El periodo estival deja 20 muertes en Ourense ligadas a las altas temperaturas

360 EN GALICIA

Ourense es la provincia gallega con las cifras más bajas según el MoMo

Ourensanos en las termas durante la jornada de este martes
Ourensanos en las termas durante la jornada de este martes | Lucía Otero

Ourense volvió a vivir un verano de temperaturas extremas, pero el calor dejó una huella mucho menor en la mortalidad que en el resto de Galicia. El sistema de monitorización de la mortalidad diaria (MoMo), que estima el impacto de las temperaturas sobre las defunciones, atribuye 360 fallecimientos al calor en la comunidad, de los que tan solo 20 corresponden a la provincia.

El contraste con el resto de Galicia es notable. A Coruña concentra 212 muertes estimadas, Pontevedra suma 78 y Lugo, 50. La provincia representa de esta manera apenas un 5% del balance gallego pese a haber encadenado numerosos días de temperaturas muy elevadas.

Los datos diarios permiten además comprobar que los fallecimientos no se distribuyen de forma uniforme. Trece se concentran entre el 5 y el 13 de julio, durante uno de los episodios más extremos del verano. Según MeteoGalicia, la ciudad alcanzó 42,6 grados y se situó durante varias jornadas consecutivas por encima de los 40 grados.

Los otros siete casos aparecen entre el 19 y el 25 de agosto, inmediatamente después de otro fuerte golpe de calor. El mercurio llegó a 39,9 grados el día 17 y a 42,5 el 18, la máxima de Galicia aquella jornada. Fuera de esos dos periodos, MoMo no estima ninguna otra muerte atribuible a las altas temperaturas en Ourense.

La edad marca el perfil de las personas más afectadas. Diecinueve de los veinte fallecidos tenían más de 75 años. Solo uno se encontraba entre los 65 y los 74, tres tenían entre 75 y 84 y los otros 16 superaban los 85 años. Por sexos, el balance deja doce hombres y ocho mujeres.

Las cifras requieren, en cualquier caso, una precisión. MoMo no contabiliza certificados de defunción en los que aparezca como causa un golpe de calor. Se trata de un modelo estadístico que estima qué parte de la mortalidad puede atribuirse a las temperaturas, por lo que permite medir su impacto sobre la población, pero no identificar individualmente la causa de cada fallecimiento. Sus datos son además una de las referencias que utiliza la Xunta para valorar la activación de alertas sanitarias por calor, junto a las previsiones meteorológicas, la duración de los episodios y las temperaturas nocturnas.

Resistencia y adaptación social

La diferencia de Ourense con el resto de Galicia no puede atribuirse a una especial resistencia biológica frente al calor, según indicaba Silvia Suárez Luque, jefa de Saúde Ambiental de la Xunta, a La Región durante este verano. “Científicamente no podemos afirmarlo así, porque no hay evidencia suficiente para decir que la población se adapta fisiológicamente al calor”, señalaba.

En cambio, apuntaba a la importancia de los hábitos. “Lo que sí existe es una adaptación social y de comportamiento”, explicaba. La población acostumbrada a episodios extremos modifica horarios, limita actividades durante las horas centrales, busca lugares frescos y presta mayor atención a la hidratación y a las personas vulnerables. “En Ourense tenéis clarísimo que es una sartén”, indicaba.

Esa costumbre no elimina el riesgo. Suárez advertía del efecto acumulativo de varios días de temperaturas elevadas y de la importancia de que el organismo pueda recuperarse durante la noche. “Cuando baja la temperatura, el cuerpo puede descansar y tiene unas horas de recuperación”, señalaba.

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