Ourense contiene los incendios con los montes de luto: “Non se van recuperar”

BALANCE DE LOS FUEGOS

Este verano, por el momento, cuatro fuegos superaron las 20 hectáreas, el último este sábado en Fumaces (O Riós)

Zona de A Caridade, en el concello de Monterrei, un año después de los incendios.
Zona de A Caridade, en el concello de Monterrei, un año después de los incendios. | Xesús Fariñas

”Ourense arde sin que el enorme esfuerzo sirva para atajar los incendios”. Esta fue el 16 de agosto de 2025 la portada de La Región, en la que se contaba también que 29 concellos de la provincia habían estado confinados el día anterior. La situación era crítica y así seguiría hasta finales de mes: vecinos confinados, casas arrasadas, vehículos calcinados y el monte fundiéndose poco a poco a negro.

Portada de La Región del 16 de agosto de 2025
Portada de La Región del 16 de agosto de 2025 | La Región

Este verano, los incendios, hasta ahora, han dado una tregua, aunque ayer se vivió una jornada especialmente intensa. En Fumaces (O Riós) se decretó el nivel 2 por la proximidad del fuego a las casas, por un fuego iniciado a las 16:54 horas, que, al cierre de esta edición, había calcinado ya 20 hectáreas. Para su extinción se movilizaron, por el momento, hasta siete aviones y dos helicópteros, además de seis agentes, ocho brigadas, siete motobombas, dos palas y dos técnicos.

Al cierre de esta edición también se mantenía activo un incendio iniciado en la noche del viernes al sábado en Melón, con cuatro hectáreas afectadas. Para combatirlo, acudieron a la zona 11 agentes, 21 brigadas, 15 motobombas, dos palas, dos técnicos y siete medios aéreos.

Incendios reducidos

Las hectáreas ya no se cuentan por miles, solo por decenas y en muy pocos casos, ya que solo cuatro incendios han superado la barrera de las 20 hectáreas. El primero se inició la noche del 13 de junio en la parroquia de Moreiras (Boborás) por un rayo. Amenazó casas en el entorno de Vecoña de Arriba, Vecoña de Abaixo y Feás, obligando a declarar la situación 2. Finalmente, fue extinguido cinco días después tras quemar 277 hectáreas.

Este fuego parecía anticipar otra oleada de incendios, pero nada más lejos de la realidad. Casi dos meses después, solo hubo tres incendios que superasen las 20 hectáreas. Uno en A Mezquita, que entró desde Portugal y quemó más de 60 hectáreas en territorio gallego; otro, el pasado fin de semana en Baltar, que calcinó 138 hectáreas, y el de ayer en O Riós, en plena evolución al cierre de esta edición.

Además, hubo durante estos meses numerosos pequeños focos provocados presuntamente por las chispas generadas por el paso del tren. Estos afectaron a la ciudad o a Boborás. De hecho, la alcaldesa de este último concello, Patricia Torres, harta de la situación, cargó contra el estado de conservación de la infraestructura ferroviaria y denunció el “abandono, falta de mantemento e un risco permanente para a nosa veciñanza”.

Aumento de medios

Tras la oleada de incendios del año pasado, este verano se aumentaron los medios de extinción. Ourense se blindó ante el fuego con 114 efectivos más, hasta llegar a los 1.640. Tiene 12 puntos de vigilancia fija y cinco bases aéreas. Además, se pusieron en marcha cámaras con inteligencia artificial para vigilar los montes, ya que los tiempos de respuesta en la lucha contra el fuego son fundamentales.

A mayores, se puso en marcha en diciembre un nuevo convenio de gestión de franjas secundarias con un aumento presupuestario para limpieza y se incrementó el número de parroquias priorizadas para facilitar las labores de desbroce.

Comparación con 2025

Este verano, la suma de los cuatro incendios que superaron las 20 hectáreas dan casi 500 hectáreas, muy lejos de las 101.584 calcinadas —70.611 de superficie rasa y 30.972 arbolada— durante el pasado verano, según las estadísticas oficiales de la Consellería de Medio Rural.

El primer fuego de aquella ola incendiaria comenzó la noche del 1 de agosto en la parroquia de Terroso, en Vilardevós. Calcinó más de 500 hectáreas y se dio por extinguido el 8 de agosto, día en el que comenzaron a caer numerosos concellos en esta desgracia como fichas de dominó: Chandrexa de Queixa, Maceda, el entorno de la ciudad, Vilariño de Conso, Oímbra, Xinzo de Limia, A Mezquita, Larouco, Carballeda de Avia, Carballeda de Valdeorras…

Un año después parece que los incendios se han olvidado de la provincia, pero la provincia no se ha olvidado de los incendios. Los resquicios de esa oleada de fuegos, cuyas llamas saltaban cortafuegos y autovías sin compasión, aún siguen tiñendo a la provincia de luto.

“O monte que se queimou non se vai recuperar xamais. Todo incendio implica unha evolución”, explica José Paz, presidente del Colexio de Enxeñeiros Técnicos Agrícolas de Ourense. Al respecto, indica que el fuego favorece más a unas especies que a otras y somete al terreno a un proceso de transformación obligatoria. No se puede saber si va a ser bueno o malo, pero todo apunta a la opción más pesimista. “Esencialmente pérdese diversidade”, asegura.

Además, indica que la recuperación es más lenta este año que otros anteriores debido al cambio climático que lleva a fuegos más agresivos. “Antes tiñas un lume que corría rápido, pero agora os lumes alcanzan tales temperaturas, penetrando a calor para abaixo e evítanos que teñamos rebrotes”, apunta. “O meu modo de ver, o tema é inversión de cara ao futuro e xogar con novos paradigmas porque está claro que apagando só, non o imos conseguir”, añade.

Contenido patrocinado

stats