Ourense capta empleo foráneo pero no logra retener el talento propio

ÉXODO A LA FRANJA ATLÁNTICA

Ourense frena el éxodo a Madrid, pero se desangra hacia la Franja Atlántica. Durante el último año 2.060 ourensanos marcharon por motivos laborales, mientras que 1.765 personas recalaron en la provincia

Un empleado de hostelería, en Ourense.
Un empleado de hostelería, en Ourense. | Óscar Pinal

Ourense sigue perdiendo trabajadores, pero el motivo y el destino de esa fuga han cambiado radicalmente en los últimos años. La Agencia Tributaria publicó este miércoles su estadística anual de Movilidad del Mercado de Trabajo, un informe que, a diferencia de los censos de población, rastrea el movimiento real delos contratos: dónde vivía un asalariado el año anterior y dónde tributa el siguiente. La fotografía que arroja el ejercicio 2023-2024 confirma un cambio de tendencia histórico: la provincia ha dejado de desangrarse hacia la meseta para convertirse en un lugar de acogida de trabajadores de otras partes de España, aunque sigue siendo incapaz de contener la hemorragia interna gallega hacia el Eje Atlántico, que actúa como aspiradora.

El balance final arroja de nuevo números rojos, con una pérdida neta de 304 trabajadores a lo largo de un año. Durante el último año, 2.060 ourensanos hicieron las maletas por motivos laborales, mientras que 1.756 personas de otras provincias decidieron instalarse aquí. Sin embargo, para entender la magnitud del cambio, es necesario comparar este dato con la última década. En el informe de 2022, la pérdida era casi el triple (847 bajas), y en 2020 se tocó fondo con más de 900. Si descontamos el espejismo del año de la pandemia, Ourense firma ahora su mejor registro de retención de talento de los últimos diez años. La provincia ha logrado taponar su principal vía de agua y la clave de esta estabilización reside en el cambio de comportamiento con el resto del Estado.

Si hace dos años este periódico informaba de que Ourense perdía 265 trabajadores en favor de otras comunidades autónomas, hoy esa tendencia se ha invertido por completo. El saldo actual con el resto de España es positivo en +158 personas. Este giro se explica por dos fenómenos simultáneos. Por un lado, el fin de la fuga masiva a Madrid, que históricamente actuaba como un “agujero negro” para el talento local que hoy registra un saldo favorable: llegaron en todo un año 18 personas más de Madrid a trabajar de las que se fueron. Por otro, la consolidación de Cataluña como el mayor caladero de retorno: Ourense recupera hoy el doble de trabajadores de Barcelona de los que envía, logrando un superávit de 75 personas. Factores como el coste de la vida en las grandes urbes, el teletrabajo o el retorno de segundas generaciones están detrás de este flujo de entrada.

Sin embargo, lo que Ourense gana por el sur y el este, lo pierde por el oeste y el norte. Si la hemorragia estatal se ha detenido, la gallega se cronifica el saldo con el resto de Galicia sigue siendo deficitario en -462 trabajadores, una cifra que apenas ha variado respecto a los -582 de hace dos años y que señala un problema estructural.

El informe apunta a un culpable claro: A Coruña. Con un saldo negativo de -379 personas, la provincia coruñesa absorbe, por sí sola, más trabajadores de los que Ourense pierde en total. La atracción, sumada al déficit con Pontevedra (-113), impulsada por Vigo, anula cualquier ganancia obtenida del resto de España. Ourense solo tienen saldo positivo en la comunidad con Lugo, recibió 30 trabajadores más de los que se fueron en 2024.

Mejores sueldos

La estadística de Hacienda desvela que quien se marchó en 2024 de Ourense por motivos laborales lo hizo para cobrar, de media, 26.739 euros anuales, mientras que quien permanecía en la provincia percibió 24.538 euros. Esa diferencia de 2.201 euros al año -aunque ligeramente inferior a la de 2022- sigue siendo el motor que empuja a los profesionales cualificados hacia la costa gallega. Además, se produce un empobrecimiento del capital humano en el intercambio: los trabajadores que llegan a Ourense cobran una media de 23.705 euros, casi 3.000 menos que los perfiles que se van.

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