
Una vez más la intención de esta colección es conservar, aunque sea en fotografía, una parte del patrimonio local. La coleccionista, la autora de esta serie, lamenta no haber llegado a tiempo de fotografiar algunos de los desaparecidos.
De los 49 localizados solo están fotografiados 39. Estaría bien que los que quedan sigan ahí por los siglos de los siglos. Amén.
La tragedia es que muchos de esos murales fueron destruidos sin pena ni gloria cuando el edificio desaparecía
Don Antonio Alfaro, “O Poeta” para los amigos, montó su restaurante “Ribeiro” en los años sesenta contando con las artes culinarias de su mujer y el buen vino elegido por él. Ambos atrajeron la atención de un público variado entre el que se encontraban varios artistas: Pulido, Quessada, Vidal Souto, Alexandro, Feijóo, Carlos Vello, Moreiras. Alguien tiene la idea de “adornar” las paredes del bar, unos con murales, siete en total, y otros con cuadros. Antonio pagaba la pintura y saciaba los apetitos de los artistas con buen vino y ricos guisos, el trabajo corría de su cuenta.
Cuando Antonio se jubila y cierra el bar los murales sufren las humedades y deteriores propios del abandono. Pero ahora es cuando viene la actitud ejemplar. En 2005 la familia Alfaro decide alquilar el restaurante y antes recuperar los murales encargándose de ellos el restaurador Leandro Sánchez. Y ahí están, haciendo historia y recreando la vista de los comensales rodeados de arte ourensano.
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