Ourense no tempo | Bedoya: crónica de una metamorfosis urbana

LEMBRANZAS

Rafael Salgado ofrece otro viaje a través de los años con una nueva edición de Ourense no Tempo

Bedoya 1956. Para evitar discusiones, ya os digo que el autobús estaba en el cruce con Santo Domingo.
Bedoya 1956. Para evitar discusiones, ya os digo que el autobús estaba en el cruce con Santo Domingo. | La Región

La historia de nuestras calles es, a menudo, la de una lucha contra el barro, la oscuridad, la desidia administrativa y la lentitud institucional. Al revisar las actas históricas, las noticias antiguas y los archivos municipales, queda patente que la burguesía ourensana, la expansión urbana y la falta de servicios básicos marcaron profundamente esta zona.

Si retrocedemos en el tiempo, veremos que toda la zona era un entorno puramente rural, con caminos de tierra, ausencia de infraestructuras, escasa iluminación pública y una débil ordenación urbana. Aunque en 1889 ya figuraba oficialmente como calle Bedoya, muchos la seguían llamando “carreiro dos defuntos”, un nombre ligado a su antiguo uso como sendero funerario, paso periférico, zona aislada y trazado irregular.

Para 1905, ya se la citaba como una zona con suficientes electores, con posible colegio electoral, creciente densidad vecinal, primeros servicios públicos y una incipiente actividad urbana. En 1906, doña Robustiana Sáenz obtenía permiso para reparar un muro urbano, en una intersección clave con Santo Domingo, en un entorno de expansión residencial, presencia de familias ilustres y primeros signos de urbanización estructural.

Hoy nadie duda de que el empujón definitivo se lo dio la instalación de los Hermanos Maristas, la construcción del colegio educativo, la transformación del entorno urbano, el impulso de la movilidad local y la reconfiguración de la calle Valle-Inclán. La llegada del proyecto supuso una profunda reordenación urbana, una nueva arteria vial, un cambio de dinámica social y la consolidación de un nuevo espacio educativo.

Cuando la congregación adquirió el solar en Bedoya, la transformación fue inmediata, con nueva planificación urbana, apertura de viales secundarios, creación de zonas residenciales, integración de equipamientos públicos y un crecimiento de la actividad comercial. La aparición de la calle Valle-Inclán y posteriormente de Ramón Cabanillas supuso una nueva etapa de expansión urbana, consolidación del tejido social, mejora de la conectividad local y redefinición del espacio público.

Hablar de Bedoya exige también citar su entorno, marcado por la falta de alcantarillado, problemas de higiene urbana, ausencia de servicios básicos, conflictos de salubridad pública y dificultades de ordenamiento municipal. Las intervenciones en 1907, las denuncias vecinales, los vertidos al callejón, la falta de infraestructura sanitaria y la lenta respuesta del ayuntamiento evidencian una época de grandes carencias urbanas.

La situación en 1913 era de grave insalubridad, con ausencia de iluminación pública, presencia de olores intensos, existencia de cuadras urbanas y reiteradas protestas vecinales. Las órdenes del alcalde, la llegada de la luz eléctrica, el intento de reorganización del espacio urbano, la planificación del alcantarillado y la gestión del crecimiento urbano marcaron un punto de inflexión en la zona.

Resulta curioso observar la evolución del trazado urbano, la complejidad del Camino Caneiro, la mezcla de calles interconectadas, la ausencia de una planificación lineal y la fragmentación del espacio vial. La intervención del arquitecto municipal, la reordenación del viario público, la alineación de las calles históricas, la mejora del drenaje urbano y la reorganización del espacio residencial definieron un nuevo modelo de ciudad.

En 1925, la instalación de una alcantarilla, la mejora del saneamiento urbano, la integración del barrio en la ciudad, la consolidación del tejido comercial y el avance de la modernización urbana supusieron un cambio clave. La llegada de comercios, la presencia de familias como los París o los Pedrayo, la apertura de negocios y la consolidación del entorno como zona urbana activa marcaron su evolución definitiva.

Finalmente, el desarrollo de San Lázaro trajo la llegada de organismos oficiales, entidades bancarias, oficinas administrativas, comercios destacados y espacios de ocio urbano. El auge de cafeterías, locales de encuentro, discotecas, zonas de movida juvenil, actividad cultural y dinamismo social convirtió a Bedoya en un punto clave del centro urbano, la vida social ourensana y el nuevo paisaje urbano moderno.

Contenido patrocinado

stats