Vuelve el calor: peligro de incendio, señor ministro, señor alcalde

Publicado: 24 abr 2026 - 06:10
Opinión de Fernando Jáuregui.
Opinión de Fernando Jáuregui. | La Región

Acabó el invierno y casi -oh, el cambio climático- la primavera. Vuelve el calor, cada vez más tórrido, del verano. Regresa el peligro de incendios, porque, por supuesto, no hemos adoptado todas las medidas de prevención necesarias y convenientes, más allá de la mínima actividad de limpieza de algunos, pocos, campos. El país no podría, ni económica ni, sobre todo, moralmente, aceptar una repetición de lo ocurrido el pasado verano, cuando casi el uno por ciento del total de la superficie del país -eso sí, la menos habitada, supongo que afortunadamente-ardió, mientras nuestros políticos a escala nacional, autonómica y local se peloteaban las culpas unos a otros, sin pensar para nada en los más de, se calcula, cincuenta mil afectados por la devastación de las llamas.

Perdón por hablar de mi libro, pero sí, estamos “quemados”, real y metafóricamente. Te quemas cuando compruebas la escasísima empatía de las autoridades a todos los niveles hacia los afectados por los incendios -yo soy uno de ellos-, por las danas -ahí seguimos, construyendo casas en las ramblas de los ríos-, por los volcanes -en La Palma sigue habiendo gente en barracones-, por los accidentes ferroviarios -aún seguimos esperando un informe definitivo, sin falsías ni opacidades, sobre Adamuz-.

Cada día parece más claro: no podemos fiarlo todo a la acción de los gobiernos de cualquier escala: es necesario que la sociedad civil se movilice, no contra las autoridades, sino para presionarlas y ayudarlas en lo que se pueda en sus flaquezas y negligencias. ¿Cómo es posible asumir que partes de España, como por ejemplo muy destacado Ourense, sufran incendios año tras año? ¿Acabaremos acostumbrándonos a la permanente anormalidad en tantos órdenes de nuestra vida pública?

La mejor prevención es la que los ciudadanos puedan organizar la defensa de lo suyo, porque lo harán más eficazmente, con más conocimiento y dedicación que los burócratas que nunca salen de sus despachos y todo lo solucionan a base de vetos, prohibiciones y excusas de mal pagador: ahí están los debates de investidura en Extremadura, Aragón o Castilla y León, por ejemplo. O las sesiones de control al Gobierno en el Congreso; ¿quién piensa -a los discursos que escucho me atengo- en las necesidades concretas, tangibles, del ciudadano?

Cuando recibí, estando de vacaciones fuera de mi ciudad de residencia habitual, la noticia de que mi barrio y mi casa se estaban quemando, riesgo del que había advertido en vano a mi Ayuntamiento tres años antes, tomé dos decisiones: escribir un libro-manifiesto que sirviese, en la humildísima escala de mis posibilidades, de advertencia para catástrofes futuras y “quemazones” presentes, y tratar de aglutinar, a mi igualmente modesto nivel, núcleos de personas que impulsen la acción de nuestros gobernantes locales, autonómicos e incluso estatales. Y en ello he comenzado a trabajar, convencido de que no puede haber labor más digna para un periodista, para un ciudadano.

Ahora aquí estamos: aguardando mansamente a que la providencia divina impida más tragedias como las de julio y agosto pasados. Evitarlo no es, ciertamente, tarea fácil: ya me lo han reiterado autoridades gallegas, sin darme explicaciones suficientes, a mi juicio, de por qué las llamas nos alcanzan cada año. Pero no podemos quedarnos en la mera crítica, en el “piove, porco governo”. Pienso que hemos de involucrarnos personalmente, más allá de juicios a posteriori y de comparecencias de autoridades en comisiones investigadoras en el Congreso o en el Senado.

Nuestros gobernantes parecen paralizados por la “judicialización” de la vida política -ahí están tantos casos y procesos, actuales y por venir, tanto “lawfare” y tanto desprecio oficial por la Justicia-, por los debates sobre los horrores de Trump y, sobre todo, por la carrera hacia lo que yo llamo “el colchón de la Moncloa” en 2027. Y en esta carrera hacia el podio, a veces, demasiadas veces, olvidan que el país tiene que funcionar todos los días. Incluso antes de que se produzcan las catástrofes si puede ser, señor ministro, señor presidente autonómico, señor alcalde, señor…

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