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VOLUNTARIOS
Ourense se movilizó para que nada le faltase tanto a quienes han luchado contra el fuego como a los que han sufrido pérdidas en la oleada de incendios que afectó a la provincia este verano. Colectivos de todo tipo y ciudadanos de forma espontánea formaron parte de una cadena humana de generosidad que, una vez más, estuvo presente desde el primer minuto.
La recogida de material y su posterior distribución se organizó mediante mensajería instantánea. Los grupos de voluntarios crecieron a gran velocidad y, tras un cierto caos inicial, empezó a articularse una respuesta coordinada. Lora González fue una de las voluntarias que participó en esta cadena humana de generosidad. Lo hizo desde la tienda Amodo, en la calle Santo Domingo, un espacio que canalizó un gran número de aportaciones en los primeros días de la emergencia. “Decidimos establecernos como punto de recogida creyendo que más adelante se articularía un lugar donde llevar las donaciones, algo que nunca sucedió”, explica González.
“En seguida surgió entre los voluntarios una coordinadora, que organizó una lista con lo que se necesitaba, lo que había, y a dónde se tenía que llevar”, sigue contando González. De este modo, cuando disponían de ese material necesario rápidamente aparecía una persona para transportarlo y llevarlo a donde hacía falta. La recogida fue todo un éxito. “En un momento dado, tuvimos que pedir a través de las redes sociales que no se nos mandaran más cosas, porque ya estábamos saturadas”, recuerda.
“El lunes 25 de agosto fue el último día que participamos en los repartos”, cuenta Lora González, quien explica que han estado casi dos semanas sin facturar y, ante todo, son artesanas.
A 800 metros, en la calle Pura de Dora Vázquez, la Central Unitaria de Traballadores (CUT) fabricó “batelumes” caseros, una herramienta que permite golpear y ahogar las llamas. Guillermo Rodríguez, uno de los voluntarios, señala que montaron una cadena de trabajo improvisada en la que llegaron a participar hasta 50 personas.
“Con cada remesa, os equipos de Protección Civil dos concellos mandábannos correccións e fomos refinando a construcción ata conseguir con paus de madeira e alfombrillas de coche un batelumes case perfecto”. Desde la CUT calcula que lograron poner en manos de los dispositivos antiincendios alrededor de 500 batelumes caseros “O derradeiro día de campaña chegamos a montar 80”, relata Rodríguez.
La red de voluntarios se convirtió en una de las piezas en un engranaje de protección vecinal donde también participaron entidades sociales como Cruz Roja, que ya el 12 de agosto colaboró en la evacuación de los usuarios de la residencia San Martiño de A Mezquita y en su posterior traslado. “Siempre ponemos nuestros medios a disposición de las administraciones”, explican desde la entidad.
Cruz Roja también estará presente en la recuperación de la catástrofe. “Recibimos muchas donaciones indicándonos que eran para las personas damnificadas y ahora trabajaremos con las oficinas de asuntos sociales de distintos concellos para llevar nuestros equipos de apoyo psicológico”, indican desde la institución. Una medida de ese tipo ya se ha puesto en marcha en Pobra de Trives, donde su alcaldesa, Patricia Domínguez, indicaba que el objetivo es ofrecer “apoio emocional e acompañamento neste momento difícil”.
El Sindicato Labrego Galego (SLG) tiene como objetivo lograr forraje y alimento para el ganado. “Temos habilitados os nosos almacéns en Ribadavia e Xinzo para recoller as aportacións que nos fan chegar”, explica Isabel Villalba, su portavoz. “Agora mesmo estamos enviando rolos de herba ós gandeiros e traballando cos apicultores para intentar alimentar ás abellas porque moitas son aínda crías que non poden voar grandes distancias para alimentarse”, añade.
El movimiento vecinal también está presente en la comarca de Valdeorras. En la aldea de San Vicente de Leira (Vilamartín), donde el fuego arrasó 120 de las 150 viviendas, decidieron recurrir al micromecenazgo buscando 20.000 euros que les permitan iniciar la reconstrucción.
Xeila Rodríguez, integrante de la comisión vecinal, explica que recibieron muchos mensajes preguntando cómo ayudar y por eso habilitaron un lugar en internet para hacerlo. “Tamén nos comentaron que se están organizando concertos, e vendendo láminas para axudarnos, así que foi a mellor forma de canalizar as dozaóns”, añade.
Precisamente en la comarca de Valdeorras habilitaron tres puntos de entrega -O Barco, A Rúa y Vilamartín- en los que se puede donar. El alimento será entregado a voluntarios y asociaciones que están creando comederos en puntos estratégicos del monte.
Tanto particulares como entidades tienen claro que su ayuda solo puede ser puntual y que el grueso de la reconstrucción tiene que recaer en las administraciones públicas. “Nuestras acciones son siempre complementarias”, señalan desde Cruz Roja. “A cidadanía está ben, pero precisamos recursos dende as administracións. A nosa prioridade é o desescombro das rúas”, añade Rodríguez.
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